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martes, 31 de mayo de 2016

La última de Paolo Sorrentino

He visto La juventud y aunque ha habido fragmentos de la historia que no he entendido del todo ha sido una película muy grata de ver e interiorizar (pensar en ella en los momentos insustanciales cuando no hay nada mejor por hacer, de pronto te asalta una imagen o un diálogo).
No obstante, tiene el defectillo de que en la vida real los diálogos no son tan profundos como los describen aquí, donde todos razonan de sobremanera bajo una retórica envidiable, obviando eso; sí me la creo con creces.
Cada vez me pierdo más entre escudos con una sola estrellita y batallas de explosiones Marvel o DC. Debe de haber de todo, por supuesto, pero con tanta reelaboración donde se repiten las ideas, copia de ellas a lo largo de décadas y seguimiento innecesario de sagas de los comics o de vayan a saber el qué, cuesta encontrar un entretenimiento memorable más de lo que suele durar una serie de televisión.
Regresando a la película que acontece. Me encanta Michael Caine (resurgido tras Sangre y vino) y cómo no, Harvey Keitel, con el que me topé por primera vez en Teniente corrupto y me fascinó su papel; y no la nueva versión de Nicolas Cage, aunque no se la debería considerar ni eso.
Por si fuera poco, actúan junto al tándem una tal Rachel Weisz tan lacrimógena en esta ocasión como bella siempre. Y Paul Dano, del que he leído en algunos periódicos y del que apenas he visto algo, hace bien las coberturas. Empleo esta metáfora futbolística porque también sale, según he entendido, Diego Armando Maradona en este largometraje, o alguien que se le parece mucho a él.
Lo mejor, sin duda, las escenas donde aparece Miss Mundo, por erotismo y complejidad, a partes iguales (la escena donde el personaje de Caine se la imagina por primera vez sobre una pasarela es bastante significativo).
Un largometraje digno de ver y de emplear o perder dos horas de dichosa juventud. Mucho más enriquecedor que jugar a los juegos de la telefonía móvil; que me perdonen los seguidores de ese fútil entretenimiento. No pretendo desprestigiarlo... o sí.
Para gustos los colores y más si dan puntos por ello. En fin. Cuestión de perspectivas, necesidades y motivaciones. Sobre eso no hay nada escrito.

miércoles, 12 de agosto de 2015

El martillo soviético

Titulo: Red Army.
Director: Gabe Polsky.
Año: 2014.
País: Rusia.
Distribuidora: Cameo.

Este magnífico documental narra la vida de los jugadores de hockey de la Unión Soviética. Con un montaje envidiable y con un estilo de la narración ágil y entretenido la información va calando en el espectador. Al principio aparece el emblemático Slava Fetisov sin muchas ganas de expresarse, pero luego el interlocutor que le entrevista va sonsacando la crudeza de aquella época soviética, antes y después, incluso de la Perestroika.
A grandes rasgos, no se innova demasiado, pero es sumamente curioso cómo preparaban a estos ‘soldados’ del hielo según el entrenador que estuviera al mando . El Ejercito Rojo ha sido considerado como el mejor equipo del mundo en ese deporte.
La carrera de Slava Fetisov es digna de mención puesto que se dedicó íntegramente a ello como la mayoría de sus compañeros.
Personalmente me gusta cómo traga saliva ante el recuerdo de la derrota frente a Canadá. Este gesto casi impávido significa que fue un deportista entregado, no un mercenario en busca del salario más alto. Cómo existieron hombres capaces de estar por encima de un régimen opresor, interiorizando lo perjudicial y convirtiéndolo en un estilo de vida. Tampoco tenían otra. Pero la madera con la que estaban hechos algunos de ellos es encomiable.
Ahora suena a anécdota el hecho narrado donde sus padres utilizan gran parte de sus ahorros para comprarle un casco, patines y un palo de hockey. Una cuestión de honor familiar en la consecución del capricho en aquellos paisajes grises, oscuros y sepulcrales.
Tampoco es por ensalzar a este deportista, ahora político, venido a más. Lejos de la perspectiva de este tipo tan duro y distante, parece que hay más datos clasificados de los que desvela. Es benévolo hasta la hora de tirar de la manta... arropándose a medias.
La Guerra Fría y sus distintos estratos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Invaden la Tierra, otra vez.

País: Estados Unidos.
Dirección: Tampoco importa, ¿no?
Intérpretes: Muchos actores y ninguno actua.
Música: Esto deberia ir en blanco.
Año: 2011.
El largometraje pertenece al género de la ciencia ficción, en un principio, y al bélico de cara al final, o al grueso de toda la película. Invasión a la Tierra se estrenaba con todos los tintes de ser una de las películas de la primavera, un típico taquillazo, vamos, pero se va a quedar a las puertas de ello y de mucho más. Porque no se puede engañar al público habiendo leído las críticas o visto el tráiler, que, evidentemente destaca los mejores momentos.

Guión… si lo hay

Resulta de una simpleza pasmosa, el hecho de que, de nuevo, unos invasores, peligrosos extraterrestres, vengan aniquilando vidas humanas y todo a su paso, con el único fin de abastecerse con nuestra agua. Esto lo justifican porque la Tierra es un 70% de ella; un dato cogido con pinzas ya que lo transmiten porque sí, en vez de demostrarlo en imágenes, como sí que hizo La guerra de los mundos, hace ya cinco años. El último batallón de resistencia se encuentra en Los Ángeles y ahí es donde se hace al comienzo un flasforward (avance) argumental innecesario, con el consiguiente flashback (retroceso) para que la historia se acabe anexionando en el mismo punto donde empezó, en medio de un conflicto armado más próximo a Irak o Libia, que a una ciudad tan turística e idílica. Las cuñas radiofónicas antes del estreno revelaban el mayor secreto, si es que es tanto, de la cinta: el hecho de que en esa ciudad estuviera una de las “colmenas” alienígenas centrales, de ahí que todo se centre en ese batallón.Y el final… es disparatado por su excesivo patriotismo, reiterado hasta la saciedad durante todo el largometraje. Si algo se puede destacar de la película son sus buenos efectos especiales y sonoros. Total, demasiadas reminiscencias con Black Hawk Down, Skyline, o la serie Invasión que protagonizaban Eddie Cribrian y William Fichtner.

