El final de aquella pareja

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Empecemos por lo básico: Juan Carlos y Ana. Y ahora lo secundario: Se distanciaron. En dos ligeras y directas pinceladas me entrometo de lleno en un tema en el que hace mucho que no escribo. En esta sección se cuenta con unos signos de interrogación en la etiqueta que servirían para resumir eso tan… tan… indescriptible casi, como es el amor. Pero por suerte o mala pata a aquella pareja… ya solo les quedará el olvido de lo vivido como a quien más y quien menos le ha tocado pasar por ello, sin sospechar muchas veces en el tremendo lado positivo que ello oculta... o que nos cuesta ver.
El caso es que vuelvo la mirada atrás y allí les veo. Ella alta, rubia, peluquera, él igual de alto pero más atlético, informático y más introvertido. La verdad es que me gustaría hablar más de ellos pero ni tan siquiera recuerdo por qué lo dejaron, ni me lo contarían por entonces, ni ahora vería con buenos ojos liberarlo a los cuatro vientos.
El caso es que "casaban" bien o eso me parecía a mí, pero lo real es que había quizá demasiadas diferencias entre ellos. Y estos hechos, quiero suponer e imaginar, fueron cobrando relevancia hasta que tal vez significara algo. Pero qué importan estas conjeturas sin fundamento que tienen más de invención que de realismo, por lo que desconozco hasta qué punto es óptimo escribir sobre ello.
Lo importante es que ahora les imagino con otras personas rehaciendo su vida. Y es aquí donde quiero llegar, a que cuando lo dejaron una nube gris vino a instaurarse en mi sonrisa, por breves momentos, para luego irse como se esperaba. Las parejas son un "algo" intangible y único cuando conviven o se aman, pero dejan un relativo vacío cuando se produce su ruptura (depende de si ha roto el vecino con el que tan mal te llevas o una de tus primas). Hay que comprender que se echan por tierra algo tan duro y unificador como los lazos que nos unen y la amistad, por no hablar del cariño.
Por eso les veo mejor ahora. A ella con alguien tan liberal (palabra que ella empleaba) como se merece y a él a alguien tan comedido y bueno como era Juan Carlos. Dos grandes y bellas personas que sin saber cómo un día tomaron direcciones opuestas, dándose las consabidas espaldas en el típico final, que toda  pareja debería de tener, asumiendo los propios errores, los planes que ya no compartirían, las visitas que ya no harían a su círculo respectivo. Pero, ya digo, un adiós no es tan malo porque te deja la puerta abierta y es ahí dónde puede aparecer alguien con quien verdaderamente merezca la pena compartir la senda del porvenir. Cínica y honestamente todavía habría que decir: ¡Gracias! pero escrito a modo de viñeta de Forges.

Yanarawi

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Si la vida solo fuera una línea recta qué aburrida sería. Sin curvas ni sobresaltos, nada más que una línea recta… qué justo le parece ahora. Yendo con tu propio cuerpo sin ese peso generado por la mochila de los “problemas” con la que el que más y el que menos carga y porta. Esta es la historia del atleta iraní Yanarawi que en los juegos olímpicos de Londres participará en la prueba de atletismo. Más concretamente en la de los mil quinientos metros. Horas antes de comenzar dicha prueba, un familiar, le comunicará la muerte de su padre que días antes habrá caído gravemente enfermo. Debería de existir un protocolo especial para los deportistas y también, de paso, para el resto del mundo que les blinde contra este tipo de noticias, ya que, en este caso, hubiera preferido, incluso, no saberlo.
Yanarawi luchará con todas sus fuerzas para mantener en vilo sus piernas, haciendo un esfuerzo hercúleo y sobrehumano para tener la mente en su sitio. Esta será la acción más compleja. Con la cabeza fría podrá optar a algo, pero en cuanto flaquee, adiós al podio.
Santo cielo… como si competir fuera fácil.
Cuando le llega su turno, el deportista iraní siente que de sus rodillas hacia abajo hay algo que le pesa horrores. Es como si sus articulaciones inferiores se hubieran vuelto de iridio, el metal más pesado de la Tierra.
Está en la pista número siete. Los números son especiales para algunas personas y en concreto esta detestaba los impares. Al parecer todo se le ponía en su contra, pero no arrojará la toalla. No estaría, tal vez, todo dicho. Tendría que superar muchos factores pero estará dispuesto a intentarlo. Yanarawi saldrá rápido, por un microsegundo su mente se irá y verá el cuadro de Goya Saturno devorando a sus hijos; él también compite contra crono… el suyo propio, la mente enturbiada. Así llega a la segunda curva de la pista y le adelantan tres atletas tan internacionales como él pero no se deja amedrentar y olvidando la sensación muscular de agarrotamiento, está tan preparado que puede hacer un sprint prolongado para quedar segundo y hacerse con la ansiada plata.
Todos estamos más o menos preparados para llevar la mochila, lo que no queda tan claro es quién nos ha impuesto que tiene que haber un cronómetro.

Julio Llamazares en Fuenlabrada

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A pesar de ello fue una gran noche. En el Camino del Molino s/n, en el teatro Josep Carreras, se estaba tan agusto en aquella tertulia literaria nocturna en la apaciguada noche allá por finales de mayo en 2009. Pronto hará tres años. Por entonces se estaba representando una obra y luego, sobre las diez y media de un viernes cualquiera Julio Llamazares hablaría sobre su obra maestra llamada La lluvia amarilla.
Estuvimos cerca de hora y media con él escuchando atentamente lo que decía. Habló de todo lo que se puede transmitir en tal evento hasta que una asistente le increpó un poco en el tono de su pregunta que por qué le había salido un libro tan triste.
Julio fue cauto en su respuesta y puso en práctica a Flora Davis y su Comunicación no verbal para responder adecuadamente a la joven que parecía incluso molesta con el resultado final del ejemplar. Él se mordió la lengua y respondió que no sabía el motivo pero que, a veces, la vida era así. La contestación le supo a poco a aquella mujer que seguía y seguía dándole vueltas a los cientos de libros que existían con finales felices y personajes vacíos. En este caso recuerdo que los personajes de La lluvia amarilla me parecieron tan oscuros que como lector no quise adentrarme más de la cuenta en ellos, por eso quizá me guste tanto.
Cuando la mujer happy end cesó de "embestir" verbalmente al protagonista, hubiera sido mi ocasión ya que el turno de palabras llegaba a su fin. Estuve a punto de levantar la mano y preguntar que cúanto tiempo tardó en confeccionar y pensar la primera hoja del libro. Ya saben, en las universidades se dan clases de literatura con este tema. Una pregunta sencilla y directa. Pero la encargada de guiar el interrogatorio cerró la posibilidad y ahí me quedé con las ganas. Luego, al conlcuir todo, me marché del teatro y mientras mis pies pisaban las baldosas mi cerebro recordaba lo acontecido. Qué suerte la suya de cruzarse en el camino con alguien capaz de espetarle que «La noche queda para quien es». Julio Llamazares me pareció un ejemplo a seguir como profesional y persona. Si yo fuera el autor de ese libro, posiblemente no tendría los pies sobre baldosas.

