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miércoles, 25 de mayo de 2011

Exposición de cuadros y pintura en Fuenlabrada

En la muestra de arte moderno que hay tanto en la sala B como en la C del centro cultural destaca un tal Joaquín Millán. Un artista que cree en la pintura como principal medio de expresión de cara a un público inmerso en esta era digital por la que, tal vez, estemos viviendo.Más arriba, sin relación aparente se encontraba en un primer lugar la exposición de María Carmen Ludeña que retrataba la vejez y, después, estaban las doce fotografías finalistas de la asociación fotográfica del barrio fuenlabreño de La Paz.


La perspectiva de Carmen Ludeña


Ella define sus cuadros u obras del siguiente modo: “Nuestro rostro es el mapa del tiempo que hemos vivido, nuestras circunstancias personales… esa huella se traduce en pliegues y arrugas, que son el camino que hemos seguido, como son en un mapa las líneas del mismo que nos indican el camino a seguir”. Esta creadora manifiesta a través del color y de las formas claramente percetibles, el paso del tiempo gracias a una serie de personajes ancianos que se han ido cruzando en la vida de la autora por alguna que otra circunstancia.


Acero y pincel sobre el lienzo de Joaquín Millán


En la galería destacan casi todos sus cuadros por el parecido que tienen sus pinturas con una simple fotografía de un exterior o interior urbanístico. Entre sus ejemplares destacan cinco cuadros donde aparece el Pabellón de Aragón y Palacio de Congreso Europeo. Pero muy por encima de ellos en calidad están Puente del Jarama con un punto de fuga central muy elaborado y lo que más capta la atención es el predominio del color negro sobre blanco. Lo cual dice mucho de la idea con la que se elaboró el cuadro: la estructura es la protagonista.También se puede hablar como ópera prima de Puerto de las Palmas donde el espectador puede apreciar un juego cromático tan misterioso que más que Las Palmas de Gran Canarias, el óleo parece recrear Pearl Harbor , antes del ataque, con todo el contexto bélico actual que se está aconteciendo.


Doce fotografías para doce meses


Para un colectivo fuenlabreño debe haber sido especialmente costoso y complejo elaborar cada una de las piezas de la muestra, algunas de ellas confeccionadas en sus propias casas; así que el reconocimiento debería haber sido mayor, que el de meros finalistas. La mejor de todas, puede que sea, Que te pilla!! Cuyo creador es Microchis.Aparecen tres figuritas, a modos de muñecos de cera, que ven impávidos como un cierre va a atropellar a un tercer muñeco que está decido a quedarse en medio de la oquedad de la cremallera. La iluminación perfecta. Gran obra.

lunes, 21 de marzo de 2011

Exposición "el arte del desnudo"

La primavera va llegando poco a poco, y eso es algo que también se nota en algunas exposiciones artísticas. Es el caso de El arte del desnudo, una muestra en la que aparecen multitud de retratos de cuerpos humanos, algunas fotografías, seis esculturas y dos performance (montaje electrónico, en este caso concreto).
Jueves, 10 de marzo; el centro cultural Tomás y Valiente ha escogido un confortable y apaciguador color beige para las paredes donde se exponen todas estas obras desde el 10 de febrero al 17 de abril.
Además de las consabidas muestras de la exhibición hay en las paredes impresas en letras rojas oscuro una serie de citas conocidas.

Temática

No es hasta la Grecia Clásica cuando eso se convierte en una idealización impulsada por los movimientos filosóficos que trataban la belleza y la armonía; como Aristóteles, Platón o Aristófanes. Es en el Renacimiento donde se alcanza la máxima exposición de la desnudez como algo hermoso. El máximo exponente es Miguel Ángel con El juicio final o El hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci y toda la proporción áurea que arrastran.
En la Edad Media el desnudo era considerado algo prohibido. La Iglesia siempre lo ha visto como pudoroso y un tema tabú, por eso encargaban los mecenas obras a pintores para que vistieran a sus vírgenes.

Citas

“Antes de vestir a un hombre tenemos que dibujarlo desnudo y después cubrirlo de telas”. Esta de Rafael Alberti puede ser, cuanto menos, enigmática. John Fletcher sostiene que: “La belleza, cuanto menos vestida, mejor vestida está” pero quizás la más filosófica sea la frase de George Sand: “La belleza exterior no es más que el encanto de un instante”.

Obras

En la mencionada exposición había obras clásicas, otras controvertidas y en el caso de la instantánea de Victoria Diehl se apreciaba directamente a una mujer con los pezones invertidos y aquí es donde la guía de la presentación, Julia Badino, abría un debate con otra asistente: “El desnudo es objetivo, ¿qué es porno y qué no?”.
Más erótico es La sombra habitada de José Luis Raymond, en la que aparece una fotografía de la silueta de un hombre negro donde las sombras juegan un papel clave en los contornos. Prosiguiendo con el tema abierto por la guía Julia Badino afirma que: “Hay imágenes que es mejor verlas de cerca” y “A veces es la posición del cuerpo y no el propio desnudo lo que es recurrente”.
Y cierra el dilema dejándolo en mano de los propios artistas, que no del público.
También destacan la mayoría de las esculturas que hay en la Sala A construidas en bronce, pero sin lugar a dudas, la más llamativa es la obra Desnudo de cristal de Xavier Mascaró; una mujer hecha escultura a través de la fabricación de una mampostería de cristal, estaño y hierro.
Por último, en cuanto a obras, destacar los dos performance de la exposición: Paloma Navares con nueve cilindros de los desnudos más importantes de la historia del arte con La niña del cántaro, entre Venus, ninfas y otras Evas y la escena cinematográfica en un televisor de Marina Abramovic en la que Skeleton es una serie de imágenes donde una mujer desvestida hace un coito con un esqueleto.

viernes, 25 de junio de 2010

Una paisajista

Caballos es un cuadro con más academicismo de lo que parece. La imagen muestra un paisaje en tres planos, es decir: una charca lejana que desemboca en un pequeño lago, que, a su vez, confluye en el más próximo a la acción principal donde están los dos animales. La perspectiva se alcanza con la escenificación de las tres zonas acuáticas situadas a alturas diferentes.
El lienzo de Raquel Díaz está influido por cierto tenebrismo en los claroscuros del cielo, follaje y árboles de la escena. En menor o mayor medida podría llegarse a la conclusión de que hay más influencias como la escuela veneciana o el propio John Constable o Joseph Turner; los más afamados paisajistas ingleses. Si aún no lo ven esperen a la siguiente oportunidad.
El tema que la autora nos intenta transmitir es el esplendor de la naturaleza y su lado más puro e incontenible. De ahí el abundante caudal acuático y el retrato de dos caballos salvajes. Aunque decir salvajes es, a lo mejor, apresurarse en exceso, ya que son de color blanco por entero, para irradiar pureza o libertad cuando el tono más frecuente en estos casos es el marrón (partiendo de la base de que aún existan caballos salvajes). En cierto modo están idealizados; fruto de la belleza más platónica. Para zanjar el análisis objetivo queda por destacar que el trazo de los caballos está logrado.
Sin embargo, la idea global se resquebraja por un elemento que puede quedar un poco camuflado por la belleza general, aunque esté en primera línea de visualización… el tronco seco y talado. Subjetivamente puede escenificar la preocupación por algo que siempre espera en la retaguardia. Aunque puede ser sin más un elemento que ha introducido la artista para añadir más rigor y semejanza con la naturaleza.