Reparto incoherente

Por un lado está Aaron Eckhart, que interpreta a un oficial del ejército norteamericano demasiado lejos del papel que encarnó en El caballero oscuro ya que tiene por encima a un militar que da órdenes y no queda muy allá que digamos. Le secunda en fama la actriz Michelle Rodriguez, tan Ripley como siempre. Se podría afirmar que faltan más personajes de peso en la trama, aunque como es tan escueta no es para pedir más de lo que dan. Jonathan Liebesman rueda este largometraje sin mucho tiento. Imitando en las tomas a Distrito 9, como si de un falso documental se tratase, Monstruoso o REC, quedando demasiado lejos de los ejemplos citados. En resumidas cuentas, el metraje se hace denso para todo lo que podía dar de sí y echa a perder a dos actores caracterizados por su garra y ganas; bueno el primero, mediocre la segunda.

viernes, 1 de abril de 2011

Crisis Mundial

Título: Wall Street 2: el dinero nunca duerme.


Director: Oliver Stone.


Año: 2010.


País: Estados Unidos.


Actores: Michael Douglas, Susan Sarandon. Josh Brolin, et all.








La ansiada secuela de Oliver Stone, llegó en 2010 con la mejor primera media hora de todo el año, que ya es decir bastante. Y es que si las segundas partes nunca fueron buenas, en este caso, en parte, el dicho se equivoca. Wall Street 2: el dinero nunca duerme es un largometraje sutil, elegante, con un manejo de las lentes azules, que en incontables ocasiones recuerdan a Traffic. Una utilización del color que ya se deja apreciar desde el cartel oficial de la película con esa mezcla interesante de grises y negros.


Historia


El guión retoma la historia principal. Ha pasado más de una década. Esto se aprecia cuando liberan, por fin, a Gordon Gekko (Michael Douglas), por estafa y otros delitos de prevaricación, y le devuelven su móvil; un ladrillo que se ha quedado anticuado. Al principio Gekko parece que se ha purificado y el paso por prisión le ha hecho transformarse y recapacitar para ser un hombre nuevo y más humano, pero según pasan los minutos, el público se da cuenta de que no sólo es el mismo, sino que es aún peor. Un ser tan maquiavélico y competitivo, hasta la espina dorsal, que es capaz de engañar a su futuro cuñado, Jake Moore (Shia LaBeouf) con tal de conseguir sus viles propósitos. Destacan los papeles más nobles, como el de la hija de Gekko o el del jefe de Moore (Frank Langella) que sabe reconocer los méritos de este prometedor financiero. Si hay algo que hace especial a Wall Street 2 es el hecho de que el guión está plenamente adaptado a los nuevos tiempos que corren. Así se habla de la crisis financiera mundial actual y del cambio climático o las energías renovables por los dos protagonistas principales de la función. En su contra hay que decir que los giros argumentales, al final acaban por no ser atractivos resultando forzados y forzosos.


Actores


A pesar de tener el mejor reparto del año pasado, hay que destacar a los dos espléndidos artistas. Esta y, probablemente, no otra, era la oportunidad para que Michael Douglas se alzara con un segundo galardón de los Óscar, que ya lo ganó en 1987 por la primera entrega. Aunque, tal vez, esa ocasión fuera el Rey de California… donde interpretaba a un padre bipolar, a la espera de Solitary Man, que también tenía fecha de estreno para 2010 y aún no ha llegado a las pantallas. El otro intérprete de renombre es Shia LaBeouf, alguien que el año pasado lideró la lista de los actores más rentables o productivos para las distribuidores de cine norteamericanas, ya que un euro suyo de sueldo equivalía a sesenta de gananciales. Además, tiene a la opinión pública dividida, mientras algunos hablan de sus fiestas otros alagan su estilo directo y sencillo. Así en una reciente entrevista no se mordió la lengua y dijo: “Transformers 3 estará a la altura, no como la secuela, que era algo mala”. Visto lo dicho Santiago Segura venía a decir algo parecido con Torrente 4. Publicidad.

Anormal Activity

Título: Paranormal Activity 2

País: Estados Unidos.

Director: Pseeee.

Música: La justica, eh.


Este largometraje se estrena bajo la tremenda recaudación e impacto del primer lanzamiento que obtuvo Paranormal Activity. Francamente no se explica que una película amasara tanto dinero, ciento cuarenta y dos mil dólares, sólo en el mercado americano, con tan poco, quince mil invertidos. Un hecho que la convirtió en la película más rentable del cine norteamericano. Pero Paranormal Activity 2 no fue recibida ya, lógicamente, bajo ese filón de éxito sleeper.

Argumento

Estamos frente a una secuela, que según pasan los minutos el espectador se percata de que es paralela, es decir, la historia llega a un punto de inflexión donde ambas se cruzan como si, tan sólo, fuera una sola en un recurso que denota una clara falta de perspectiva argumental. Kristi, papel que interpreta Sprague Grayden y Dan, Brian Boland en la vida real, son testigos de cómo, presuntamente, alguien ha entrado en su casa destrozándolo todo (hasta el televisor de plasma. Un hecho en Estados Unidos que podría estar tipificado casi como delito exclusivo. Además de introducir otro tópico recurrido, aparte de la televisión y los videojuegos, y ese es un perro como animal de compañía) menos la habitación de su bebé. Hasta aquí lo más impactante y curioso es que en la puerta del hijo pequeño pone “cazador” y no se sabe si lo han puesto los propios padres o los supuestos asaltantes, pero extrañamente nadie comenta nada. El papel de la hermana mimada sobra decir que es de relleno y que no han sabido darle un hueco en el metraje. Los hechos se van complicando (o eso quieren hacer creer al espectador) porque en el fondo no pasa nada para que la sirvienta (latina como casi de costumbre) empiece a sostener que en esa casa hay un mal augurio. Tal vez lo más creativo sea la escena del limpiafondos nocturno, pero al reiterarla tanto... y lo menos elaborado es el tipo de cámara que copia a otros productos que veremos a continuación. Sobre todo cuando la lleva en la mano vibrante del protagonista. Así hasta que intervienen los protagonistas de la primera película y se llega a un final, quizás, demasiado precipitado e insustancial.