301 velas

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Llevo unas semanas pensando en cómo dedicarme esto. Cómo poner una especie de punto seguido a una frase importante. Tal vez debería comenzar estas líneas hablando de mi orgullo. Él fue quien me dio el empujón para que una corriente de fuerza y ánimo me bañara las falanges (qué palabra tan de derechas; da igual si se cuenta desde el metacarpo o metatarso) y poder así completar, tras cinco años irregulares de escritura una media de sesenta textos por año, dato que dice a las claras lo poco que me involucré en los dos primeros en los que solo hice uno y uno; una broma vamos. Corría el año 2009 y un chispazo en el cerebro, tras muchos raciocinios de cruda realidad y duro paro, me alumbró la senda a seguir: no parar de escribir, guardando las formas y siendo acertado en lo que estaba por escribirse hasta que me cansara o se fundieran los códigos binarios entre teclado y CPU. Tras alguna que otra falta con tarjeta roja y más de un buen acierto me planté en 2010 con doscientos doce textos, algo que bueno para no hacer nada, no está mal. Esto puede venir a decir lo que para la Grecia Clásica significaba estar sentado. No está mal porque no estás tumbado sin hacer nada pero tampoco es tan productivo y laborioso como estar de pie. Eso decía el prólogo de La República.
Así me tomo otras doce uvas y entra 2011. Aquí, otro de mis altibajos me permite (que suerte la mía el dar todavía con estas conexiones), o me deja escribir, cincuenta y un escritos con bastante más trabajo del que mostré el año anterior, pero con más dedicación y amor propio que cuando sólo escribí dos textos. Aunque lo del amor propio… sepan que esta flor echada es exclusivamente porque cumplo trescientas entradas que si no. Es más si rebuscan verán que no hay otro texto igual.
Esto solo son datos, que pueden o no reflejar algo. Lo que si es sólido son las casi 20.000 visitas que he obtenido a lo largo de este periodo de tiempo, donde lo único que perseguían mis dedos y mis sueños eran escapar de la mediocridad… de la literaria… de la vital. Siempre he pretendido destacar en algo. Eso sí, sin hacer mucho ruido, por eso decía lo de la flor y lo del cumpleaños. De mucha relatividad.
En cuanto a mis seis seguidores no les tengo que decir nada. Sé que algunos han caído presos bajo la red de gmail y no pueden desligarse de la vinculación con el blog. Lo sé porque a mí me ha pasado lo mismo para con otros. En cuanto a los que estuvieron y todavía quieren estar les prometo más de lo mismo en grandes dosis, en las que me deje el tiempo diversificado en escuetos días de veinticuatro horas, nada más.
Y saludar cómo no a mis dos principales seguidoras a Cris por corregirme los errores que me ciegan bajo su minucioso tacto, Chus que me lee incondicionalmente sea bueno o menos bueno lo que pase por sus ojos y por lo que calan sus mensajes, a Florín por lo atinado de sus comentarios, a Nines porque también como todos los nombrados deja huella y a Rubén por haberme prestado su ágil sabiduría con las computadoras para levantar esta pequeña, diminuta, joya que es para mi El Golemjull. A todos vosotros que sois el epicentro de esto. Un abrazo muy fuerte y mucha suerte allí donde estáis.

El final

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Todas las tardes después de la siesta Aurelio baja a la calle y se sienta en el banco de piedra que hay enfrente de su casa, aunque lo que busca es sentarse en otro. En esas horas ya le ha dado tiempo de fregar su platito de cristal y el vaso, además de prepararse algo de comer para el día siguiente. Una manía obligada que le venía de muy lejos, porque no tenía tampoco nada que hacer por las mañanas.
Aquella tarde, el banco, su banco, está plagado de niños con las madres. En aquel parque junto a la iglesia del pueblo, alejado de casi todo no se explica qué hacía tanto número de críos ahí sentado, de pronto junto a él. Por un momento, se ve tentado de apartarlos levemente con su bastón, pero Aurelio decide, no sin pensarlo varias veces, cambiarse de banco e irse a los que colindan con el quiosco y la carretera. Algo que no había hecho… nunca.
Desde esa posición la torre eclesiástica se ve ligeramente desde otra perspectiva más lejana pero igual de omnipresente. Ella seguiría ahí cuando él se fuera.
Entonces, cuando le esta asaltando una especie de honda melancolía, Arturo sale de su quiosco para entregarle como siempre el periódico del día anterior.
­­—¿Cómo estás Aurelio?
—Aquí sentado, que me he tenido que cambiar de sitio por unos críos.
—No pasa nada hombre, que todos los bancos son iguales.
—Ya pero ese me gusta especialmente. Sabes que prefiero el de madera que te comento a los de piedra.
—Bueno, hombre, bueno. En tu periódico no pone nada interesante, tan solo lo de Don Juan Carlos —dice Arturo rascándose la nuca.
—En realidad he salido de casa por eso solo. Por ver qué dicen de él, o qué han dicho, porque ya es pasado.
—¿Por qué no compras la prensa diariamente?
—Porque me la regalas tú en el modo que lo hacemos ahora y porque por las tardes, que es cuando me gusta salir, las noticias impresas ya son pasadas casi. Viene a significar lo mismo que comprarse un periódico por la noche.
—Pss, será.
Y luego Aurelio se va a su mundo de El Mundo y llega a la conclusión leyendo las noticias y el editorial que hasta ser Rey va a ser difícil ya. Porque una buena parte de la opinión pública está en su contra. ¿Y qué era eso para alguien con inmunidad?
Sea como fuere se devora en un santiamén el periódico en el orden que le gustaba. Siempre con las mismas costumbres, siempre lo mismo, se repite para el cuello de su camisa, algo descolorida de tanto lavarla, durante demasiado tiempo quizá.
Así que se marcha y cuando ve que ya no hay nadie en su banco, se sienta un poco. Las vecinas lo llaman “el viejo Kant” porque siempre pasaba por los mismos sitios a la misma hora. A las seis menos veinte si miras al parque allí lo tienes y a menos cuarto, y a menos diez y si supieran todo lo que les queda por observarle, porque en ese banco murió su mujer hace ya diez años y porque, en esta ocasión, el olvido, al menos el suyo, no haría de entierro. Y donde lo único que va a hacer es ir todas las tardes a su sitio funesto y tan hogareño. Cuatro tablones de madera, tornillos y los soportes en hierro. Por las tardes no quiere nada más. Solo sentarse ahí y esperar el momento. Aunque si ese final se produce en el mismo sitio que su esposa, comprometería a Arturo que solía mirarlo desde su quiosco. Le imagina socorriéndole cruzando la calle y por eso preferiría marcharse en otro lugar, tal vez en la mañana de su solitaria casa, aunque como eso no se elige si ha de ser de un modo natural. En aquel salón con un brasero inoperativo hasta que regresara el frío tampoco era mal sitio. La única diferencia que hay entre ella y él es que tuvo una esquela. Y ahora nadie recodará a Aurelio. Tampoco un simple y estúpido recordatorio te asegura más gloria una vez que ya no se está, pero era un buen cierre. Pensó en lo mal que se siente ya en su casa y preferiría no ir más. Esto lo piensa cada día cuando le toca regresar. Siempre el mismo procedimiento, levantarse y mirar el respaldo. Se había convertido en una manía. Arturo se lo tiene dicho, pero no hay manera de abandonar el hábito del frío y amargo recuerdo.
Así, se aleja de aquel sacro lugar para esconderse, momentáneamente, en su casa. Mañana volvería con la escusa de leer la prensa caduca y engañarse, un poco más, a sí mismo.

Home

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Como muy bien narra Salma Hayek en Home la situación por la que transcurrimos no es la más idónea desde que estamos aquí los seres humanos. Lamentablemente esto es debido, en parte, a que las primeras potencias mundiales no firman una reducción de gases invernadero con la puesta en marcha del protocolo de Kioto. No solo Estados Unidos y China lo están incumpliendo, sino que además no fomentan un buen ejemplo ni un clima cooperativo para con la ayuda medioambiental. Otros puntos a tratar son que la mitad de los países pobres son ricos en recursos. Esto quiere decir que podrían desarrollar algunas herramientas para salir del “pozo” en el que están metidos. Aquí no estaría de más hablar de lo que se suele llamar “brecha digital”; donde los países ricos tienen cada vez más recursos informáticos y los pobres menos. También habría que hacer mención a los datos que se pueden ver en Home como el hecho de que el 20% de los hombres consuma más del 80% de los recursos. Esto quiere decir que con poca cantidad de personas se gastan demasiadas materias primas terrestres en la consecución de cualquier fin. Lo que resulta altamente vergonzoso es la cuestión de que los gastos militares sean doce veces más altos que los del desarrollo. Mucha culpa de ello tiene Estados Unidos que ha ido contagiando al resto de potencias mundiales su sistema militar. Sigue habiendo en el panorama internacional un gran miedo frente a los ataques beligerantes. Me refiero al caso actual de Corea del Norte con los misiles de Pyongyang. Las potencias mundiales entran en conflictos absurdos desatendiendo a los realmente necesitados. Esta inoperancia se demuestra en que cinco mil personas mueren al día por la ingesta de agua no potable. Algo se debe estar haciendo de un modo incorrecto para que un bien tan necesario y que esté en la naturaleza no llegue a todos las personas. Nada de esto tendrá su lógica si seguimos con el dato de que el 40% de las tierras cultivables están degradadas. Sin selvas no habrá oxígeno y el agua se compone, en suma medida, de ello. Lo peor que estamos haciendo es, quizá, permitir que la banquisa se reduzca un 40%. Home cumple con creces la idea de transmitir todos estos mensajes sin caer en el alarmismo porque sabe que entre otros hechos el tiempo se nos está echando encima. Lo consigue con unas imágenes muy claras y objetivas, con una buena banda sonora y una narradora eficaz.