La segunda pintura de Raquel Díaz llamada Provenza posee las influencias paisajísticas que nombraba al comienzo. En la obra se ve un paisaje rural con las montañas a lo lejos. Hay varios aspectos destacables. Que el punto de fuga se consiga con una perspectiva en curva hacia la derecha, remarcada por la línea de flores púrpuras (ver La masacre de los inocentes de Rubens con otra perspectiva en curva. Una pieza ubicada entre las diez más caras del mundo) y que, no sé si es por el escaneo, pero las montañas, el cielo y parte del bosque parecen estar conseguidos con la técnica del puntillismo. Este último detalle, bien por experiencia o azar, dota a Provenza de un tono refinado y trabajado. Tanto uno como otro se asemejan en un contraste de tonos suave y bien repartido. En cambio, es el que más dudas genera sobre si está culminado por la artista ya que no tiene relación aparente con el conjunto de la serie. Confiemos en que sea propio. De ser así, ostenta un don tan enorme como el de la pintura.

miércoles, 23 de junio de 2010

Bienvenidos al arte elctrónico

Hay pocos datos concretos en Internet sobre ella. Es casi una desconocida. El autor Andrew Solomon analiza el complejo de la depresión, el estrés y la forma en que vivimos en el libro de 2001 El demonio de la depresión. En él, también agradece la aportación social que hicieron las tres hermanas Brontë, Charlotte, Anne y Emily. Tres mujeres que lucharon contra la discriminación de género y acabaron convirtiéndose, en contra de los pronósticos, en escritoras consagradas (Emily, sin ir más lejos, es la autora de Cumbres Borrascosas). Estas van a ser las bases de la interpretación subjetiva del cuadro que Elaine Reichek expuso en Nueva York, en 1943.
El cuadro me recordó a la puesta en escena del grupo británico (que casualidad, las hermanas Brontë también eran inglesas) Pet Shop Boys. Uniendo estos dos puntos independientes podríamos llegar a contener el esqueleto de lo que nos quiere transmitir la creadora.
Otra de las bases del libro del autor, anteriormente mencionado, es cómo influyen en nuestra vida los sistemas electrónicos, las computadoras. Bien, cualquier fan, de dicho duo, podrá ver un punto de simbiosis entre el cuadro de Reichek y el grupo de pop electrónico inglés. En los conciertos utilizan colores químicos e industriales sobre fondos negros; en el cuadro vemos un amarillo sobre un fondo negro. Aunque en la imagen colgada se ve una especie de performance ridículo con un muñeco rojo al lado de un fragmento de la obra analizado y que tampoco tiene el color amarillo y sin eso...
La autora podría decir con esas tres figuras de la composición fotográfica, que estamos inmersos en un mundo cibernético del que no podemos escapar. Eso es lo que intentan, precisamente, los protagonistas de la imagen, liberarse del cono que les bloquea los sentidos, quieren arrancarse esa venda. Estamos frente a una composición electrónica dentro de las posibilidades que ofrece la contemplación de una simple fotografía impresa en escala de grises y retocada por la autora. Además, las manipulaciones que ha hecho sobre la ropa de los personajes, denotan cierto futurismo. El resultado sería parecido si se suplantara el fondo blanco por uno negro y las figuras negras por blancas. El estilo copia la repetición de una misma imagen multiplicándola como hacía Andy Warhol en sus composiciones.
En un primer vistazo, la mirada se clava en la figura central enmarcada en negro. La silueta se encuentra rodeada de naturaleza y es la que más color amarillo tiene sobre sí. Parece que lo que nos indica es que hasta el ciudadano más libre, no deja de ser preso de la tecnología, de las armas. Y digo armas porque la fecha de la exposición es muy importante. 1943. La segunda guerra mundial.
Todo ello genera un sentimiento de frustración, de rabia, por eso Reichek inmortaliza a esos tres hombres intentando zafarse de la venda, porque es el significado último de la imagen: aunque las cosas vayan mal, el hombre (e incluyo a la mujer) siempre intenta salir adelante, avanzar hacia el progreso. De todos modos, el resultado final trasmina un aroma de inconclusión y demasiada sencillez. Si lo analizado fuera un menú es como si la artista sólo nos ofreciera el primer plato.
Tres figuras en la composición, tres hermanas que se rebelaron contra la sociedad; pero esto sólo es otra coincidencia.