Influencias

La más clara es El proyecto de la bruja de Blair porque fue la antesala, como proyecto, en cuestión de producción (bajo presupuesto) y el desarrollo de la publicidad en Internet y viral. El final es tan brusco, repentino e insustancial. Otra bien podría ser REC con su secuela y adaptaciones americanas en la idea de que la cámara es la verdadera protagonista, a modo de ojo que todo lo observa y capta. Y la última, no obstante, sería El ente donde una entidad anormal e invisible invade un cálido hogar. De ésta cogerían la hosquedad y hostilidad del agresor fantasma. A ver qué nos depara este 2011 en el género de terror.

viernes, 20 de agosto de 2010

Ejemplo a seguir

Hay un activista elegante en la sombra. Sí hace tiempo hablaba de las consecuencias infructuosas desencadenantes de la fama, este actor está en la otra vertiente. Kevin Costner, el mismo que tras el estreno de Bailando con lobos, hace dos décadas, generara que un gran porcentaje de padres inscribieran en el Registro Civil a sus recién nacidos con su nombre, se tuvo que presentar en el Congreso de Estados Unidos para exponer su maquinaria V20; unas depuradoras de petróleo capaces de separar dicho fluido del mar en unos 795.000 litros diarios con 99% de eficacia, que British Petroleum empleara en la limpieza.
Ésto viene a raíz de los vertidos de la plataforma Deepwater Horizon en lo que ya es considerado como uno de los peores desastres de la historia americana.
Hasta la fecha nada ha dado resultado, así que se ha recurrido al avance pionero del intérprete norteamericano para trabajar en profundidades de 1,6 kilómetros, antes de que sea demasiado tarde (si no lo es ya).
Costner, que lleva invirtiendo en el desarrollo de innovaciones en la empresa Ocean Therapy Solutions veinte millones de dólares a lo largo de diecisiete años, comenzó en el campo de la tecnología cuando un huracán destruyó todo el atolón diseñado para filmar Waterworld. Por ello fue un largometraje fallido, pero cuando la mayoría contempló el resbalón del americano, él vivió una especie de renacer ecológico, que puede dar con la clave del desbarajuste marítimo, gracias a que alguien aprendió de los errores.
Y allí, en el Congreso, estaba él con su traje oscuro impoluto declarando que no hacía esto por fama o dinero, sino porque el ecosistema marítimo estaba en serio peligro y alguien debía intervenir.
Si las demás estrellas se implicaran, la mitad que el protagonista de El mensajero del futuro en cualquier tema trascendental mundial, intervendrían el doble que un político. Sería la mejor baza de la fama. Lo demás vale de poco. Ser imagen de Gillette o Nescafé no reporta beneficios sociales ni civiles.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Tomto

Tom Cruise está poco menos que acabado. Lo digo por razones que son comprobables y compartidas por una gran mayoría. Una de ellas es por los malos ingresos de taquilla con Valkiria, Leones por corderos y Noche y Día. Sí, se ha sacado del bolsillo interior de la americana el papel estúpido de productor que aparecía en Tropic Thunder y que en la última gala de los MTV actúo con una buena coreografía junto a JLO, pero no le servirá de salvavidas.
Además da la sensación que su ruptura con United Artists le está pesando como un cachalote. Y por si fuera poco la cienciología parece estar detrás de los próximos proyectos ya que para Misión Imposible IV (dudo que mejore en algo a la anterior) quiere fichar a David Beckham para un pequeño papel. Es una estrategia descubierta porque sabe que el rubio inglés es famoso y tiene una cierta repercusión mediática… lo que buscan los encapuchados, vamos. Otros seguidores como Will Smith se han dedicado a respaldar la carrera cinematográfica de su hijo y John Travolta ha decidido coger su avión, pilotarlo y presentarse en el pasado Mundial para decir hola y volverse a introducirse en la cabina del Boeing 707 en una aportación estelar, mientras anunciaba que su mujer Kelly Preston iba a ser madre de nuevo.
Volviendo al protagonista de la inigualable Noche y Día. Resulta que han hecho de las típicas bofetadas culturales introduciendo la fiesta de San Fermín en medio de Sevilla. Nada que no ocurriera, curiosamente en Misión Imposible II (MI2), sólo que aquella vez fueron las fallas en la ciudad hispalense. Esto puede suceder por los problemas económicos que puedan generar los Ayuntamientos regionales para las filmaciones. Traba que pudo driblarse en la entrega de James Bond El mundo nunca es suficiente, donde aparecía Bilbao (y eso que se podía dar la negativa por el tema terrorista) y para desquitarse rodaron en el sur Muere otro día. A saber lo que demandó el consistorio de Navarra a la productora de Noche y Día (o bodrio y pestiño).
Sin duda este es un tema que no beneficia al actor. Alguien que debe pensar que cuanto más blanca salga su dentadura mejor será el resultado final.
A ver cómo quedan las nuevas escenas de acción para la nueva entrega, que, según dicen, las está supervisando él. Ya se encargará de alguna pifia que lo emborrone. No hay peor enemigo que uno mismo.

domingo, 11 de julio de 2010

De fuera vinieron y...

Título: La Cosa.
Año: 1982.
País: Estados Unidos.
Director: John Carpenter.
Intérpretes: Kurt Russell, Wilford Brimley, David Clennon, Richad Dysart, Donald Moffat, Richard Masur, Keith David.
Música: Ennio Morricone.
Guión: Bill Lancaster (desde la novela de John W. Campbell).

Este largometraje de terror puede que sea uno de los mejores en su género. La Cosa (El enigma de otro mundo) salió al mercado en 1982 recibiendo duras críticas por su paralelismo con Alien, a lo que se sumó el estreno lacrimógeno de E.T. con lo cual donde esté la dulzura que se quiten las aberraciones. Eso pensaron los espectadores que acudieron en tromba a ver la cinta de Steven Spielberg en las salas dando calabazas a la de John Carpenter. Ninguna de las tres películas es comparable.
La Cosa es una obra de culto por su sobriedad narrativa, por el gusto por el gore y la madurez conseguida en el tramo o fragmento final.
Dentro de no mucho tendremos ante nosotros un remake, o adaptación, tan innecesario como cuestionable. Tal y como sucede en las nuevas versiones del género hasta la fecha La matanza de Texas, La morada del Miedo, Viernes 13 o Pesadilla en Elm Street. Hay excepciones como en el caso de Las colinas tienen ojos. Claro que revisando los números de la recaudación cualquiera se presenta en la productora de Michael Bay, Platinum Dunes, y les hace un buen calvo ante proyectos que cosechan alrededor de cien millones de dólares por lanzamiento. Su Santo Grial consiste en rodarlas con presupuestos paupérrimos con lo que a poco que gusten, le sacan renta.
Regresando a la época de los ochenta, La Cosa narra la supervivencia en unas instalaciones antárticas (siempre se lleva la situación a un páramo extremo: espacio, otros planetas desconocidos y deshabitados, selvas amazónicas, zonas polares… con estos procedimientos se logra amplificar la sensación de angustia y superación) ante una amenaza alienígena que va matando, uno por uno, a cada miembro del grupo. Hasta ahí poca sustancia nueva ¿verdad?
La estructura del guión es similar a la novela de intriga que escribió Agatha Christie en 1939 bajo el título de Diez Negritos (Y no quedó ninguno). Donde una serie de huéspedes quedan encerrados en una mansión y mueren correlativamente, mientras que los que quedan en pie no dejan de acusarse. La inmensa mayoría de relatos y largometrajes parejos tienen a esta novela como inspiración y protomateria.
La estrella de la producción es Kurt Russell, que junto a su anterior colaboración con el mismo director en otra filigrana como 1997: Rescate en Nueva York, se convertía así en un actioner de los ochenta como lo fueron Bruce Willis, Silvester Stallone, etc.
En el apartado técnico hay que hablar de la iluminación, donde saben dejar en penumbra lo necesario para no mostrar los hilos de los animatronics y nada que pueda desnudar sus carencias artísticas. El maquillaje no cumple en el rostro del protagonista que muestra las líneas de los ojos demasiado remarcadas en las tomas y la música corre a cuenta de Ennio Morricone el auténtico pata negra de Hollywood junto a Danny Elfman.
Lo mejor de la función es la contundencia trágica del final. Nada que ver con el terror de los noventa donde dejaban los finales abiertos en Scream y Sé lo que hicisteis el último verano para no concluir con la saga. En este caso es memorable la frase última donde el personaje interpretado por Kurt Russell le comenta a un compañero, que tras haber derrotado finalmente a la amenaza, lo mejor sería que esperaran a la muerte. Nadie les iba a rescatar del hielo y tampoco tenían nada mejor por hacer. Y es que, en ocasiones, poco es peor que alcanzar una meta.