Elling

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La obra de teatro Elling sorprende al espectador desde la primera frase de Carmelo Gómez (Elling) y durante toda la representación. Esto no significa que sea buena o mala pero tal vez no es lo que el público se puede esperar a primera vista e impresión. De la obra impacta todo; desde las actuaciones, hasta lo que intentan trasmitir. El papel de Kjell Bjarne, caracterizado por un camaleónico Javier Gutiérrez, está algo sorbreactuado. Y es que si hay algo complicado de interpretar debe ser la locura y aquí se exceden desde la idea base porque, como en otras muchas oportunidades, se sigue el camino de la mitificación más que de lo real. El director Andrés Lima ha pecado, tal vez, de pretencioso y ha conseguido que por ejemplo el público no sepa si el personaje de Alfons, es o no invención de Elling, ya que hay otros que sí lo son como la madre del protagonista principal que ya muerta se le aparece a modo de alucinación. Tampoco se entiende si al final la madre del personaje principal era buena o mala por un par de comentarios negativos que se dejan traslucir en la obra en boca del personaje caracterizado por Carmelo Gómez. Quizá por ese motivo Elling sienta esos problemas tras su muerte, pero no se acaba de entender completamente. La escenografía corre a cargo de Beatriz San Juan y Almudena Bautista. Las dos son sumamente eficientes con el hecho de recrear unas habitaciones con dos simples camas estrechas, como en la de los antiguos hospitales psiquiátricos, dos sillas pequeñas de madera y una mesita de noche también del mismo material. Con ello escenifican todos los decorados que podrían combinarse y que son al menos cuatro. Sin embargo, lo que más surte efecto en la narración es la iluminación que recrea las llamadas por teléfono y algunos estados anímicos más efectivos con una simple luz que las propias interpretaciones. Secundariamente, hay otra línea de interpretación y es todo lo que van arrojando o deshaciéndose los protagonistas. Así hay restos de pizza por el escenario, perritos calientes, agua, ropa, etc. Un desorden visual muy estético para comprender como es su interior. Completan la función la actriz Rebeca Montero haciendo de embarazada y novia de Kjell, que está correcta en sus apariciones, Chema Adeva haciendo un doble papel, primero el de psicólogo Fran y luego el del poeta solitario y por último el pianista que, en muchas circunstancias y como lo refería algún actor, tocaba de más Mikhail Stuydenov, aunque eso no le quitaba mérito al músico, a pesar de que estaba escrito que fuera así. El punto más álgido y en clave de humor es el desnudo de los protagonistas para intercambiarse la ropa interior porque Kjell va a perder, por fin, la virginidad y cuando este lo está consumando se ayuda de la mano del público para sostenerse y amplificar el énfasis de la escena. En general, una obra entretenida. Quizá peque por su duración y en la recreación de la locura agravándola y yéndose al extremo de las circunstancias, pero seguro que no suele dejar indiferente a nadie tras haberla visto.

Capítulo 2

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Ya le hubiera gustado a César que durante su descuido mental, su olvido, hubiera habido esa figura teatral que aparecía en el largometraje de Shakespeare enamorado para que le hubiera ayudado sobre el escenario. Era un compañero de actuación cuya función consistía en recordar a los demás intérpretes el fragmento del texto necesitado. Esta figura, ya desaparecida casi por completo, se ocultaba en un hueco central delante del escenario cerca del proscenio, sin ser el foso, a un nivel inferior que los demás actores de la representación. El público permanecía expectante. La obra estaba diseñada para que todas las intervenciones, si no la mayoría estuvieran precedidas de un buen nivel de entusiasmo. De todo aquello tenía la culpa el guion como siempre en los grandes carteles del mundo del teatro y de cualquier mensaje que quiera ser transmitido a un receptor sobre cualquier medio. Carolina vio que ya debía de haber empezado a hablar con su personaje parlanchín y tontorrón, así que ni corta ni perezosa se acercó a él y le susurró al oído un par de líneas. Dicha acción fue llevada a cabo de una forma tan natural y delicada que arrancó una oleada de aplausos al público sentado plácidamente en la grada con la única preocupación de que la actuación les gustase. Cómo le había costado retener aquel texto en la memoria. Para que ahora bajo la luz de un cañón, a modo de declaración, se le nublara el pensamiento, pero no la razón. Sabía que estaba soportando una gran cantidad de estrés: si no vales para esto, puerta; le diría la empresa que organizaba todo el musical. Bailar seria fácil. La coreografía la tenía muy ensayada pero primero tenía que salir de aquel lío. No sabía cómo relajarse. Ese era su problema. Desde el estreno, aquel famoso día por entonces cuando sintió que formaba parte de una empresa por los beneficios, no había sabido cómo detenerlos. Y ya le devoraban por las noches horas antes, incluso, de irse a dormir, le estaban dando dentelladas por la espalda a modo de herpes, pero como había dicho antes ya vería cómo resolvería hoy la tarea del baile. Mientras empezó a recodar y a repetirse las frases que segundos antes le había dicho Carolina al oído para que solo él las oyera y las utilizara de pabilo para que todo el texto que vendría detrás cobrara forma a través de sus cuerdas vocales y la lengua. Al rato César se repuso ayudado, en gran parte, por la adrenalina del momento, la misma que le había jugado la mala pasada. Su actuación ya tomaba cuerpo para más tarde dar unos pasos de claqué con mayor o menor brío. Y entonces le sobrevino un ataque de ego en uno de esos momentos donde su personaje estaba detrás de una pared escuchando el diálogo de quien en ese momento le tocaba hacer de protagonista, para recordar como entrenó sus otras “facetas”. Un móvil desde la grada aconteció con su inevitable ruido molesto. Los actores seguían recitando su texto. Estaban, quizá, más concentrados que él o mejor preparados, quién sabe. Pero él no se iba a rendir tan fácilmente. Iba a estar presente en esa función hasta que colgaran el cartel de fin de representación. Con el orgullo intacto. La voluntad no se extrae de ningún folio. Por eso salió de la mendicidad. En realidad nunca dejó de trabajar pero hacía horas extra de un modo “peculiar”, en primer lugar dejó de ducharse durante un mes y lo mejor fue que nadie en la oficina tuvo el suficiente valor como para decírselo. Al decir dejar de ducharse es dejar de asearse completamente sin tocar una esponja o un jabón ni ningún cortaúñas, luego la barba le creció de un modo inapropiado para el empleo que llevaba, pero sólo el jefe le recomendó afeitarse… él fingió no oírlo. Más tarde cuando ya llevaba ese tiempo alejado de un aseo civilizado, comenzó a dormir en un cajero automático y más de una noche le tocó abandonarlo, porque la policía no lo permite, o mejor dicho los dueños de los bancos les pagan para no dejar que los indigentes descansen ahí. En esas, César, el César dormía, o lo intentaba, a ras de suelo en un cajero del BBVA en una de las calles concéntricas de Madrid, pero no muy transitada y no muy lejos de Fuencarral. El problema de elegir dormir en un sitio así es que otros mendigos que ya llevaban tiempo ahí le reclamaban su sitio, pero inexplicablemente había huecos viables entre la policía y los propios anacoretas en los que le dejaban descansar más o menos en paz. Si no estaba claro, siempre habría bancos o esquinas donde mal dormir y mal vivir. Ahora con el buen tiempo, era una labor llevadera dentro de lo que significa mal dormir para luego volver a la oficina y cambiarse a la ropa limpia, eso sí. Esto lo llevaba rigurosamente a cabo para controlar que tipo de personas abrían la sucursal. Uno se sorprendería de la cantidad de información secreta que se puede decir en las proximidades de un sin techo. Porque se ha adoptado ya esa costumbre. Al igual que frente a un vecino, un profesor o un compañero de trabajo. Personas que lamentablemente están en más alta estima que un pobre y vulgar mendigo, al que por mucho que oiga no va a transmitir nada porque salvo su círculo dañino no va a poder contarlo a nadie, pero esta vez no iba a ser como las otras. En esta ocasión, a los pies de una encargada y el jefe del banco estaba un ladrón de identidades y manipulador nato. Dispuesto a escucharlo todo: cierre, apertura, alguna cantidad si la suministraban... lo que le diera tiempo antes de que descubrieran su visibilidad y avisaran a alguien para que lo sacaran de allí por dar mala imagen al banco. Seria una mancha peligrosa, pero bajo los harapos teatrales y las mantas se ocultaba un gran maquiavélico, una auténtica y verdadera amenaza.