domingo, 20 de junio de 2010

Su verdad es el desnudo

Esta artista inglesa de treinta y siete años sabe retratar la desnudez sin reparos. En la actualidad, Jenny Saville, vive en Roma donde hace unos tres años, aproximádamente, expuso sus obras. El mayor reconocimiento fue en 1994 en la galería Saatchi. Algunos expertos consideran que se sitúa dentro del hiperrealismo, pero habría que considerar, que ya ha hecho méritos propios para considerarla como una artista inclasificable.
Tiene un genial dominio de los colores. Con ello pretende demostrar el lado más íntimo y común de los seres humanos. En el tríptico de la mujer obesa en ropa interior, podríamos encontrar cierto paralelismo con Las tres gracias de Rubens, pero sería algo puramente anecdótico. Aquí, Saville, no quiere decir que se vuelvan a poner de moda los cuerpos gruesos; está haciendo una exhibición sincera mostrando algo de forma grotesca para definir a una humanidad sin escrúpulos.
A primera vista, puede parecer que estemos ante una prima lejana de Fernando Botero, pero no se asemejan a pesar de retratar el gusto por las curvas. En el artista colombiano era una técnica, ahora la autora inglesa lo emplea como un arma punzante. Primero se rebela contra los cánones de belleza y luego engaña al espectador mostrando piel rosa que no significan bienestar ni bonanza, sino rebeldía y dureza.
Ella consigue asfixiar al espectador entre tanta carne colocando la perspectiva sobre los cuerpos como si el que observa el cuadro estuviera encima de las protagonistas de las pinturas o, peor aún, éstas sobre el espectador si en una exposición se colocaran estas series a una distancia más cercana del techo. Las obras no tienen una composición definida, pero se puede apreciar cierta distribución triangular, como se puede captar en el cuadro del transexual. Las figuras están estáticas, carecen de movimiento pero este factor no les quita agresividad, es un realismo que grita en silencio. Prueba de ello es la siguiente frase que Jenny Saville dijo y que recoge las bases de sus cuadros: “Nos enseñan a juzgarnos desde una edad muy temprana, a controlar lo que comes, lo que te pones, productos para la piel… el cáncer de pecho”.
Francamente, la obra en la que aparece una mujer arrancándose un pecho es desgarradora. Paradójicamente, dentro de la obesidad que retrata hay un canon establecido. Aunque no lo parezca sin “la medida de todas las cosas”, como dirían los renacentistas, los cuerpos no tendrían una proporción perceptible y a pesar de la obesidad, ese canon dota a la pintura de un realismo sobrecogedor. Con ello quiero especificar que aunque va contra las medidas ideales como el dibujo de Leonardo Da Vinci, el Hombre de vitruvio, la autora respeta y reproduce las proporciones para que las imágenes guarden el mayor parecido posible.
La creadora anglosajona se retrata en algunas obras para enfatizar el realismo y el sentimiento de denuncia social. Habría un último elemento, la luz. Aquí la luminosidad es el agente secundario, ya que mejora la interpretación del color, que es el principal.
Gracias a la luz, los tonos blancos recobran un carácter más profundo. La artista consigue enfatizar el mensaje remarcándolo en tonos lánguidos. Los rostros níveos alojan más vida que nunca. Sin embargo, hay otros que contradicen esta idea.
Me estoy refiriendo al retrato de Saville que parece estar intubada en un hospital con el ojo amoratado, como si le hubieran dado una paliza. Otro ejemplo de expiración es la otra composición que sale acostada sobre un espejo con el gesto repleto de tonos rojos, parece que está a punto de eximir el último aliento.
Hay un dibujo especial del rostro joven de una mujer de ojos claros, cuya expresión está dividida por una tonalidad azul y otra roja.
Aquí, la principal característica es que deforma los labios de la mujer y la tonalidad rojiza parece fluir desde la boca, como si la hubieran pegado o maltratado. Vayan ustedes a saber si dicho mensaje puede ser, finalmente, de perogrullo: La suerte de la fea la guapa la desea.
La autora inglesa, recuperando la materia prima intelectual, quizás intente recordarnos que, bajo la realidad de las modas, las marcas y los estilos de vida, sólo nos queda eso; la carne.

Entrevista a Juan Carlos Moya

Recuerdo, lejanamente, el cuestionario formulado y que este reponsable técnico de arte del centro cultural Tomás y Valiente en Fuenlabrada, me contestó en 2008 en plena galería. Se hacía extraño ver una exposición sin nadie en la sala. La hora, considero, que era tempranera para colocarse delante de una pintura o tapiz. El arte es mejor contemplarlo con el algo en el estómago; como casi todo.

¿Se consigue difundir el arte con las exposiciones?
-Si viene mucha gente. Hay teatro, conciertos, asociaciones... Lo que a nosotros nos interesa son las excursiones de los colegios; así captamos a un público desde joven porque si uno ya viene con treinta o cuarenta años ya es muy difícil.

¿Qué tipo de público es el que suele asistir?
-Viene de todo tipo. Hacemos hincapié en que asistan los centros educativos de toda la zona sur. Como ya te he dicho antes, hay que implantar el arte desde la infancia. Viene gente de todo tipo, depende de la exposición. Buscamos la empatía con el profesorado para que vengan los niños.

¿Cuánto cuesta al Ayuntamiento implantar todo esto?
-Esto es una apuesta política. La ciudad se hace con la cultura. No se busca rentabilidad sólo un bien social. Esto viene de los fondos públicos y cooperaciones con cajas o fundaciones.

¿Quién colabora con el consistorio para llevar a cabo esta exposición?
-En este caso Caja Castilla la Mancha.

¿Qué otros programas para difundir el arte se llevan a cabo?
-Se intenta dinamizar la cultura con las asociaciones: pintura, danza y teatro.

¿Duran mucho las exposiciones?
-Pues ésta por ejemplo, creadores de los siglos XIX y XX, dura unos dos meses y medio. Las de la segunda planta un mes y medio y ya de las de la tercera alrededor de veintiún días.
Aquí acaba la pequeña entrevista. Juan Carlos, con una actitud demasiado despierta para ser las nueve de la mañana, me lleva ante un dibujo hecho de grafito: “este es mi preferido, es un trabajo de chinos”. Tengo ante mí la obra interior con retrete de Jesús Caulonga. La verdad es que es un gran dibujo y tiene todos los detalles logrados, hasta los reflejos en los baldosines del baño. Nos despedimos, no sin antes insistirme en darme un catálogo de toda la exposición. Lo importante es que si los Ayuntamientos cumplen con lo que dicen estarían haciendo una gran labor de difusión cultural. Otro hecho significativo es quién está detrás del arte; las entidades bancarias y la política; por lo tanto no es un arte libre es un arma electoral. Un sable con un filo político y otro educativo. Esto puede ser positivo, siempre y cuando, se sigan haciendo exposiciones cuando salga el partido de la oposición. Resultado electoral, por otra parte, que es más que improbable en dicha localidad.