viernes, 2 de julio de 2010

Un maníaco en busca de otro

Titulo original: El juramento.
Año: 2001.
Director: Sean Penn.
Guión: Jerzy Kromolowski & Mary Olson-Kromolowski; basado en el libro de Friedrich Dürrenmatt.
Música: Hans Zimmer.
Intérpretes: Jack Nicholson, Aaron Eckhart, Benicio del Toro, Robin Wright Penn, Mickey Rourke, Sam Shepard, Vansesa Redgrave...
País: Estados Unidos.

Las estrellas masculinas más influyentes de Hollywood se ramifican en tres agrupaciones: Uno. Los latinoamericanos Robert de Niro, Al Pacino más Dustin Hoffman, que no es como tal pero en calidad les anda a la zaga. Dos. Ya sin Dennis Hooper se encuentran los nativos y hedonistas como Peter Fonda o Jack Nicholson. Tercero. El flanco de relevo una vez dejen el oficio unos y otros (aunque dejar de actuar es impropio sea cual sea el confeccionamiento del largometraje) y aquí disponen de Tom Hanks, Sean Penn, George Clooney (y ¿Tom Cruise?).
El juramento no sólo cuenta con la intervención de dos actores de estas listas, sino que, incluso, los intérpretes secundarios adornan tan notablemente el resultado final de la cinta que no se le puede encontrar ni un mínimo descosido al guión del metraje.
En 2001 Sean Penn decidió trincar otra vez la batuta de director y se rodeó de los mejores. Una muestra del poder empresarial que ostenta cualquiera de los diez hombres que se nombraban en el primer párrafo.
A toro pasado, concretamente nueve años, ya se dejaban ver los típicos elementos de su escueta pero contundente filmografía: el poder de la unión familiar, la soledad, la búsqueda de la verdad…
El largometraje tiene tintes de suspense en su primera parte, hasta cuando el implacable Benicio Del Toro se suicida ante la presión judicial (un actor tan convincente que puede salvar bazofias como la nueva versión de El hombre lobo) y de drama en la segunda mitad, momento en que el detective Black (Nicholson) se ausenta a otra localización para cambiar de vida, cuando lo que en verdad está materializando es una búsqueda encarnizada del asesino en serie.
El juramento es grandiosa porque cuenta una historia de un perdedor que se mantiene en sus trece hasta el final y que no logra descubrir la identidad del criminal por una jugada del destino. De ese modo el protagonista acaba peor que el antagonista.
Al espectador, una vez finalizado el visionado, pueden generársele ideas complejas como que para atrapar a monstruos de esa calaña hagan falta policías maquiavélicos o de que de haberse producido una resolución fructífera de cara a la conclusión del desenlace, tal vez, al detective Black se le hubiera tenido como un héroe y no como un fracasado.
En técnica mencionar que los planos están muy bien escenificados, que la fotografía dota al relato, que a veces parece lento, de frescura y tránsito. Y de la música sobra escribir nada porque la partitura es de Hans Zimmer. Uno de los pesos pesados en cuanto a bandas sonoras se refiere.
Para finalizar advertir del sabor agrio que deja su final y de Jack Nicholson… pues eso; que cuaja una de sus mejores intervenciones (ver sus ojos al final). Un excelente producto, que puede pecar de incluir clichés, pero que demuestra la materialización de la solvencia haciendo añicos los melosos, y en ocasiones banales, Happy endings (los finales felices que la industría cinematográfica americana comenzó a exportar).

jueves, 10 de junio de 2010

Evanlegion


Título: Legión.
Año: 2010.
Director: Scott Stewart.
País: Estados Unidos.
Intérpretes: Paul Bettany, Dennis Quaid, Kate Walsh, Kevin Durand, Tyrese Gibson, Lucas Black.
Música: John Frizzell.
Guión: Scott Stewart.