El espantapájaros

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La luna resplandecía en el cielo rojizo de Madrid. Era uno de esos momentos de la noche, que no se solía dar demasiado, donde se encontraba enorme allá arriba. Un grandioso queso repleto de luz que hacía recordar, de vez en cuando, a los seres humanos, lo diminutos y e insignificantes que eran no por lo evidente del tamaño y las distancias siderales; si no por el hecho de no comprenderlos jamás, por mucha ciencia que hubiera. Un céfiro cálido y suave esparcía con levedad las hojas de los parques y las aceras. En cambio, las pocas que quedaban ya en las hayas y olmos permanecían aferradas a ellos con su último halito de vida otoñal. Mientras tanto, en lontananza, en un campo de Coslada se apreciaba una extraña silueta en cruz, era un espantapájaros que se mecía sin esfuerzo sobre la construcción en madera que lo sujetaba por su parte posterior. Ya apenas había de ellos, pero este, en concreto, se encontraba casi al borde de su extinción también, al estar deshilachado y desecho, pero aún estaba en pie con un sombrero de paja bien encalado a dos metros del suelo y al alcance de unos pocos que tuvieran escalera. La función era archiconocida, espantar a los mirlos, urracas y demás aves hambrientas, pero la inmovilidad era su mayor inconveniente. Aunque más de un vecino de esas tierras, le había parecido que el espantapájaros se movía. Dicha apreciación había sido afirmada en un atisbo de reojo, por lo que no se podía contrastar fehacientemente además de lo ridículo que contenía el tema. Lo que si fue demostrable, y su dueño podía dejar constancia de ello fue un día que estaba agotado de trabajar el campo cuando se sentó a recuperar el aliento, arrojando a un lado la azada. A los cinco minutos de estar sentado contemplando el cielo y los pájaros de Barajas una cigüeña se posó de repente en la cruz del muñeco “aterrador” y cuando el propio animal comprobó que el crucificado inanimado no se movía comenzó a arrancarle paja entre la camisa desabrochada. Le pareció curioso que de su herramienta humanoide saliera materia para hacer nidos. Al fin y al cabo estaba hecho de paja: de los frutos de la tierra a los frutos de la cigüeña. El hombre inmiscuido en el ciclo vital. Cuando ya se hartó de coger alzó el vuelo ante la mirada tranquila del agricultor. Pero no reparó demasiado en que su pequeña obra de arte sirviera para otros usos cuando, en verdad, lo mejor hubiera sido tal vez juntar cuatro palos con una soga y un par de trapos y listo. La camiseta de cuadros rojos y negros era de su dueño, un apuesto hombre de campo, de los que valdrían para realizar el próximo anuncio de Marlboro. Y al no saber cómo vestirlo le colocó ese atuendo. La bruma penetraba a través de su destartalado cuerpo. El enigma era cómo se mantenía todavía en la encrucijada. Parecía como si fuera a seguir enhiesto de por vida. El hombre anuncio no quería descolgarlo de su cruz pero sería ahora o nunca; en mitad de la noche. No lo quería para la siguiente temporada de cultivo. Así que cogió una escalera de cuatro peldaños y se dispuso a descolgar y tirar al viejo muñeco. No sin antes subirse hasta su misma altura y contemplarlo bien de cerca. Las estaciones le habían mermado como el frío a las aves de El Retiro, obligándolas a migrar. Ahora el humano le iba a provocar una migración definitiva: el cubo de la basura. Y ese hubiera sido su destino cuando el agricultor guapo, desabrochó su camisa aunque ya era del espantapájaros para ver lo que había allí dentro. Por alguna razón vio verdor, aunque a esas horas lo identificó como un gris oscuro, en lo que podía ser un estómago humano. Al parecer, allí habían encontrado algunas plantas el refugio y el calor idóneos. Aunque lo inexplicable era la ausencia de luz durante las horas de sol. El muñeco se había convertido sin pretenderlo en un tiesto; donde el maíz había enraizado con delicadeza. Así que decidió dejarlo ahí por la curiosidad de ver qué podía crecer de aquello de ese nudo de plantas que maduraba entre la paja seca de su cuerpo. El agricultor se había dejado llevar por las apariencias. El espantapájaros le recordó que llevaba toda la vida fijándose nada más que en lo de fuera y eso tenía un precio… la soledad del campo. Y el hombre anuncio dejó escapar una bocanada de aire entre los labios tan contagiosa como un suspiro.

Cuatro estrofas de versos desencantados y desencadenados

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El nombre propio que aparece pertenece al Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Una falla encendida antes de tiempo,

palma de una mano estrechando la nada;

padres ahogados por culpa del remo;

pirómanos de Ourense a Zarzaquemada.


Un colibrí desafiando la gravedad.

Cuerpos que gritan verdades sin lengua.

Madrid comercia con el menor de edad,

si cesa a Arturo Canalda, no hay tregua.


Y entretanto las acciones policiales,

You Tube es una televisión parcial,

la resistencia aúna tratos “especiales”.

Las fresas de hoy ya no saben a na´.


Poemarios dentro de una lata oxidada,

sentimientos que se pierden en la mar,

mensajes húmedos de marejada

quien los encuentre que los vuelva a dejar.

Curso redactor-corrector

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Al final he de decir, que mi texto fue uno de los más comentados y los que más juego dio. Supongo que para ser francos, fue de los que peor estaban... aunque al propio autor no se lo pareciera. Asi era:

Guapo, inteligente, con pinta de americano de clase alta y de tenista dominguero. Corría el año 2006 cuando Paul Newman, el eterno hombre de ojos bonitos, dejó su última aportación al cine, esta vez de animación, con Cars, y, anteriormente, cuatro años antes de aquel doblaje se metió en la piel de un gánster en el largometraje de Sam Mendes Camino a la perdición, cosechando numerosas críticas positivas por el papel que le permitío compartir plano con Tom Hanks, otro grande. Lo que más caracterizó a Newman fue el hecho de ser un “eterno rebelde” y anárquico en medio de una generación que abogaba por el “No a la guerra de Vietnam” y años más tarde sufriendo por la crisis del petróleo. Además, y según numerosas fuentes como Editorial Lumen, diario El Mundo, El País y periódicos norteamericanos era un gran actor y prueba de ello fueron sus dos Óscar: uno por El color del dinero y otro logrado en la mención de honor. Aún así no tuvo buenos comienzos en la industría cinematrográfica. Su debut en El Cáliz de plata en 1954 le hizo cosechar malos resultados. Pero ahí quedó latente su fuerte carácter utilizando a la prensa para difundir el mensaje de perdón por haber interpretado un papel tan malo, invitaba al público a no ir a la sala de cine, y pedía una nueva oportunidad para demostrar su valía como actor. Parecía como si la industria pasara por alto el buen fondo que tenía ese joven atractivo, de ojos azules, los cuales le llegaron a generar más de una situación incómoda con los admiradores que siempre querían que se descubriera las gafas para vérselos más claramente. Incluso llegó a declarar que: “No hay cosa —se quejaba Paul Newman— que te haga sentir más como un objeto, es igual que si uno se acerca a una mujer y le dice: Desabróchese la blusa que quiero mirarle las tetas”. Mientras tanto, poco a poco, Newman se fue abriendo paso con películas como Marcado por el odio, de 1956 o Mujeres culpables ambas del mismo director, Robert Wise. Mientras tanto la fama del actor americano seguía en aumento y no hay que olvidar que provenía del Actor studios. Una academia donde se trabaja el Método, a partir de la teorización de Konstantin Stanislasvki, es decir, que la persona intérprete sienta las mismas emociones que el papel a caracterizar. Entre otros compañeros de escuela se encuentran: Dustin Hoffman, Gene Hackman, Robert de Niro y el propio Al Pacino. Sus borracheras fueron muy conocidas en algunos platós en los que intervino. Sobre todo cuando salía con los compañeros de reparto de El Castañazo. Más tarde, su fuerte personalidad le llegó a empujar a realizar declaraciones un tanto salidas de tono cuando interpretaba Ausencia de malicia en el que llegó a exponer: “La película era un ataque directo contra el New York Post y yo me sentía encantado con un papel que arremetía contra el periodismo poco ético. Me habría gustado demandar al Post, pero resulta muy complicado llevarlo a un cubo de basura ante los tribunales” para poco más tarde añadir “Alguien debería inventarse algo insultante de verdad, como que Rupert Murdoch no sabe hablar y necesita un diccionario o que lo detuvieron de joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”. En 1968 expresó públicamente ser un demócrata, por lo que el contexto social y político no pasaba inadvertido para Newman en una época tan comprometida y delicada. De hecho muchos actores en la actualidad han copiado ese modelo político-protesta. Voces como las de Sean Penn, George Clooney o el propio Tim Robbins, recogen esas ansias de ir contra las voces dominantes republicanas, como Newman. Sobre todo cuando no estaba Obama, quizá. También es conocida su afición por los coches tras rodar 500 millas o 24 horas en Le Mans A partir de ahí: quedó segundo en unas carreras en LeMans con cincuenta y cuatro años, creó su propia escudería y construyó él mismo un circuito, participó en un buen puñado de carreras de la mano del equipo Bob Sharp Racing en las que ganó varios campeonatos con sus victorias y presenció premios de Fórmula 1 como el de Montecarlo junto a Grace Kelly. Este rasgo ha sido muy seguido, sin saber cuál fue el pionero en el hecho de ser emprendedor y de montar varios negocios, como son los coches, en este caso. Menos conocidas, sin embargo, fueron sus aficiones a otros deportes extremos o al salto de trampolín, su afán por las bromas durante los rodajes, rasgo característico de todo peso pesado de Hollywood y su preocupación por su estado físico que le llevaba a correr, nadar y montar en bici cuando vivía en casa junto a Joanne Woodward, su mujer. La tragedia también le llegó a su vida cuando su hijo, Scott, murió de sobredosis en 1978. Pero el intérprete logró sobreponerse al percance y siguió adelante con su carrera de actor, productor y director estadounidense. Este hecho sirvió para ser tenido más en cuenta por los otros compañeros de profesión que veían como después de los infortunios se puede seguir adelante. Algunas de sus películas como director o guionista fueron Rachel, Rachel, Casta invencible, La caja oscura o Harry e hijo. Donde se solía recurrir a su mujer para que hiciera el principal papel protagonista. Aunque, bien es cierto, que la frecuencia de trabajo de Paul Newman disminuyó notablemente, por lo sucedido anteriormente con su hijo y porque apenas le ofrecían ya buenos papeles. Hasta que llegó Al caer el sol. Y así vino septiembre de 2008. Atrás quedó la memorable escena de La leyenda del indomable donde su protagonista ingería cincuenta huevos duros en una hora. A estas horas su legado visual permanece todavía ileso siendo ya eterno.