martes, 15 de junio de 2010

Desasosiego

La obra de Rubén Barroso es tan sencilla como enigmática. En Inquietud se pueden apreciar los colores de un fauvista, bajo la inclusión, también, de formas y contornos en su arte figurativo. Sólo hay un plano o escena. Ésta está representada por una calavera antropomórfica cuyas dos oquedades oculares están justo al nivel de los ojos del espectador. Esta estrategia (hecha ex profeso o no) consigue involucrar al observador en la obra. La osamenta lo único que hace es mirar dentro de lo que cinematográficamente se conoce como primer plano y en el que sólo se muestra el rostro del protagonista.
El fondo está borroso escenificado por una mezcla violenta de negro sobre una base de rojo. La calavera conserva otra base blanca pero salpicada de unos colores suaves como son el verde, azul, naranja y gris, que, a su vez, se contraponen también al tono rojo que es el verdadero protagonista de toda la gama o paleta (en este caso cera).
En el dibujo de los contornos óseos hay que destacar la asimetría lograda. Sin duda un rasgo común de los seres humanos; consistente en que si nos dividiera un eje central enteramente, se apreciaría que las dos mitades corpóreas son distintas. Por otro lado, bien es cierto que hay un pequeño porcentaje de la población cuya simetría es más pareja a la de la inmensa mayoría (los que por cierto, algunos estudios, supongamos que rigurosos, sostienen que esa característica les genera más beneficios tanto en el mundo empresarial como en el terreno sexual).
Por último, con respecto a Inquietud, comentar la mayor carga subjetiva que soporta el cuadro. Si nos detenemos en la mandíbula parece como si se estuviera diluyendo. El tono dorado que la colorea podría indicar, incluso, que es como si fuera de arena. Rubén Barroso, quizás, pretenda expresarnos que la inquietud comienza a devorarnos por la boca, ya que sobre la frente o el hueso frontal descansan las ilusiones ante la seria amenaza de ser absorbidas por el negro. Para acabar con los colores resaltar que el autor coloca un verde en el hemisferio derecho (donde radican la intuición, la creatividad, el amor y la espiritualidad) y en el hemisferio izquierdo (lado más racional y calculador) lo ha definido con un frío azul y de un incisivo rojo que también se sitúa sobre el vacío de la nariz. Tanta violencia cromática recuerda, en menor medida y parangón, a Francis Bacon en su fin.
En su otra obra Presencias sigue presente su halo de misterio. En esta ocasión se aprecian unas siluetas humanas, sin orden aparente, ligeramente ladeadas hacia la parte superior izquierda del lienzo, cartulina, papel o cualquier soporte que haya utilizado. No tienen rostro. En su lugar tienen una serie de líneas zigzagueantes como si la masa estuviera hipnotiza o perdida.
Los colores son el rosa para las sombras. Esto indica que hay un foco de luz desde la zona superior derecha de la imagen, pero que no está incluido en la pintura. Este hecho genera una continuidad o progresión de la acción interna: la luz les viene por un lado y los personajes miran hacia otro. Para concluir, enfatizar que el color azul metálico es el verdadero impacto visual del cuadro. Un tono de connotaciones positivas (I´m feeling blue dicen los ingleses para referir que se encuentran bien), y que aquí el autor da un giro para convertirlo en un, cuando menos extraño, horror vacui, tal y como ya hizo Pablo Picasso en su periodo azul y muy apreciable en el caso de El guitarrista ciego.

jueves, 20 de mayo de 2010

Arte desde Corea del Norte

Ya se ha montado el lio. Una muestra de arte norcoreano, que expone una clara temática sobre el régimen de Kim Il-sung cuando era dictador de Corea del Norte, ha levantado ampollas para sus detractores. La exposición tiene el escueto nombre de Flores para Kim Il-sung: Arte y arquitectura de la República Democrática Popular de Corea y se exhibe en el museo austriaco MAK.
El director de dicho museo ha tenido gran ojo ya que este debate generado le viene muy bien de cara a la publicidad y su correspondiente recaudación. De facto, la controversia es una característica pública muy ligada al arte.
Aquí, en Barcelona, también se están exponiendo reproducciones artísticas del país coreano sin tanto ruido. El dato demuestra el avance de la sociedad catalana y lo cercada que está la de allí.
Los treinta carteles propagandísticos subyugables del fallecido padre de Kim Jong-il son bastante básicos, pero la obra de Ri Tong Gon In early morning muestra más connotaciones artísticas que los otros dibujos dictatoriales.
Aparecen cinco mujeres asiáticas sonrientes ataviadas con ropa cómoda como si fueran a irse de excursión al campo, pero contrasta la imagen de una ciudad de rascacielos corroída por la polución ambiental. Otro aspecto a destacar es que van paseando por mitad de la calzada. Ellas son el primer plano y el segundo, conseguido por el punto de fuga marcado por las líneas de circulación en la carretera, es el paisaje de la ciudad donde se muestra un trabajador del estado que va limpiando la calle con una sonrisa en el rostro. Un hecho ficticio puesto que no es muy dado la expresividad en su cultura. Algo que habrá sido bien acogido por el posible líder que haya encargado el cuadro.
Un detalle obvio es el color rojo en sus ropajes. Símbolo del comunismo o el hecho de que tres de las cinco protagonistas lleven consigo una escoba como si estuvieran limpiando la sociedad a su paso. El segundo color más importante es el azul para infundir tranquilidad y sosiego.
El título hace mención al modelo que intenta implantar el régimen autoritario: trabajadores sonrientes desde por la mañana.
Pues sí. Es arte.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Sueño y misterio


El gran masturbador es una de las obras más representativas de Salvador Dalí. En un primer vistazo ya se aprecia esa dimensionalidad espacial tan característica, la cual dota a las formas de una ligereza acuciante como si los cuerpos flotaran sobre las superficies representadas.
La imagen es figurativa puesto que se reconoce la gran mayoría de figuras, objetos y personas que aparecen.
Se podría llegar a afirmar que hay dos planos: el primero es el superior que es un autorretrato y el segundo caracterizado por las tres figuras de menor tamaño que representan otra acción, movimientos y significación.
La tonalidad de los colores es muy suave en grises, azules y amarillos. Lo que ya es un sello de identidad. El otro puede ser la deformación de algunos objetos en otras obras como si se estuvieran derritiendo o la presencia de hormigas para escenificar la muerte.
En el que tenemos delante está cargado de simbolismo. El concepto general puede ser la representación de un sueño y de ser así, El gran masturbador sustenta mucho de lo que Freud ya sostenía en su psicoanálisis dentro de La interpretación de los sueños. Aunque, como resaltaba al comienzo de este mismo párrafo, maneja varios posibles mensajes en su lectura.
Dalí es el protagonista absoluto de la pintura al estar presente doblemente en el rostro durmiente que se apoya en el suelo con la nariz y la figura humanoide dibujada básicamente que abraza a Gala cerca de unas rocas. El sujeto del flanco inferior izquierdo (desde la perspectiva de quien observa) puede escenificar la soledad, que, a grandes rasgos, es el tema principal de la composición, de ahí la masturbación.
El peligro o la muerte pueden ser idealizadas por la cigala o las hormigas. En las dos ocasiones son insectos.
Secundariamente hay un fuerte simbolismo tanto terrenal como sexual. Este detalle se aprecia en que hay un león, una flor y unas ramas de un árbol seco o caduco en lo referente al ámbito de la naturaleza y un simbolismo marcadamente referido al sexo en la lengua del felino y en los pétalos de la flor.
Por otro lado, queda bastante nítido que hay una mujer próxima a una cintura masculina dentro de este singular mundo onírico y onanista.
Personalmente, aprecio que la figura de la mujer principal sobre el hombre emana de un contorno que simula un pene diseccionado dejando la oquedad del testículo y del conducto urinario. Desconozco con qué fin y su interpretación.
Aunque resulte disparatado el cuadro tiene un tiempo escenificado que se puede apreciar en las sombras creadas por las siluetas y contornos. Parece que es medio día. Sobre las doce pues.
Sin embargo hay dos matices que se escapan al análisis. No sabría los motivos por los que el retrato principal de Dalí tiene un anzuelo insertado en la frente. Con toda seguridad sea algo referente a los sueños, tal y como es la diversidad de colores junto a su ojo dormido. Tampoco queda claro lo que soporta sobre su nuca (espaldas de la mujer), algo semejante a una estructura que sustenta una nube negra y pequeña. En cualquier caso es una obra que admite multitud de interpretaciones. ¿Quién podría negar que la figura solitaria no sea el espectador que ha cruzado al otro lado?
El autor consigue con todo ello que su pintura no pase desapercibida.