El dato más esclarecedor es que Screen Gems, de Sony Pictures, perteneciente a la distribuidora Columbia, sigue cultivando el género del terror y ciencia ficción. Legión no camina más lejos que el de mantener un claro rumbo a ser otro largometraje a lo serie B con un guión, que ya fue tratado hace años en adaptaciones como Ángeles y demonios, pero las de Cristhoper Walken, no la secuela cinematográfica de Dan Brown. Sólo que las anteriores tuvieron menos presupuesto en su producción y resultado final.
La película tiene como actor principal a Paul Bettany, un intérprete que le ha costado sangre y rezo dar un salto en la profesión. La metamorfosis comenzó en Master and Commander donde el inglés le birló la mayoría de las escenas al desvencijado australiano. Luego realizó Wimbledon y no fue hasta El código Da Vinci, donde tuvo que ganar musculatura para encarnar al pupilo del antagonista, cuando su carrera comenzó a despegar.
Paralelamente tenemos a un Dennis Quaid en el declive de su carrera. Aunque, para ser justos, sostengo que, aun así, la caída ha sido más prolífera que la de su ex mujer Meg Ryan. Una actriz que se ha convertido en noticia por su extrema delgadez más que por sus papeles.
Más Charles S. Dutton, siempre convincente, pero que en esta ocasión calca descaradamente el papel que hizo Forest Whitaker en Smoke, de manera menos conseguida al estar limitado a ser un leve matiz en el paisaje audiovisual y Lucas Black, que destacó en sus apariciones juveniles tanto en The War como en el largometraje de Expediente X. Un intérprete correcto que puede padecer el mal de Kevin Bacon; éste consiste en destacar notablemente en un papel secundario y naufragar como protagonista.
Introduciéndonos en el guión, que ha sido escrito por el director, mantener que en alguna ocasión recuerda al Amanecer de los muertos o Zombi. Las dos sorpresas finales son interesantes, pero la del doble giro en el nacimiento era, más o menos, sospechada. Buen momento el de la llegada del vendedor de helados y haciendo referencia a los ángeles, sentenciar que sobra el hecho de que sus alas sean metálicas y, por lo tanto, antibalas (sobre todo, porque el arcángel Miguel, Bettany, se las amputa con un cuchillo al comienzo… nada que no se intuyera con el tráiler).
El equipo de maquillaje estuvo de enhorabuena en las caracterizaciones de las heridas que no estaban desarrolladas por efectos especiales y en el diseño y dibujo de los tatuajes bíblicos que porta el arcángel Miguel.
El director es el poco conocido Scott Stewart, que supervisó los efectos especiales de obras de culto como Blade Runner y menos importantes como Iron Man. Dicha labor queda plasmada en las escenas de acción y lucha.
Un producto entretenido para la época veraniega y que con dificultad se posicionará entre los cinco primeros títulos del ranking de recaudación; como se ha acabado corroborando. Tal es así, que se planificaron distintos carteles publicitarios para la película con cada protagonista y que nadie ha visto por las calles.

lunes, 7 de junio de 2010

Los hermanos Lumiére


La intención primaria de estos dos hermanos era la de añadir movimiento a las escenas fotográficas. Se distinguen dos tipos de realidades temporales en la propia filmación: implícita; cuando se muestra un presente eterno y explícita; cuando se intenta reflejar todo lo ocurrido en tiempo real (un simple estornudo). Los montadores de hoy en día, tienen el mismo problema que los de antes: contar un tema escogiendo los ángulos adecuados para que refuercen la historia. Se crearon secuencias para tener un mayor juego de trabajo con la duración y la realidad temporal. Estas primeras filmaciones pretenden, en parte, enaltecer la acción con el guión adecuado y el lenguaje cinematográfico. Dentro de esa perfección de la acción, dejan entrever al espectador, que en el transcurso de la historia que se cuenta hay un antes y un después; es decir, que no sea un hecho aislado, sino que tenga un trasfondo hilvanado con la acción que se está exhibiendo en pantalla. Pretenden enseñar el todo, pero mostrando solo una parte de ese conjunto global, que se debe formar en el interior de cada espectador (a través de la elipsis cinematográfica).
El cinematógrafo, trasmitía los papeles de las clases sociales aceptadas por entonces; sin innovar en las distintas personalidades de la gente corriente que había en la calle. Captaban papeles ya generalizados y perfectamente reconocidos por un público asiduo, en vez de introducir unos matices específicos en las personalidades de esos papeles globalizados (no iban más allá del “bueno”, el “malo”, el “cocinero”, la “dama”, etc.).
Los operadores de los Lumiére utilizan el plano panorámico para describir los lugares con más precisión, que con una simple toma. Aquel plano, fue considerado como el primer movimiento de cámara. También apostaron por detallar más los lugares y ciudades donde se producía la filmación. A parte del propio movimiento que les facilitaba la propia cámara, añadieron las filmaciones sobre plataformas que a su vez también se desplazaban (barcos y trenes). Solían rodar una escena, desde distintos puntos de vista, ya que ese hecho hace variar la interpretación en sí misma. Se encargaron de atribuir un sentido temporal y espacial, a unas tomas que por si solas apenas decían o eran capaces de transmitir algo. En eso se basa hoy en día la narración visual.
El texto de los operadores de los hermanos Lumiére, muestra como de unas simples tomas, se pretende narrar una historia con un sentido común. Ésto, como vengo escribiendo con anterioridad, tiene una relación directa con los instrumentos que facilitaron la aparición del cine como tal. Se cogieron como base los fotogramas, derivados de la fotografía; campo que era dominado por Kodak. Otros artilugios y tecnologías ayudaron a la creación de lo que hoy llamamos cine (como la linterna mágica o el daguerrotipo. No olvidemos que el cine, como tal, proviene de una imagen fotografiada y de la persistencia retiniana). Este texto, enlaza con otros precursores que intentaron poner movimiento a sus imágenes. Como Edison, que influyó en los Lumiére en la creación del domitor. Otros inventos similares, fueron el teatrógrafo y el Bioscopo, de los hermanos Skladanowsky; sin dejar al margen creaciones como la proyección en 360 Cº llamada circarama o el cine oloroso u odorama. Los dos últimos casos fueron un rotundo fracaso. En el texto se aprecia esa capacidad de superación, que acabó llevando a la creación del cinematógrafo; el cual consigue fusionar las principales cualidades de la filmación (fotografiador, proyector, ampliadora y tomavistas). Habría que mencionar la relación de la elipsis cinematográfica que se hace en EE.UU. ya que tiene mucho que ver con la de los operadores de los Lumiére, puesto que la interpretación de la elipsis, por parte del público, tal vez fuera la misma. Dos películas El bombero americano y El gran robo al tren introducen el concepto de elipsis que produjo en el público un desconcierto, que les hacia perder el hilo de la historia.
La opinión que tengo sobre el tema radica en el reconocimiento a todo lo que innovaron los operadores y lo propios Lumiére en la historia del cine. Desde un primer momento vieron la oportunidad de hacer negocio con las proyecciones; idea que se refuerza con el sistema de franquicias que pusieron en marcha para potenciar sus productos en Europa. Siempre pensé en las sensaciones que tuvieron que experimentar los primeros espectadores de sus proyecciones; pero soy escéptico con aquellos que sostuvieron que los espectadores gritaron al ver un tren en movimiento en una pantalla. Considero también el hecho de que los Lumiére se decantaran por un público burgués, como un error fundamental. Ya que ese público ya tenía un lugar social de reunión específico, como eran las óperas, los teatros, las fiestas, etc.. Espacios ya muy definidos como representantes de la clase alta. En cambio, un nuevo sistema, que se estaba aún configurando y que apenas se consideraba arte y donde el glamour no llegó hasta que Gaumont lo elevó a la categoría de arte individual por todo lo alto, deja las puertas abiertas para que sean las clases más bajas quien se interesen por este nuevo descubrimiento y Edison se percata muy bien de ello. Estoy a favor de que todo varíe según el punto de vista con que se filme. Pongo el ejemplo de una película (bastante mala por cierto) del año 2000, llamada Campo de Batalla: La tierra protagonizada por John Travolta. En la cual, hay muchas escenas de plano aberrante (es decir, cuando el eje de la cámara no está paralelo al suelo, sino que está desviado a conciencia 30 o 45 Cº). Produciendo una sensación de vértigo constante y de tensión. Estas reacciones quiero pensar que fueron producidas por la falta de costumbre de este tipo de ángulo en las escenas y no por las razones que algunos críticos vieron suficientes como para darla el premio Razzie a la peor película del año.
Por si fuera poco, el 3D abre un amplio repertorio de tomas y secuencias a la que nos tenemos que acostumbrar. Sospecho que el perfeccionamiento técnico va más a raíz de la lucha contra la piratería y la crisis, que a favor de mejorar la calidad del producto.