Y luego así quedó:

Guapo, inteligente, con pinta de americano de clase alta y de tenista dominguero. Corría el año 2006 cuando Paul Newman, el eterno hombre de ojos bonitos, dejó su última aportación al cine, esta vez de animación, con Cars, y cuatro años antes de aquel doblaje interpretó de un gánster en el largometraje de Sam Mendes Camino a la perdición, adquiriendo numerosas críticas positivas por el papel que le permitió compartir plano con Tom Hanks, otro grande. Lo que más caracterizó a Newman fue el hecho de ser un “eterno rebelde” y anárquico en medio de una generación que abogaba por el “No a la guerra de Vietnam” y años más tarde sufriría la crisis del petróleo. Además, y según numerosas fuentes como Editorial Lumen, El Mundo, El País y periódicos norteamericanos era un gran actor y prueba de ello fueron sus dos Óscar: uno por El color del dinero y otro logrado en la mención de honor, Óscar honorífico. Aún así no tuvo buenos comienzos en la industria cinematográfica. Su debut en El cáliz de plata en 1954 le hizo cosechar malos resultados. Pero ahí quedó latente su fuerte carácter cuando utilizó a la prensa para pedir perdón por haber interpretado un papel tan malo, invitaba al público a no ir a la sala de cine, y pedía una nueva oportunidad para demostrar su valía como actor. Parecía como si la industria pasara por alto el buen fondo que tenía ese joven atractivo, de ojos azules, los cuales le llegaron a generar más de una situación incómoda con lass admiradoras que siempre querían que se quitara las gafas para vérselos más claramente. Incluso llegó a declarar : “No hay cosa — que te haga sentir más como un objeto, es igual que si uno se acerca a una mujer y le dice: ‘Desabróchese la blusa que quiero mirarle las pechos tetas’”., Poco a poco, Newman se fue abriendo paso con películas como Marcado por el odio, de 1956 o Mujeres culpables ambas del mismo director, Robert Wise. La fama del actor americano seguía en aumento y no hay que olvidar que provenía del Actor´s studio,. una academia donde se trabaja el m “étodo”, a partir de la teorización de Konstantin Stanislasvki, es decir, que la persona intérprete sienta las mismas emociones que el papel a caracterizar. Entre otros compañeros de escuela se encuentran Dustin Hoffman, Gene Hackman, Robert de Niro y Al Pacino. Sus borracheras fueron muy conocidas en algunos platós en los que intervino, sobre todo cuando salía con los compañeros de reparto de El castañazo. Más tarde, su fuerte personalidad le llevó a realizar declaraciones un tanto salidas de tono. Cuando interpretaba Ausencia de malicia llegó a exponer: “La película era un ataque directo contra el New York Post y yo me sentía encantado con un papel que arremetía contra el periodismo poco ético. Me habría gustado demandar al Post, pero resulta muy complicado llevarlo a un cubo de basura ante los tribunales” para poco más tarde: añadir “Alguien debería inventarse algo insultante de verdad, como que Rupert Murdoch no sabe hablar y necesita un diccionario o que lo detuvieron de joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”. En 1968 expresó públicamente ser seguidor del partido demócrata, por lo que el contexto social y político no pasaba inadvertido para Newman en una época tan comprometida y delicada. De hecho muchos actores en la actualidad han copiado ese modelo “político-protesta”. Voces como las de Sean Penn, George Clooney o Tim Robbins, recogen esas ansias de ir contra las voces dominantes republicanas, como hizo Newman. Sobre todo cuando no estaba Barack Obama. También es conocida su afición por los coches tras rodar 500 millas o 24 horas en Le Mans. A partir de ahí,quedó segundo en unas carreras en Le Mans con cincuenta y cuatro años, creó su propia escudería y construyó él mismo un circuito, participó en un buen puñado de carreras de la mano del equipo Bob Sharp Racing en las que ganó varios campeonatos y presenció premios de Fórmula 1 como el de Montecarlo junto a Grace Kelly. Este rasgo ha sido muy seguido, sin saber quíen fue el pionero en ser emprendedor y montar negocios, como los coches, en este caso. Menos conocidas, sin embargo, fueron sus aficiones a otros deportes extremos o al salto de trampolín, su afán por las bromas durante los rodajes, rasgo característico de todo peso pesado de Hollywood y su preocupación por su estado físico que le llevaba a correr, nadar y montar en bici cuando vivía junto a Joanne Woodward, su mujer. La tragedia también llegó a su vida cuando su hijo, Scott, murió de sobredosis en 1978. Pero el intérprete logró sobreponerse al percance y siguió adelante con su carrera de actor, productor y director estadounidense. Este hecho sirvió para ser tenido más en cuenta por otros compañeros de profesión que veían como después de los infortunios se puede seguir adelante. Algunas de sus películas como director o guionista fueron Rachel, Rachel, Casta invencible, La caja oscura o Harry e hijo, donde solía recurrir a su mujer para que hiciera el papel protagonista. Aunque, bien es cierto, que la frecuencia de trabajo de Paul Newman disminuyó notablemente, por lo sucedido con su hijo y porque apenas le ofrecían ya buenos papeles. Hasta que llegó Al caer el sol. Y así vino septiembre de 2008. Fecha de su muerte. Atrás quedó la memorable escena de La leyenda del indomable donde su protagonista ingería cincuenta huevos duros en una hora. A estas horas su legado visual permanece vivo y eterno.

Letras propias

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Paul Auster, el mismo, afirmaba que la escritura era una enfermedad. Y es que uno de repente esta viendo la televisión y siente la necesidad imperiosa de encender el ordenador y liarse con ello, un rato o durante varios días y quizá, si la enfermedad es crónica dure meses o años; sé bien lo que digo. He dicho computadora y no papel y lápiz porque ya me he acostumbrado a desarrollar aquí, o así, lo que se desliza por el ideario. Conozco lo que estoy buscando… los puentes. Los mecanismos que transformen aquello que escribo en algo comprensible por un lector medio o cualquier tipo de leedor. Pero para ello no voy a jugarme el verbo ni arriesgar el adjetivo; tampoco me voy a rasgar los sustantivos ni a complicarme más de lo que ya lo hago. Entiendo que aquellos lectores desconocidos deben dar un paso adelante, como la serie, e intentar descifrar e ir más allá. Además siempre será más difícil escribir que leer, así que el escritor debe tener el amparo o el beneficio de la duda para imaginar lo que ha querido decir en determinado párrafo. A veces, es todo más simple de lo que pensamos y no hay que adquirir un punto de vista metalingüístico y académico: el mensaje es el que es. Un poco como la teoría de «lo que hay es lo que se ve». Luego está el hecho de que sólo se comunica con palabras y eso, siendo franco es el 5% de la comunicación humana, aproximadamente. Un claro ejemplo de lo referido es el actor de moda por The Artist Jean Dujardin, que ha conseguido, suponiendo que los premios sean premios, comunicar y trasmitir sentimientos e ideas sin la necesidad del habla. Y con los largometrajes hablados sucede lo mismo: importa y mucho, la frente, los ojos, la nariz, los hombros, los codos, las manos, etc. Las palabras, como se suele afirmar, son volátiles. Así, ¿En dónde queda quien pretenda seguir escribiendo aún sabiendo todo esto y dándose cuenta de que la piratería también se ha instaurado en el mundo editorial? Espero que haya una leve línea que una todo esto. Unos hilillos sutiles e inexpertos, tal vez, para unir el conjunto y urdirlo, antes de ser digerido por el ansioso estómago del lector; que como diría una cita de cine de serie B, «No tiene piedad, lo devora todo». Que sea así por muchos años. Un factor que depende del otro… se retroalimentan.