domingo, 2 de mayo de 2010

El arte violado

Algo perturbador debe de tener el arte cuando a lo largo de la historia los regímenes dictatoriales han mutilado la creación (por un lado nazismo) o la han empleado para sus fines políticos (fascismo por otro).
Comenzando por el nacionalsocialismo alemán, cabe destacar que se deja a un lado el procedimiento figurativo, por el que un espectador puede interpretar visualmente lo que ve, y se empieza a pintar con rasgos abstractos. Esto ya puede decir algo explícito como el hecho de que ante una situación totalitaria el artista sienta represión y pueda querer escapar de la realidad manchando un cuadro impulsivamente (por mucho que, poco más tarde, llegara Jackson Pollock, para negarlo y afirmar que es un arte controlado al milímetro).
Tal es así, que algunos se vieron forzados a emigrar a los Estados Unidos.
En ese caldo de cultivo se genera un movimiento arquitectónico (siempre es mejor ponerse a colocar ladrillos cuando tienes un cañón en la sien que a trazar puntos de fuga en un lienzo). De ese flanco nace La Bauhaus con Walter Gropius a la cabeza (como bien aparece explicado en http://www.slideshare.net/gondomar/cultura-arte-en-los-totalitarismos). Dentro del edificio se trabaja conjuntamente. Impera la funcionalidad de las arquitecturas por encima de la estética; como queda reflejado en las materias principales: hierro y hormigón.
En este contexto, el arquitecto galo Jean-Louis Cohen, recogió en una biografía sobre Le Corbusier, uno de los arquitectos clave en ese art nouveau del XIX bajo la bota nazi, una galería de todas sus obras desde La casa Falllet en 1906 hasta el Teatro Carpenter de artes visuales en 1967. Le Corbusier fue un pionero en toda regla, subestimado por Dalí y enaltezido por las vanguardias rusas que lo vieron como el prototipo del nuevo hombre. El autor lo que hizo es aplicar racionalidad a la obra leyendo a los mejores filósofos como a Nietzsche que le inspira con el lema ¡conviértete en quien eres! Por cierto, el filósofo alemán que influyó en realidad a Adolf Hitler fue Hegel.
Por otra parte, en el fascismo está el futurismo de Marinetti, que llega a implantar y desarrollar un partido político con el manifiesto futurista. Raúl Morodo publicaba en El País, 1986, que ese futurismo estaba precedido de un poso ideológico de Nietzsche y Marx (me pregunto cómo alguien puede tergiversar a unos autores, que se supone que son referencias conforme al concepto de libertad).
En este movimiento italiano que quiera expandirse globalmente, se palpan las características principales como son el movimiento y la tecnología. Las raíces conceptuales más profundas sostenían que un fascista es un hombre de acción (de movimiento aplicado al texto).
Si hacemos un esfuerzo y sustraemos el corrosivo fin de este movimiento artístico (no sólo por pretender ser el pedestal de Benito Mussolini, sino la glorificación de la guerra y el menosprecio de la mujer) podemos disfrutar plenamente de Hombre caminando de Giacometti o Formas únicas de continuidad en el espacio de Umberto Boccioni (está en algunas monedas de veinte céntimos); ambas esculturas. En cuanto a la pintura, cualquier pieza de Estados de ánimo que Boccioni ideó, valdría como buen ejemplo.
Poco más, que el arte sólo sea arte.

martes, 13 de abril de 2010

Otro legado de Warhol


Estaban perdidos dentro de un cartapacio como bien indica El Mundo(http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/13/cultura/1271149063.html) hasta que algún familiar del Andy Warhol, galerista o marchante, da lo mismo... para el caso, ha decido desempolvarlos y sacar a la luz treinta y cinco láminas y doce dibujos, que el artista desarrolló por encargo de la empresa Mercedes Benz en 1987.
Entre ellas está la del modelo C-111 o el del Mercedes 400. No hace falta más información ante ellos para reconocer de quién han salido. De una tonalidad saturada e impactante nos viene a la memoria el autor de procedencia.
Fue un artista discutido y el más destacado del Pop art, por no decir que ha sido el verdadero pope. Sus obras más recordadas serán las de Sopas Campbell´s, Marilyn o Triple Elvis, entre otras muchas. Por otro lado, pocos recordarán que también dirigió largometrajes sin tener la más mínima idea de la duración idónea. Así fue el firmante de Empire de ocho horas de duración o Eat de cuarenta y cinco minutos. La primera era del Empire State y la segunda mostraba cómo un hombre se comía una seta. A decir verdad, no sé cuál es más divertida. Lo más digno fue el atreverse a filmar dos nuevas adaptaciones de Drácula y Frankenstein. Producto de su hiperactividad fue el apadrinamiento de la banda de música The velvet underground (de la que, por cierto, desconozco cualquier tema suyo. Para ser sincero no he visto tampoco ninguna de sus películas).
Su rasgo principal es la utilización del color para enfatizar y la superposición de una misma imagen, como si de un revelado fotográfico se tratase, matizadas con distintas tonalidades y contrastes.
Si este estadounidense no creaba arte, piensen en el inodoro de Marcel Duchamp y su dadaismo. Tal vez la genialidad no fuera el colocarlo en una pared, sino el de girarlo 180 Cº hacia el suelo.
Regresando con Andy. Es un detalle el hecho de que una conocida marca de automóviles recurriera a un artista para su centenario, en vez de recurrir a la publicidad o a una mera exposición con banquete, musicón y espectáculo de fondo. El arte como herramienta de marketing. Interesante. Por último, comunicar que estas obras póstumas de Warhol serán expuestas en el Museo Albertina de Viena.
Este creador es un claro ejemplo del artista que produce obras como churros de feria. En ese caso, él mismo debería haberse preguntado si lo que pretendía era mostrar, tener algo que contar o, simplemente, vender.