lunes, 10 de mayo de 2010

Hacer por hacer


Año: 1999.
País: Reino Unido.
Director: John Stephenson.
Intérpretes: Pete Postletwaite, Iam Holm...
Guión: Alan James/Martin Burke.
Título: Rebelión en la granja.

El largometraje es de 1999 producido y filmado en Gran Bretaña. El actor principal es Pete Postletwaite. Actor que ya trabajó en una película de tintes políticos irlandeses con En el nombre del padre (donde interpretaba a Giuseppe, el padre de Daniel Day-Lewis).
Entre su filmografía destacan títulos como Los duelistas, Sospechosos habituales y, últimamente, se ha dejado ver en producciones fantásticas sin relumbrón como Solomon Kane o Furia de Titanes. Buen actor que ha sabido sacar partido a su rostro poco agraciado (hubiera encajado bien en la nueva versión de Freddy).
Por otro lado, es Iam Holm el encargado de prestar su voz al cerdo Viejo mayor. La acertada elección de este profesional para doblar al verraco, que es el que introduce la revolución de los animales en la granja y los respectivos ideales del comunismo o animalismo como se refieren en el largometraje, muestra la importancia vital del habla en toda la función.
Los estados totalitarios han utilizado las películas como soporte para expandir sus ideales nocivos. Lo hizo Franco con Raza y el documental Franco, ese hombre (que escogió a un intérprete joven, moreno, guapo y alto que se hiciera pasar por él. Un poco como Hitler que nadie le echó en cara sus carencias arias... me estoy refiriendo a personajes de la talla de Churchill) y hace unos años Oliver Stone realizó Comandante una especie de entrevista editada para conocer la personalidad de Fidel Castro (supongo que a alguien le interesará). Del lado comunista tenemos claras influencias en Octubre, Rojos o El acorazado Potemkin.
Regresando al metraje. El director es John Stephenson. Un autor bastante desconocido que en 2004 dirigió Cinco chicos y esto, que no he visto. Tan desaparecido que el buscador lo confunde con John Stevenson, qué misterio. En cualquier caso, Stephenson no cumple su labor y salpica a Rebelión en la granja con una acción y unas secuencias más propias de un telefilm de quinta fila (aquí se aprecia el peso de que la distribuidora Hallmark Entertainment tenga mayor presencia en productos televisivos), que de una adaptación decente merecedora de una recreación más acorde con una obra literaria tan trascendental como la de George Orwell; necesitada de más garra audiovisual. Considero que no era procedente realizar una puesta en escena real de la novela, cuando los dibujos ya eran suficientes para transmitir con creces la idea de la parábola. De todos modos, los efectos visuales en los labios de cada animal están mejor conseguidos que en Doctor Dolittle rodada con un presupuesto más holgado.
Destacan algunas escenas colindantes con el género de terror y la ineficacia de los humanos que sólo entienden lo que hablan los animales cuando ya es demasiado tarde. Puede que esa sea la mejor comparación; al igual que la de la zanahoria y el burro condenado a intentar conseguirla desconociendo que la longitud del palo siempre lo impedirá.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El último legado de Ledger


Año: 2009.
Título original: El imaginario mundo del doctor Parnasus.
País: Reino Unido.
Guión: Terry Gilliam, Charles McKeown.
Música: Hermanos Danna.
Reparto: Christopher Plummer, Heath Ledger, Tom Waits, Lily Cole, Andrew Garfield, Verne Troyer, Mark Benton, Johnny Depp, Jude Law, Colin Farrell, Peter Stormare.

No es una gran película, pero sí que da la sensación de ser el largometraje más conseguido y mejor realizado de Terry Gilliam en los últimos años (no he visto Tideland). A la altura de Brazil o Las aventuras del Barón Munchausen. Ambas a apenas unos peldaños sobre El imaginario mundo del doctor Panrnasus.
La historia gira en torno a un doctor (Cristhoper Plummer) que pacta con el diablo, llamado Mr. Nick, la vida eterna, pero los dos amigos siempre andan apostando o bien para que el caído no se lleve a la hija del doctor o, por el contrario, para deshacerse del tramposo Tony, última caracterización del difunto Heath Ledger.
Por suerte, lo poco que conserva a sus espaldas este doctor es un poder mágico que traslada a cada persona a un mundo fantástico dependiendo de cómo sea la personalidad de cada visitante. La transición la logra en un espectáculo rodante que van ofreciendo en la época actual por Londres, pero que les reporta tan escuetos beneficios, que el particular circo ambulante da sólo para malvivir casi en la mendicidad.
Lucifer está encarnado por Tom Waits, que, para que se hagan una ligera idea, es el Joaquín Sabina de América. Un cantante de voz queda y quebrada, que lo mismo le da por cambiar los acordes de los temas en sus directos, dejando al público boquiabierto, como colaborar de forma notable en los largometrajes independientes de Jim Jarmush o de robarle el plano a Denzel Washington, sin inmutarse, en El libro de Eli . Un hombre tan polifacético como buen intérprete.
El montaje queda resuelto por la colaboración de Jhonny Deep, Jude Law y Colin Farrell (el mejor de los tres), que gracias a ellos no sólo ayudaron a que el director viera acabada una obra tan personal; también donaron una parte de la recaudación para que su hija Matilda Rose, de cinco años, pudiera acceder a ella una vez adquirida la mayoría de edad; puesto que el padre no tuvo tiempo de inscribirla en la herencia antes de morir.
Gilliam explica los cambios de actores por la fatídica ausencia de Ledger con el hecho de que tras el espejo los rostros de quien lo traspasa cambian, como bien se demuestra al principio con el alborotador. El error viene cuando entran otros personajes y no les ocurre lo mismo, sólo transmuta la cara de Tony. Otro desacierto es que la historia va perdiendo consistencia según se aproxima el tramo final. No sé si fue por la repentina muerte del actor principal o que la madeja no le daba más lana al autor estadounidense.
Por cierto, en el panorama cinematográfico puede que sea el mejor director para hacer la nueva versión de El Quijote. No creo que haya nadie más preparado para desarrollar en imágenes a un caballero tan especial como el de la triste figura. Esto se palpa en esas caracterizaciones de latón, chapa y chatarra tan frecuente en la filmografía del ex-Monty Python. Alguien que, por fortuna, elige con más gusto el reparto que sus camisas.