Día de radio

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Nos sobró tiempo incluso. Las siete menos cuarto en Navas del rey, con una temperatura bastante buena, casi de primavera. Hemos llegado Raúl López, Elena Mijes y yo bien a nuestro punto de interés concreto desde la carretera de los pantanos: el único semáforo a la izquierda. Allí nos topamos con el cartel de la emisora local 107.8, de lo que luego sería el dial radiofónico de Castillos en el aire. Entramos sin más dilaciones en el edificio y una chica, la que luego seria una colaboradora del programa, nos recibe en la puerta comentándonos que había que esperar al presentador llamado Javi, que luego confundimos con el propio Javier de nuestra asociación. Un leve lapsus generado, quizá, por los nervios o porque, en verdad, cada vez hay más de ellos, sin menosprecio de ninguno. Mientras tanto tomamos asiento y micrófonos, indicándonos su uso (arrimarse al hablar) y que no dejáramos los cascos en la mesa porque el ruido lo recogería cualquiera de los cinco receptores acústicos. Entretanto me sitúo de espaldas a la pecera. Este hecho ya me hacía sentir algo incómodo porque la técnico del estudio no me vería al hablar, menos mal, que el presentador marcó muy bien los tiempos de entrada. Estaba nervioso, muy nervioso… hacía tanto que no pisaba un estudio. No sabía lo que me tenían que preguntar o mejor desconocía mis respuestas, demasiados factores escapaban a mi control. Me coloqué los cascos. No me gusta escuchar mi voz. Esperaba que no se captasen los momentos en los que trago saliva (al final se escucharon, cómo no). Por fin apareció Javi. El programa comienza. Los nervios afloraban y mientras Elena me pedía agua, yo actué como si fuera un operario novato con nitrógeno líquido entre las manos desnudas y todo para no ser escuchado por esos micrófonos unidireccionales que luego lo captan todo: tos, ronquera, patadas a la mesa, etc. ¿Y para qué tanta inseguridad? No era la retransmisión del hombre a la luna ni La guerra de los mundos; pero el nombre de La buena letra estaba sobre la mesa y nunca mejor dicho porque la atiborramos de propaganda y contenidos escritos o literarios como tanto insistí en decir mientras nos preguntaban. Pero al final la locución salió a pedir de boca. Elena consiguió ser profunda en sus lecturas aunque leyó de memoria, doble mérito y Raúl convenció diciendo que a nuestros recitales venían entre ochenta y cien personas; sonó como un muro. Y luego estuve yo, que una vez pasada la experiencia y escuchándome a mí mismo he de decir que tampoco soné tan mal, se me oyó bastante bien aunque los micrófonos evidentemente no se abrieron en algunas ocasiones a tiempo y que, gracias a dios que en la radio no hay imágenes. Es lo mejor de ella. Escuchándola estamos todos ciegos y sin embargo quizá sea de los medios que mejor difunden un mensaje.

Lo último de Coldplay

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En 2011, la banda británica Coldplay, grabó y editó un nuevo disco producido en Estados Unidos gracias a Emi Records, ATV Music Publishing, Hollywood Records más su sello personal Parlophone. Un trabajo de estudio, que sigue por su misma senda de siempre dentro del pop, que les ha llevado tres años sacarlo a la luz desde el anterior, y también, muy recomendable, Vive la vida.


Los cuatro músicos británicos decidieron llamar al actual Mylo Xyloto y cuenta con una serie de buenas canciones, algunas, incluso, ya han pasado a formar parte del repertorio clásico, del que podrían tocar en cualquiera de sus conciertos. Son los casos de Paradise o Every Teardrop is A Waterfall, aunque esta última ha generado un gran revuelo en las redes sociales por su alto parecido con la irreutilizable Ritmo de Valencia y se ha llegado, incluso, a acusar a la agrupación de plagio.


Otros aspectos igual de importantes de Mylo Xyloto es que se ha rodeado de varios artistas que están en la cumbre del pop o son leyenda viva; es el caso de Rihanna con Princess of China o la colaboración, más que notoria, de Brian May, el todavía componente de Queen en la última canción del disco a modo de despedida. Las dos colaboraciones mezclan bien, aunque quizá más fusionada la de él.


También en su contra, cabe destacar, que las canciones a veces sirven de intro a la siguiente, es decir de “pretemas” y esto tiene una lectura positiva porque amplifica la sensación atmosférica de todo el concepto del conjunto musical, pero resta producción al ser sacrificadas tres canciones que introducen a otras, por lo que si el disco cuenta con catorce temas, habría que decir que en verdad y como tal tiene once completas con ritmo y letra.


Habría que resaltar también el toque personalísimo de la banda de música, dicho lo cual lo impregna todo, hasta los videoclips y toda la serigrafía, diseño de las portadas e interiores del cd más los decorados en sus conciertos, muchos de los cuales guardan relación con el merchaindaising elegido en cada trabajo.


De momento, y si Blur u otra agrupación más minoritaria no hacen su mejor versión, al menos en las islas británicas, la banda de Chris Martin seguirán siendo un punto de referencia… otro más.

Capítulo 1

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Le ardía la mirada y le palpitaba el pecho, sin embargo tenía las manos heladas por los nervios. Sobre uno de los escenarios más conocidos de la Gran Vía, allá arriba subido con el calzado apropiado para claqué como era debido, se podía calcular, de buen ojo, cuánta asistencia había en el estreno: mucha o poca o lo que era lo mismo muchos rostros frente a la visión de incómodas butacas vacías, pero al menos de momento y por algún tiempo no iba a ser el caso. Así que se regocijó pensando en lo bien que le iba a sentar el sueldo aquel mes. La sala, bajo un bombín negro característico de uno de los más celebres cantautores de España, estaba a rebosar y eso que al entrar para ver la función no era una acción barata y sencilla. El conseguir una entrada era digno de manos hábiles y bolsillos acomodados. Noventa euros en algo así no era una ganga y si se multiplicaba por el número de asistentes salía un bruto excepcional. Uno de los mejores de su extensa carrera. Antes de entrar, cuando iba por la calle, se había conmovido por el extenso número de indigentes que había resguardándose del temporal invernal que congelaba el asfalto, fachadas y aceras; aunque hasta la fecha no estaba siendo muy severo… parecía estar conteniéndose, quizá. No lo olvidaría cuando pasó una época en la que él también tuvo que lidiar con el hecho de vivir a la intemperie. Fueron solo dos meses, pero suficiente para no pasarlos por alto todavía y seguro que nunca jamás. ¿Y si el azar le jugaba otra mala pasada? Por eso deslizó entre su mano, que ya estaba fría, un par de euros, al cartón de vino vacío que hacía de monedero público en las peticiones de un pobre desatendido. Así calmó su miedo y también la conciencia… Ahora faltaban menos de diez minutos para que todo echara andar. Los músicos se habían subido a la primera planta del escenario móvil y estaban preparando sus instrumentos pero sin poder tocarlos. Lo hacían un poco a ojo, por intuición, en ello correspondía la “magia” musical. Los demás compañeros de actuación ya se habían enfundado en la ropa elegida y confeccionada exclusivamente para la representación. El encargado de la iluminación comprobaba que todos los focos estuvieran en orden. Eso la hacía falta a él otro poco de luz y ya no bajaría de la cima. Comenzaba la actuación aunque él llevaba en una obra toda la vida. En este caso y por casting a él le tocaba hacer de tonto… podría representar cualquier personaje de la escenificación porque el mundo era eso, un vulgar papel y él, cómo no era un ladrón de identidades, el actor perfecto. De pronto el tiempo corrió algo más rápido y las luces de la sala se apagaron lo que mitigó también el cuchicheo de los asistentes, que veían como empezaba la sesión de tres horas de duración con un escaso descanso a la mitad. Para hacer más caja, nada más, que se cobraba el librillo de información teatral que en otras obras se regala. Pero esto es Madrid capital y Gran Vía, nada menos. La lástima era que él no tuviera acceso a esa pequeña cuantía. Se lo llevaba todo la compañía. Aunque sospechaba que la cifra en euros era muy escueta. Así que, de momento no iba a meter mano ahí. No podía parar de pensar en el maldito dinero. Le encantaba contarlo una y otra vez y luego olerse los dedos. Ese aroma a cuantía, bonanza, beneficio. El telón de madera se abrió… ya estaban actuando aunque sólo sobre el escenario era realmente él, por eso lo amaba tanto; fuera de allí quedaba tan desdibujado como un «sin techo». Por cronómetro tardaba siete minutos en hacer su primera aparición. Tenía que conseguir ligarse a la protagonista. Lo cual ya era cómico porque el público desde el comienzo sabía que era un ingenuo. Francamente lo ingenuo era creer que los actores de cualquier medio y profesión no pasaban hambre. Para empezar existen unos casting que tienes que ser muy ducho en la actuación no sólo para superarlos sino para avanzar al siguiente nivel de selección. Luego está en que uno nunca sabe a qué atenerse en pruebas semejantes. A veces le toca el bueno y le pide hacer las mayores perrerías que se le ocurran y digo perrerías porque en ocasiones te piden que imagines la muerte de un ser querido, cuando toca el malo y pide que le recrees algo de una manera simple y somera. Lo bueno de lo que podía predisponer es que él sabía cuando alguien iba de poli malo sin serlo, entonces por si acaso se esforzaba más de la cuenta. Quedaban dos minutos para salir… y el guión, qué decir del guión. Pues que le había costado dios y ayuda insertarlo en su cerebro. César era muchas cosas, pero entre ellas no se encontraba la memorización de textos y movimientos. Aún así tenía su estrella y tras mucho esfuerzo consiguió retenerlo bien amarrado a su memoria… o eso creía él. Todo estaba listo para hacer su aparición. Qué estupidez ver los momentos determinantes en la vida de uno de manera lenta como en las películas. En la vida real todo se acelera y desvirtúa, mareando al estómago: la puerta del personaje principal se cerró, la orquesta le daba paso, los otros compañeros de reparto hacían lo propio en lo que se conoce comúnmente como «mantenimiento de la escena» es decir, movimientos naturales de cada uno para amplificar la sensación de realidad, la luz le enfocaba de lleno, su momento estaba a punto de llegar cuando, César, el César, se quedaba completamente en blanco sin saber por dónde salir.