sábado, 3 de abril de 2010

Fantasmas de Goya


Hace bien poco aparecía en la prensa gratuita un pequeño artículo sobre la influencia de Goya en otros artistas posteriores. Estamos ante uno de los rasgos que hace de alguien un clásico, por encima de que su obra siga transmitiendo y de que sea muy actual para aquella época. Esta característica no es otra que la de ser un modelo a seguir. Vamos, lo que les convierte en sobrehumanos, porque ni el tiempo llega a sepultar a esos protagonistas históricos. Francisco de Goya, uno de los tres maestros junto a Pablo Picasso y Diego Velázquez, se expondrá en el Palazzo Reale de Milán hasta el próximo 27 de junio de 2010 bajo el nombre de Goya y el mundo moderno. De las casi doscientas piezas que se exhiben también son de Paul Klee, Joan Miró, Francis Bacon o Jackson Pollock, entre otros. La flor y nata en el ámbito; presten atención pues.
Los rasgos que ha transmitido el de Aragón son la subjetividad (que bajo ella debe haber un exhaustivo análisis de la realidad objetiva), la irracionalidad (un caldo de cultivo idóneo para la creación artística a través de las manos de Bacon o Picasso) importancia de la sexualidad y del cuerpo, más la presencia del terror, violencia y miedo. Es decir, creación artística en estado puro.
Cuando un genio se inspira en otro, ¿en qué convierte al primero?
Ojo avizor a la inclusión en el artículo de Valeriano Bozal y Concepción Lomba, los comisarios de la muestra, ya que, junto a los galeristas de tales eventos, suelen ser los que verdaderamente mueven los hilos del arte. Gracias a ellos las piezas se llenan de vida, euros y dólares. Son los encargados de ello.
De todas las pinturas que aparecen en las imágenes, la más impactante es Hombre rojo con bigote de W. Kooning. Es una obra fauvista con rasgos del expresionismo. El manejo de los colores es prodigioso. Detalle que se percibe en el color rojo que define el cuerpo del hombre, en clara señal que denota hostilidad contraponiéndose al verde y a los tonos más ocres; pertenecientes al paisaje o fondo. Sólo hay un plano, carece de punto de fuga. El color amarillo define el contorno de la silueta humana. Lo más atractivo es el bigote que es de un rojo más oscuro y parece que le brota de las fosas nasales (la sangre de la vena es más oscura que la de la arteria).
¿Por qué no puede hacer eso cualquiera? Pues porque nada está al azar. Ni faltan elementos en la composición ni sobran. Es perfecta. Redonda. Única.
Y lo mismo digo del resto de cuadros que habrá en Goya y el mundo moderno. Un diamante lúdico. Qué pena que sea tan lejos.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Una cena peculiar


A principios de los años setenta, Judy Chicago impartió un programa exclusivo para mujeres en una Universidad de Fresno. Forma parte del Movimiento Feminista de los años 70 en los Estados Unidos. Algunas de sus obras son Womanhouse, Birth Project o The holocaust Project.
La obra que aparece en la fotografía es The Dinner Party. Habría que matizar, que es una instantánea de un enviroment (instalación artística de mesas, sillas y decorados, en este caso) que construyó en 1979. Conserva cierto simbolismo católico al ser una mesa triangular lo que contradice lo que se están comiendo en la mesa (alimentos que simulan ser órganos sexuales femeninos).
Las copas tienen similitud con el cáliz sagrado. El hecho de ser un triángulo evoca, en sí mismo, un pubis. Aunque según la simbología puede representar la perfección o el equilibrio. Los cubiertos son de madera como en la Edad Media.
La mantelería es una crítica al papel de la mujer en la sociedad; ser amas de casa. La obra es un homenaje a 33 mujeres que, según Chicago, representan los pilares del mundo occidental. El número de mujeres también es simbólico ya que el tres, tanto en la literatura popular como en la simbología, es un número especial y místico. El espacio interno de la mesa está alicatado con azulejos que reflejan la luz, otorgando a la obra un halo divino.
Hay un gran misterio por el hecho de lo sencillo que parece todo, el halo religioso que envuelve la escena y lo que van a degustar los comensales.
La perspectiva está muy lograda gracias al contraste cromático, el gran tamaño de la escultura y las líneas perfectamente visibles de las mesas. El punto de fuga sería esa luz en mitad del triángulo. Tal vez, intente compararlo con el punto de dónde nace la creación; el útero. Los colores de los hules, manteles y alimentos son ocres lo que transmite una sensación de tranquilidad y quietud; es como si avisara de que ahí van a estar personas; es una aproximación a lo carnal, al pecado. Si los colores fueran más fríos y llamativos podría indicar algo artificial o inhumano, pero no es ese caso.
The Dinner Party carece de movimiento. Es como una obra inacabada ya que le falta lo más importante, la gente comiendo y charlando en el banquete murmurando que no saben, exactamente, lo que están degustando.
Tiene gran proporción por el tamaño real del enviroment. La composición es triangular con dos planos: el primero las mesas, manteles y platos y el segundo el hueco alicatado que queda en el centro reflejando la luz.
En cuanto a la forma, decir que está fragmentada porque de la obra original se ha sacado la foto; una creación en dos soportes.
Una buena escultura, pero incompresible ya que si es una crítica a la sociedad y pretende resaltar los valores y roles femeninos, no se comprende que las protagonistas del banquete sean mujeres. Deberían ser hombres los que comieran de los platos como si de esclavos se tratara. La artista deja ese cabo suelto.

La incomunicación de la burocracia

De nuevo Estados Unidos. La fertilidad de ese territorio debe tener algo especial para concebir a tantos artistas. A finales de los setenta la carrera de Jenny Holzer comenzó a cosechar sus frutos. En vez de las naranjas dulces de Valencia, ella regaba obras textuales en Ohio. Descubrió que todo texto proyectado sobre cualquier formato podía ser una obra de arte en sí misma. No importa quien hubiera escrito o ideado ese conjunto de frases, porque según la autora: “de esa manera son puro contenido, lo que sea que quieran decir”. Ya en 1977 comenzó su primera serie Tópicos, que no cobró cuerpo hasta que se le ocurrió presentarla sobre pantallas electrónicas en Times Square. Ya tenemos los dos pilares básicos de su obra: textos y pantallas electrónicas o cualquier otro soporte de la construcción y vestimenta. Desde entonces ha expuesto por medio globo: Nueva York, Viena, Turín, Texas, Berlín y Málaga, entre otras ciudades.