jueves, 22 de abril de 2010

Juego de ánimas


Título original: Juego de lágrimas.
Año: 1991.
Director: Neil Jordan.
Intérpretes: Stephen Rea, Foest Whitaker, Miranda Richardson, Jaye Davidson...
Música: Anne Dudley.
País: Irlanda.
Guión: Neil Jordan.

Neil Jordan dirigió, de manera más que loable, el largometraje Juego de lágrimas en 1991 por el que ganó un Óscar® en el apartado al mejor guión original en la edición de ese año. No es para menos. Sólo hay que comprobar cómo este autor abre el metraje colocando una cámara en una grúa bajo un puente, que muestra una feria inglesa en una orilla marítima (de derecha a izquierda) mientras suena de fondo la canción de Percy Sledge When a men loves a woman y cierra el metraje con otra grúa que se va alejando progresivamente (de izquierda a derecha) de los dos protagonistas dentro de la prisión. Con estos dos movimientos de cámara ya está creando algo tan sensible como la poesía audiovisual.
Dicen que su labor es la de centrarse en un personaje principal, pero, en esta ocasión, los tres actores están tan soberbios en sus caracterizaciones (habría que incluir a Miranda Richardson cuando reaparece de morena) que no sabría decir cuál es mejor del elenco.
La historia cuenta el secuestro de un soldado americano llamado Jody (Forest Whitaker) por seguidores del IRA (sabemos que son miembros del grupo terrorista por la zona geográfica de Newry en Irlanda del Norte y más tarde Londres cuando Fergus, Stephen Rea, pide a un amigo que le ayude a cruzar al otro lado). Secundariamente, hay un tema que se refleja explícitamente y ese es el del sexo. Bien en la escena en que Jody y Fergus se hacen amigos y le tiene que ayudar a orinar (sacándosela de los pantalones por no quitarle las esposas) o en la verdadera personalidad de Dil (un Jaye Davidson inconmensurable) y la compleja raigambre moral que ello conlleva, al principio, a Fergus (que en Londres adquiere el nombre de Jimmy), al que Jody, antes de morir, le encarga la protección y salvaguarda de su chica Dil.
Una trama sabiamente trazada por Neil Jordan, también irlandés, que se ve enfatizada por un tempo bien ajustado. Este hecho logra que las escenas y secuencias aparezcan bien hilvanadas materializando un óptimo metraje y, a posteriori, inmortalizadas con un elaborado montaje. De ese modo nada se narra atropelladamente ni se cae en la desidia argumental. Gran diapasón el utilizado por el autor donde reside el verdadero secreto de que Juego de lágrimas resulte tan buena.
Años más tarde se enfrascó en el rodaje de Entrevista con el vampiro y de consolidar a un Antonio Banderas del que lo mejor que se puede sacar en su filmografía americana es el movimiento de aquella mano atravesando la llama de una vela. Luego algún productor de allí le engañó para embarcarse en la dirección de la fallida y olvidable La extraña que hay en ti con Jodie Foster. Por el contrario, Jaye Davidson rodó Stargate en el papel del andrógino alienígena, hizo una comedia militar americana cuanto menos patética y poco más. Debe haber más ejemplos de actores que lo bordaron en el primer intento y que al poco tiempo se los tragó la tierra, pero ahora no los recuerdo. Una pena.

miércoles, 7 de abril de 2010

Fetén


Titulo: El apartamento.
Año: 1960.
País: Estados Unidos.
Director: Billy Wilder.
Guión: Billy Wilder e I.A.L Diamond.
Música: Adolph Deutsh.

Una obra maestra. Una joya. La mejor comedia romántica de la historia. Cualquier adjetivo sabe a poco a la hora de definir uno de los más destacados largometrajes de Billy Wilder. El apartamento aunó para la gran pantalla a dos actores principales de un quehacer sublime. Jack Lemmon interpreta al oficinista “Buddy” Buster que con su bondad kantiana pretende escalar en la empresa de una forma poco honrada como es el alquiler de su propio inmueble a otros compañeros (atención al gesto de perdedor, de tocar fondo, cuando se ve obligado a darle las llaves del apartamento al jefe. Puro don interpretativo). Por el contrario, Shirley McClaine, que para no ser una actriz muy guapa nunca ha estado más bella, se introduce en la piel de Fran Kubelik (Curioso que tenga un nombre de varón) y es la ascensorista del edificio donde trabaja “Buddy”. También con una bondad kantiana es la amante del jefe cuyo máximo deseo es el de convertirse en su esposa.
Como se puede apreciar dentro de una gran acción hay cierto fin de codicia, que no es ni positivo ni negativo; es bastante razonable (se podría decir que hasta lógico).
Hay mucho de Un, dos, tres (la película, no el famoso programa dirigido por Chicho Ibáñez Serrador) en El apartamento. Esto se palpa en esa empresa donde se trabaja a destajo y donde nadie se conoce entre sí. Aquel largometraje de Billy Wilder iba sobre la Coca-cola pero en este también es apreciable la mecanización y esa “mala” sombra que es el taylorismo y los índices de venta (más ajustado a la película).
Los personajes generan una inminente empatía con el espectador en los tramos cómicos y una honda sensibilidad en los lapsos de drama. Conseguir esto es sumamente complicado, pero el largometraje está muy bien medido para no decantarse demasiado por un género u otro (y eso que estamos hablando de lágrimas por un lado y de sonrisas en el otro. Nada compatibles).
El guión es sencillamente impresionante en sus diálogos como nos tiene acostumbrados Wilder (A mi gusto, mejor guionista que director. Alguien que utiliza un chiste conocido para insertarlo correctamente en el final de Con faldas y a lo loco no es un cualquiera). Sólo con eso, ya se tienen grandes posibilidades de confeccionar bien un producto audiovisual. Piensen como era Tarantino al comienzo y lo enrevesado de sus mensajes ahora.
La narración es fría y no deja un segundo para que asalte el aburrimiento. Es significante, y digno de mención, que contando tan poco se pueda decir tanto. Encima toda la gracia de la función radica en el hecho de que sus protagonistas se enamoren y no haya los típicos besos ni escenas de cama; lo que dota al largometraje de una dulzura fuera de lo común.
Buen ojo para estrenar una comedia en medio de la guerra fría que asolaba Estados Unidos en 1960. Sin duda, que el público salió narcotizado de la sala de cine, pensando, en los instantes mágicos que dura una película en la retina, que el mundo era un poco mejor.
De todos modos, son inconmensurables los tintes dramáticos de la cinta. Parece que a los protagonistas les haya invadido una sensación repentina de soledad, de pérdida y amargura.
Una obra filantrópica en sus medios y muy humana en su fin.