Retrosucesos

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Pienso en Manuel Vicent, Vicente Verdú, Lucia Etxeberría o Rosa Montero. Escritores que no sólo escriben sus libros en una editorial de prestigio… sino que también desarrollan su contraportada del diario semanalmente (diaria si vamos uno por uno). Algo de chispa tendrán cuando pueden con ello pero hoy no sé por dónde empezar. Tampoco me quiero comparar a ninguno, más cuando hay alguno que no es de mi devoción pero hay que reconocer su profesionalidad y denuedo. Bien, se me ocurre hablar de los Goya ¿representan algo? Probablemente la inversión que hace un Ministerio de Cultura en la cinematografía nacional, que tiene grandísimos productos a los que no hace el menor caso y otros a los que sobrevalora sin un motivo aparente o quizá sí; la posible presión de las televisiones privadas. El hecho es que la ceremonia fue anoche y tampoco se creó gran expectación en ver si la mitad del antiguo dúo Cruz y raya se alzaba con la estatuilla del gran Francisco. Algunos tuiteros reflejan en sus críticas que la presentadora Eva Hache no estuvo a la altura de las circunstancias (es curioso como todos hacen referencia a que la Gala esto y aquello pero dudo que sepan en realidad cómo debería de ser el evento… yo tampoco lo sé, ¡ojo!) y me pregunto quién puede estarlo en una gala que dura tres horas. Luego podríamos entrar al trapo con que si la gran triunfadora es tan buena como dicen o si por el contrario no es que no había nada mejor, pero uno aquí el tema con Mediaset, la colaboradora audiovisual de Telecinco que invirtió en No habrá paz para los malvados o mejor aún, que está obligada a predestinar un tanto por ciento de su presupuesto por ley a productos cinematográficos y televisivos, como La Fuga. Bien pues para zanjar ya el tema, y creo que nunca he hablado de ella, resulta que Belén Esteban dijo la semana pasada que la causa de la crisis fue cuando aprobamos el euro. Esta opinión caló en el plató y algunos compañeros la tildaron de ser una retrógrada. A mi entender, esta vez, no esta falta de razón ya que políticamente hablando se están refiriendo en la política exterior a otra crisis más dentro de Europa. Menos mal que el fuego no se apagaba con más fuego.

Editorial 2012

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Para aquellos que todavía, por el motivo que sea, afirmen no conocer a La Buena Letra, hemos de decir que somos un grupo dinámico para aportar las ideas de siempre al proyecto anual (recitales, revistas, la página web, actividades lúdicas para la Feria del Libro, cabalgata de Reyes Magos, colaboración con el intérprete Elpidio Castiñeiras en el perfeccionamiento de la lectura y escritura) y las nuevas (ser entrevistados por un periodista en una emisora de Navas del Rey y apareciendo en cuñas publicitarias de la SER de Fuenlabrada, ciudad donde, hoy en día, seguimos manteniendo la sede, también se unirá una nueva colaboradora al piano para los recitales y así obtendremos una actuación con dos músicos diferentes en estilos y partitura, más tiradas de revistas, nuevo diseño de ellas y la unión de un relato colectivo con grandes dosis teatrales). Y ahora están las intrínsecas, que no se aprecian, ni se saben concretamente si son ex o in, pero siempre permanecen intactas: las ganas de pulir su escritura, la motivación por leer mejor y hacer que el público disfrute y se entere de lo que se le está exponiendo o recitando, ganas por convivir con los demás miembros de la asociación cada viernes y aprender en ámbitos literarios y personales, salvando los muros donde se engloba dicha unión y llevándolos fuera de ellos. Porque los sujetos que hay en ella son más que eso; amigos. Nuestro horario es los viernes de 19:00 a 21:45 y créanme si os gustan las letras llegará el momento donde un día se os hará corto aunque uno de las posibles propuestas para el próximo año podía ser el de reunirnos más tiempo a la semana o durante ese día, siempre y cuando contemos con el apoyo burocrático y personal. Si alguna vez han sentido el impulso de compartir una afición con gente sencilla, culta y sociable, no lo duden y pásense por la C/ Gijón S/N, del centro cultural La Paz, en el barrio de El Naranjo y compartan con nosotros sus inquietudes del enraizado mundo de la escritura y cuando menos se lo esperen ya serán uno más.

Por los polígonos

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La calle estaba húmeda y vacía. Pedro no paraba de pensar en todo lo que representaba el estar allí, se viera como se viera. En el polígono no hay tanto por hacer cuando no estás descargando un camión, subiendo fruta, conduciendo un toro mecánico o recopilando palets europeos para venderlos luego a diez euros la unidad o más si se le echa argucia. Así que por lo que había venido él a semejante lugar era solo cosa suya… de nadie más y así debía de ser. Era una de esas tardes noches de febrero, en la que llevaba cayendo una leve cortina de agua desde mucho antes del amanecer. Esa condición térmica y meteorológica que impedía la acción de la helada mientras llueve. Por el suelo había ya algunos charcos que reflejaban la luz de las farolas y también el cielo gris cada vez más oscuro. Un coche patrulla, de la policía local del distrito en el que se encontraba Pedro, le sorprendió por la espalda. Éste se giró sin pensarlo y la pareja de agentes le miraron un tanto escépticos… pero no fue cierto. En realidad los agentes actuaron como si allí fuera sólo corriera el aire. De hecho hicieron la vista gorda. Cómo pudieron hacer eso con lo que él podía llevar en la mochila. En la calle Sol, sólo pasaba él y no redujeron ni la velocidad para comprobar, al menos la etnia o su clase social. Al fin y al cabo era lo esperable, pero tal vez aquellas cavilaciones no fueran más que pérdidas de tiempo subjetivas del sujeto. Por lo tanto siguió caminando: notando el frió como ajaba sus labios, como secaba sus ojos y removía su pelo, que junto al movimiento de sus brazos, para llevar la inercia de la zancada, le hacía parecerse un ser acromegálico. Allí estaba él, perdido del jaleo urbano y suburbano. Entonces quizá estaba fuera de la sociedad. Si aquello sólo era silencio y la patrulla le había pasado por alto, tal vez estaba en orside, como se decía antes de que naciera… lo había conseguido, qué fácil había sido. Aun así tenía que esperar a que llegara su contacto. Se apoyó en el muro de la nave número diecisiete, una pared en ladrillo visto y cuya fachada se encontraba en bastante mal estado. El cartel de la empresa permanecía descolorido muy a juego con un mundo de sombras, de sonidos no escuchados, de caras B. Y esos buzones rotos, abollados, apaleados… ¿acaso la gente en derredor ya no quería estar informada y había bajado los brazos sin levantar la mirada? Curioso lugar de arrabal donde por el día se suponía que era un fluir de movimiento laboral y que por la noche todo quedaba desdibujado para conseguir vayan a saber el qué. En el fondo se sintió alguien afortunado porque por unos minutos había dejado de pensar en las deudas, en el peso de su mochila y había distraído la mente cautivado por aquel ecosistema vació y repleto de ratas por los callejones, gatos que se las comían, los que las alcanzaban, y perros famélicos que ya no tenían, desde hace algún tiempo, con quien jugar. Pero ahora no había ni rastro de ellos. Fue su imaginación quien los puso a todos allí. Pedro abrió el macuto, por hoy ya estaba bien de buzonear. Su hermana pronto vendría en su búsqueda y se lo llevaría casa, bajo techo, resguardado de aquel día hostil de invierno. Ahora que volvía a arreciar el temporal.