Siguiendo con la serie Tópicos, es preciso recordar algunas de las frases más notorias, como: el ruido puede ser hostil, la palabra sirve para ocultar la incapacidad de actuar y tienes que tener una gran pasión.
Centrándonos en la obra Red Yellow Looming, hay que recordar que es una composición de trece pantallas luminosas en las que se van reflejando mensajes desclasificados del gobierno, habría que escribir miles y miles de folios para llegar a vislumbrar todo lo que Jenny Holzer quiere transmitir. La artista está haciendo una dura crítica contra el Estado. Por ello utiliza como medio de transmisión las plataformas luminosas que podemos ver en los servicios sociales como hospitales, los centros de seguridad social, empleo, etc. Considero que ella se está decantando por una crítica burocrática. Pretende dinamitar al Estado desde dentro. Esos paneles rememoran mañanas perdidas y desayunos funcionariales de hora y media; evocan las legañas decorosas, el sostén caído y la corbata mal anudada; el querer decirlo todo con una frase en rojo y, en verdad, no decir nada. El anima de Larra con su Vuelva usted mañana en la mano se posa sobre Red Yellow Looming. Aunque es una obra electrónica no tiene sonido. Eso no repercute en que las letras amarillas y rojas resulten hostiles. Es como si gritasen: ¡Espere su turno! o ¡Le falta un papel en su petición!
Toda la composición quedaría muda sin el excelente juego de sombras. Una oscuridad moderna, ya lejana del tenebrismo de Caravaggio, pero que se sostiene con los mismos hilos invisibles (ver La vocación de San Mateo, de Caravaggio) de aquel afamado artista.
Galeristas no le faltan a esta americana. Sin ir más lejos dos españoles han patrocinado la exposición de esta obra. El primero de ellos fue Manuel González Longoria que prestó sus salas en 2004 para Red Yellow Looming. Hace unos años, con la feria de ARCO, signo del contexto en el que se mueve la artista estadounidense, Javier López ha patrocinado la segunda exposición de su composición. No hay que olvidar, que también estuvo en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga.
Por último, decir que apenas hay rastros de disconformidad por parte del Gobierno Estadounidense en la Red sobre esta pieza; deben de asumir sus top secrets. En contundencia es complejo ganar a los mensajes, frases y textos de Jenny Holzer. Algún líder carismático debería habérselo reconocido ya. Imaginen el diálogo entre el Dalai y Holzer: -Gracias Jenny, por mostrar un mundo donde las palabras derrotan a las balas.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Cómo ningunear el arte

Hasta dónde va a llegar la excentricidad. Robert Mapplethorpe, ese andrógino a medio camino entre David Bowie y Mick Jagger, intenta comunicarnos que lo más depravado del sexo, también es arte. Está confundido. Si colocaran a Nacho Vidal en una tarima en el Reina Sofía y nos dijeran que es una recreación del David de Miguel Ángel, nos estarían engañando. Tan sólo lo observarían, una vez descubierto el timo y sin perder detalle, las cuarentonas y cincuentonas enjoyadas con abrigos de piel. Las mismas que deben elogiar a este artista estadounidense. Sus fotografías parecen estar sacadas de los suburbios sexuales más oscuros de Nueva York. Habría cierta comparación con otra forma que si es arte, el body painting; la pintura plástica aplicada sobre la piel que ya se desarrollaba en la prehistoria.
Este método utilizado por artistas como Victor Akishkin y Joachim Gúnther, al menos, tapa lo que enseña Mapplethorpe con colores vivos e imaginativos; aunque la semejanza entre ambos estilos es como comparar a dos erotómanos con un maniaco sexual. Fijaos, incluiría incluso dentro de lo considerado artístico a ese autor de la década de los sesenta que embadurnaba a mujeres asiáticas con pintura negra y las arrastraba sobre un gran lienzo colocado en el suelo. Este hecho me induce a pensar que Marcel Duchamp y Andy Warhol se equivocaban. Por mucho que introduzcas un utensilio en un contexto artístico como un museo, eso no denota que sea arte.
Regresando a Robert. Sus desnudos sobrecogen al espectador porque lo muestran todo, no dan lugar a la interpretación, es un exhibicionista. Formalmente, no hay ni perspectiva, ni composición ni otras reglas básicas que otras obras si tendrían. Al menos, es de agradecerle, que las instantáneas sean en escala de grises y no a color, porque si ya impactan a simple vista, a color te asestarían la segunda cuchillada. Él prefiere trabajar los colores primarios en sus obras de flores. Siempre ha fotografiado a actores pornográficos, músicos, directores y amigos, que le servían de inspiración.
La fotografía Lysa Lyon no es tan violenta como otras imágenes del propio autor. Parece que ella misma forma un cuadro en la pared vacía. Tal vez sea eso lo que nos quiera decir Robert en la obra, aunque lo que desconsuela es lo que nos quiera decir en todas las demás. Estas exposiciones se aceptarían en una ciudad como Madrid o Barcelona que tiene hasta un festival erótico, pero en pueblos de la península como Boiro en Galicia o Lopera y Porcuna en Jaén (no se ofendan los residentes) no tendrían tanta aceptación. El público saldría enojado de allí sin duda; es más, me cabe que hasta ofendido.
Si un artista es tan oscuro por un lado (sexo) y tan impío por el otro (flores silvestres) podríamos pensar que algo no va bien en su testa. No encaja tanta disparidad en su temática por mucho que afirme: “los bodegones y los desnudos son lo mismo”. Si las imágenes no mostraran tanto y dejaran al espectador que participe en la obra, tal vez podría considerarse arte. De todas las instantáneas suyas que he ojeado la que mejor encajaría en un museo es la de la mujer desnuda saliendo del mar o la propia Lisa Lyon. El resto sería carne de videoclub. También hay algo positivo en este fotógrafo, ya que en 1987 creó la RMF (la Fundación Robert Mapplethorpe) una entidad cuyos principios se basan en la fomentación fotográfica y la lucha contra el SIDA. Por lo menos, ya es más de lo que hace Nacho Vidal.

Una mirada desalmada


Andrés Serrano nos muestra una serie fotográfica de un hapenning, es decir un suceso, ocurrencia o evento. En la instantánea aparece el autor amortajado. Para situarnos, habría que matizar que este ¿artista? estadounidense pertenece a esa última ola de creadores outsiders o, simplemente, anarquistas del arte, provocadores natos a la altura de Robert Mapplethorpe o Lucy R. Lippard. Una de sus obras más conocidas es Piss Christ tan genial como polémica. Digo genial, porque a pesar de utilizar un fluido corporal como la orina, rasgo característico de Serrano, consigue dotar a la composición de un profundo significado con cuatro elementos: el cobre como lienzo, la cruz de plástico, la figura de dios y la micción dorada.
El caso de este protagonista nacido en Nueva York es como cuando degustamos una hamburguesa del Burguer King o del MacDonald´s; mientras salivas al masticarla alguien te dice que es carne de rata o de perro; tu te detienes y luego afirmas: “ah, pues está buenísima”. Algo así puede pasaros cuando os diga que las portadas de los discos de Metallica, Load y Reload están hechas por este autor tomando como pintura sangre menstrual. Pero esas carátulas seguirán siendo bonitas.
Siempre me parecieron llamativas; ahora las miro con mayor pulcritud. Centrándonos en la serie Iglesia y Morgue habría que indicar que es la más contundente de todas; más sincera que Budapest y la historia del sexo, más lograda que Fluidos Corporales, más radical que Interpretación de los sueños y América, aunque Iglesia y Morgue, también, es la menos humana y ética de todas. En ésta, la del artista amortajado es la que tiene una mayor significación y la que esconde el alma artística del creador americano.
El pañal recogería todos los fluidos corporales que vertimos al morir, escapándose por los esfínteres. Así nos abandonaría el arte según Serrano, pero él ha hecho de ese detalle una obra. La fotografía es a color, lo cual demuestra que el autor no quiere andarse con rodeos; tampoco pretende adornar la composición con la escala de grises característica de Robert Mapplethorpe. Francamente, ha acertado de pleno ya que la muerte no entiende de colores, es infalible; llega a los retratos de nuestros bisabuelos y algún día llegará a los nuestros. La cámara está colocada sobre el supuesto cadáver, quizás para recrear el agobio de alguien vivo enterrado en un ataúd. Cuando te percatas de esa perspectiva es demasiado tarde, ya estás dentro. Con ello consigue posicionar al espectador sobre los cadáveres, o que nosotros seamos los que estamos sobre la mesa de autopsias.
Pero sus manos que no nos engatusen; no están agarrotadas e inertes como en otras instantáneas reales, sólo inmóviles. Por lo tanto es una pose forzada. Las demás obras tienen una granulación por encima de lo normal, lo que puede indicar que quiera mostrar, con todo detalle y resolución, la muerte.
Leyendo un documento de Lucy R. Lippard (http://www.bbaa.upv.es/escultura/asignatura/proy2/pro_publico/apuntes/lippard1%20(1).rtf) se puede ver el principal error de todos estos personajes. Van a buscar la inspiración en tanatorios, clubs de alterne, discotecas, etc... En vez de que la inspiración vaya a ellos. Ésta, quizás, sea la segunda pega que tienen, la de forzar el arte. A parte habría que investigar cómo consigue Serrano que las familias de los fallecidos dejen que el autor les retrate.
Probablemente, se cuele por algún recoveco; los mismos por los que se vierten nuestros fluidos al fenecer y que el creador intenta retener con un pañal. No se debe ir contra este repertorio de autores ya que, según Lippard: “lo peor del arte es que siempre acaba en los museos”. Por eso se entiende que partan de una base paralela a la formalidad. Ahora, bien es cierto que Andrés Serrano ha abierto una brecha en el mundo artístico por encima, incluso, de otros camaradas: qué es moral e inmoral. Por último, hacer mención a la fotografía, dentro de la serie Iglesia y Morgues, en la que aparece un cadáver de una joven morena. Al ver sus ojos, sentí que se me disolvía el estómago. Unas pupilas negras y vacías de vida. Por mucho que no me agrade, me temo, que esto también es arte.

Bofetada pictórica

Que se vayan preparando los americanos que anden cerca del Museo de la Universidad Americana de Washington. Fernando Botero, ese artista que se asemeja a Jack Nicholson, acaba de pasar a la historia militar estadounidense. Ha sido el único hombre capaz de lanzar un tomahawk artístico. Nada menos que 79 piezas en óleo, carbón, acuarela y sanguina, que representan el maltrato sufrido por los presos en la cárcel de Abu Ghraib. Ha tenido numerosas trabas para poder implantar su exposición, pero ya está ahí. Botero nació en Medellín, Colombia, en 1932. Su primera exposición fue en la Galería de Leo Matiz. Su pincel está influenciado por los maestros italianos y la paleta bebe directamente del Renacimiento. Es pintor, escultor y los especialistas en arte le llaman maestro. Entre sus esculturas destacan La Dama, La Mano y La pareja entre otros. De sus pinturas resaltaría Matanza, Celestina o La Playa. Su trabajo es reconocible por la característica de deformar el volumen y comprimir el espacio que rodea a sus dibujos. Así, consigue enfatizar el grosor de sus personajes obesos.
Esta última obra expuesta en Washington puede recordar al Tríptico de Francis Bacon que realizó en 1973; curiosamente por la muerte de un ser querido antes de una exposición. Si al colombiano le sucediera lo mismo, dudo que, también, perdiera el control sobre la pintura. Ambas obras reflejan el dolor a través del color. Bacon manchaba el lienzo de forma instintiva, mientras que Botero lo hace siguiendo unas pautas donde la pintura se contiene dentro de las formas vastas de los cuerpos.
La cantidad de republicanos que tendrían que agachar la cerviz ante el cartel publicitario de esta exhibición. No creo que ni al presidente se le ocurra asomar por allí. Es más probable que gente como Al Gore o el actor Tim Robbins acudan al acto. No hace falta ser un experto en arte para leer entre líneas: Botero os muestra Guantánamo.
Volviendo a los cuadros. Tienen cierta perspectiva o profundidad por el recurso señalado anteriormente, comprimir los fondos. Pero esta vez hay una variante; los protagonistas no son los colores ocres, como en su Monalisa, ahora el rojo inunda la acción. La sangre mancha los cuerpos y de ese color es la ropa femenina que los perros de la guerra han usado para humillarles aun más. Las representaciones emiten cierta luz por la calidez de los cuerpos. La proporción está lograda; por eso sabemos que estamos frente a un cuadro de Botero y no de Bacon; donde los trazos eran vertiginosos para desvirtuar las figuras del alemán (considerado inglés) y los personajes muestran una calma inusual para la acción; una vulnerabilidad que sobrecoge. En cambio, en Triptico de 1973 hay violencia tanto en la acción como en los personajes; aquí los protagonistas parecen ser caritativos, llenos de bondad. La composición está en dos planos: el fondo que muestra las rejas de la prisión y la escena de los personajes principales. El mal también es el protagonista, solo que ya no es un murciélago o sombra maléfica como en la obra de Bacon; ahora tiene forma de can y de militar agresor.
En la presentación de la exposición, el artista colombiano dio su opinión sobre el problema que tiene Colombia con las FARC. Se declaró a favor de que las negociaciones de intercambio entre rehenes y detenidos sigan por buen cauce. A veces la política y el arte van de la mano; aunque George Bush no quiera saber nada del tema. Él no es Batman, pero Botero si es Joker.