La ventaja correspondida

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Si estuviera mínimamente inspirado, hoy, San Valentín, San Salga Usted y Derroche Por Doquier, San Rompa Con Su Rutina Porque Lo Marca El Estado. Bueno dejando las criticas a un lado… si estuviera hoy con la pluma en la mano y la tinta sobre el papel; podría decirte una vez más que me tienes encandilado desde los primeros instantes que compartimos juntos. Sé que partía con superioridad, porque al inicio, bueno, perdón; en los momentos previos que generaron posteriormente en un buen comienzo yo, partí con toda la ventaja. Para empezar fuiste tú quien apareciste en mi círculo y no al revés; luego, también habría que añadir que esa ventaja renombrada fue porque no me estabas mirando cuando yo ya te estaba muy bien viendo. Y de eso hace ya más de un año y parece que fue este domingo, pero no, el tiempo avanza mientras nosotros caminamos por él y no a la inversa. Así fue la historia de alguien que sube alegre por una escalera, con ganas de recitar a Homero o a Petrarca (más denso el segundo que el primero), qué más da, y se topa de bruces con el final de un peldaño que daba, poco menos, que a una cumbre de dicha y felicidad que ni él mismo imaginaba. Pensó, tras saludar a quien habitaba el banco atiborrado de papeles como si fuera suyo, que no debía hacerse ilusiones. Que podía ser la suya pero nada más que eso. El todo y la nada… una vez más. Un placer enorme el compartir día a día mi vida con semejante virtuosa. Una suerte el poder contar contigo. Por supuesto que eres mi todo, valga la redundancia de párrafos anteriores.

A Charles Bukowski

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Es un tema delicado. Viene la ola de frío y es ahora cuando me pregunto cómo aguantan los anacoretas la que les va a caer encima. Pienso en lo complicado que lo tienen para adaptarse a la sociedad. Pobrecillos, tan complicado, sostengo, que es la montaña la que se debe adaptar a los múltiples Mahomas. Y no es para menos, créanme. Ellos, sin unos músculos que se puedan adherir a la grasa corporal, estarán, haciendo lo de siempre, rebuscando entre contenedores como ratas callejeras sin miedo a ser vistos. He nombrado a esos roedores porque tampoco obedecen las normas sociales, puesto que, como ya sostenía anteriormente, se han quedado fuera del círculo. Y en qué pensará una mente humana cuando tampoco halle bocado alguno, ni trago de consuelo, porque la sed es más complicada de soportar que el hambre en condiciones normales. La democracia ahoga y asfixia con sus redes, tal y como haría un totalitarismo, pero estos daños colaterales son irreversibles y no deberían caer en el olvido (y digo olvido por las defunciones que se llevan a cabo en estos casos) más profundo. En su contra está el modo de supervivencia que llevan a cabo. Trafican con la humildad o piedad y voy más lejos… con la humanidad cuando te piden una propina y sabes que se la van a gastar en cualquier producto pernicioso si están ahítos… tampoco pueden hacer algo mejor; si acaso arrojarse al suelo en la entrada de un teatro y conciliar el más dulce sueño a modo de reivindicación personal y ajena. Así que pido que al menos esta noche tengan un albergue o estación de tren o metro para sentirse personas y que la oscuridad más inofensiva les haga de manto. Al fin y al cabo también son merecedores de ello. Sin alguien no lo prohíbe con una ley.

Más de cien mentiras

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El musical inspirado en el repertorio escrito y cantado de Joaquín Sabina y que acontece en la sala Rialto de Madrid, tiene más virtudes que defectos. En primer lugar hay que dar las gracias a la compañía encargada de todo ello y esa no es otra que Drive Entertainment (40 El Musical, Hoy no me puedo levantar, Enamorados anónimos y Avenue Q, entre otros) por escoger a un gran elenco artístico que resulta esplendoroso en algunas ocasiones y excepcional en otras. Álex Barahona está correcto haciendo de Tuli pero, quizá, el terreno del canto se le queda un poco grande. Guadalupe Lancho está estupenda como Magdalena en una interpretación sentida. Víctor Massán es el verdadero protagonista recreando a un bailarín y cantante histriónico, flexible en sus movimientos y tremendamente divertido. El resto del equipo interpretativo se compone de Diego Paris, Marta Capel y Toni Viñals, entre otros. La historia narrada gira alrededor de la muerte de Samuel, que es el narrador principal y la salida de la cárcel de su hermano Tuli; el cual parece llevar sus mismos pasos en un caso de fraude con unos boletos de lotería. Los cuales no están premiados y tienen que convencer a una serie de personajes de que sí lo están. Entremedias se encuentran unos mafiosos que quieren el botín y unas meretrices que no se irán con cualquiera y serán las protagonistas de alguna historia de amor. En el plano musical se encuentran músicos como Quique Berro, Giovanni Tratardi o Daniel García. Decir que en la obra tiene más peso la voz que la música, tal y como sucede con Joaquín Sabina, aunque ello no significa que toquen de más. Soportan de un modo acertado el hilo argumental. Siguiendo con el plano artístico decir que el escenario es impresionante al estar escenificado por tres módulos, al menos, y al girarse representan una calle y cuando están en su posición normal la sala de un bar con los músicos arriba del todo. También se aprovecha la plataforma elevadora central para algunas canciones. Ello significa que se explotan todos los recursos de comunicación lo cual está bien. Carlos Torrijos ha diseño una iluminación óptima para cada momento (atención a los cañones de luces) y el sonido en general está más que logrado no siendo desbordante para una sala de tamaño medio. Apenas se le puede sacar algo negativo a la función y eso son solo dos aspectos a tratar: una que tal vez resulte excesivo el tratamiento del sexo en la obra cuando el propio cantautor, en más de una ocasión, ha afirmado que no es verdad todo lo que se cuenta y que algunas canciones del musical estaban cantadas sólo por mujeres cuando en realidad siempre son la voz secundaria de la archiconocidísima principal, aunque son productos distintos y solo comparables por el resultado artístico. Concluyo diciendo que las tres horas de la función se pasan en nada y que uno se queda con ganas de ver al propio Sabina entonando cualquier tema. Ese es el resultado de que lo que se ve gusta.

De nuevo La Tenería

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Siento la situación vivida. Ésta no es otra que la de contemplar cómo La Tenería sigue sin ver alcanzados sus frutos: conseguir las viviendas prometidas tanto por el lado de la constructora como por el Consistorio, o la retribución económica, que al final ha visto que se le desestimaba el plan de vivienda, quizá por ser demasiado pretencioso o vayan a saber por qué de dicha contradicción burocrática. Por otro lado, escribo esto por si algunos de sus miembros quieren revelarme los datos y las insinuaciones off the record públicamente y además, que no es poco, también por el bien de todos, vosotros y yo, que se tengan unas pruebas sostenibles, viables y en firme. Más que nada, por evitar caer en la injuria y calumnia, aunque desde el estado de anonimato no se pueda, pero entiendan que si no publico lo que me piden es por eso, no porque sea un hincha de nadie, ya que aquí todos somos autónomos o se intenta serlo; sino por los dos límites expuestos anteriormente en detrimento del derecho de información. Para concluir he de afirmar que su campamento, el de La Tenería, está desangelado, vacío de representación pública y respaldo político. Mercedes Milá, Telemadrid y el diario Qué se han interesado en ellos (tal vez motivados por el boca-oreja), hace ya varios años en algunos casos y desde entonces hasta ahora las tiendas montadas se han ido deshaciendo menguando en su uso. Pero ahora parece que la situación se ha paralizado a la espera de otra fuerza impulsora. Si es la que vive en la única casa habitada, desde aquí le doy mis mayores ánimos.