lunes, 5 de abril de 2010

Donde estar en paz


Título original: Where the wild things are (Donde viven los monstruos).
Año: 2009.
Director: Spike Jonze.
Intérpretes: Catherine Keener, Mark Ruffalo, James Gandolfini, Forest Whitaker, entre otros.
País: Estados Unidos.
Música: Carter Burwell, Karen O.
Guión: Spike Jonze, Dave Eggers.

“A veces, la felicidad no es el camino para ser feliz”. Con frases de este tipo Donde viven los monstruos deja entrever el genial trasfondo filosófico y psicológico que sustenta toda la trama. Aunque, para ser sincero, el argumento lo forman dos ideas formidables: cómo hacer para evitar la tristeza e indagar en la falta que hace un rey en una sociedad (sobre todo en una sociedad anárquica).
Bajo un envoltorio infantil, ya que está basado en un cuento escrito por Maurice Sendak en 1963 y fue galardonado con la medalla Caldercott y otros galardones que lo hicieron imprescindible en cualquier estanteria; colocado ahí por algún padre, que quiera convertir a su hijo en alguien próspero, se encuentra una historia muy madura. Para resumir este largometraje viene perfecta una frase del afamado psicólogo Jorge Bucay: “Los cuentos sirven para dormir a los niños y para despertar a los adultos”. Y así es.
El argumento nos trae a un chico llamado Max que tiene problemas en la adaptación con el mundo adulto. Oculta su agudo problema con una desbordante imaginación.
En esta ocasión la silla de director estaba ocupada por Spike Jonze. Un autor con rasgos independientes, que se encumbró por Cómo ser Jonh Malkovich y Adaptation (El ladrón de orquídeas), perteneciente a la nueva ola creativa de Hollywood junto a Darren Aranofsky o Zack Snyder, por ser breve.
Con sólo haber hecho una mera traslación del cuento a la pantalla ya hubiera sido una labor destacada, pero Jonze se merece un gran aplauso por el tono extraño que ha infundido a los movimientos corporales en los monstruos, y peculiares en la cámara. De todos modos, ha sido hábil y ducho en la confección del libreto.
En la interpretación visual están Mark Ruffalo con quince segundos, como mucho, en escena y Catherine Keener en el papel de la madre del niño protagonista. La mejor baza en la versión original son las grandes voces de Forest Whitaker y James Gandolfini.
La película, por su severa creatividad, navega en algunos lapsos en tierra de nadie. Unas veces recuerda a Eduardo Manostijeras, otras a Pesadilla antes de Navidad y hay una lectura semejante a Donnie Darko en algunos aspectos y secuencias; pero sus verdaderas influencias visuales son Cristal oscuro o Dentro del laberinto.
Que nadie se confunda. Es una película adulta. Este matiz se puede apreciar en la escena donde el monstruo principal desmiembra a otro y el amputado acaba por colocarse una rama seca para corregir la ausencia del brazo. Una perla.
Para concluir, mencionar la caracterización del logotipo de la distribuidora Warner Bros. En este caso aparece con dibujos del protagonista Max Records. Es una herramienta correcta que puede guiar con suavidad al espectador previamente en el largometraje, que verá a continuación. Los ejecutivos ya procedieron de este modo en Matrix, Batman, Watchmen o El extraño caso de Benjamin Button.
Un auténtico placer, disfrutar de estos productos tan atípicos y complejos de asimilar.

viernes, 19 de marzo de 2010

Más de lo mismo


Director: Hermanos Hughes.
Año: 2010.
País: Estados Unidos.
Título original: El libro de Eli.
Música: Atticus Ross.
Intérpretes: Denzel Washington, Gary Oldman, Michael Gambon, Mila Kunis, Jennifer Beals, Ray Stevenson, Frances de la Tour, Tom Waits, Lateef Crowder, Chris Browning, Lora Martinez, Luis Bordonada

Una vez más, no se sabe de dónde se sacan el título del largometraje. La película anda cojitranca por el simple hecho de que Pere Molina, actor español de doblaje, dobla tanto al protagonista como al antagonista de ésta y como sólo hay un Pere (Molina hay muchos) pues ya nos topamos con la primera traba. Y es que Denzel Washington o Gary Oldman son 80% de voz y 20% de imagen. Esta es una vuelta de tuerca al dicho de “Una imagen vale más que mil palabras”.
El libro de Eli es una de esas películas tan de actualidad donde la humanidad se ve devastada por un cambio climático que les hace sobrevivir a lo Mad Max (tierra) o Waterworld (agua). Y, precisamente, están esos elementos de forma muy notoria en el argumento habiendo grandes extensiones de desierto y poca cantidad de agua. El contexto se centra en un momento posapocalíptico de la humanidad. Además, incluye como idea fuerte el elemento MacGuffin. Este recurso tan consabido no es otro que cuando un personaje tiene que encontrar un objeto perdido o lleva consigo un artilugio milagroso; como en esta ocasión.
El papel de Washington es un hombre a lo Riddick que es portador de un libro, el único de esos contenidos que quedan ya que las potencias mundiales se vieron inmersas en una gran guerra por quemar libros (Si, también recuerda a Farenheit 451). Gary Oldman es quien lo codicia todo y el que pretende arrebatarle el libro. Fuera de ahí el peral no da más peras.
Es inevitable el hecho de comparar cuando Hollywood lanza dos productos con un guión parecido y, tal vez (porque no la vi del todo), La carretera sea algo superior a ésta.
Con todo y con eso, el largometraje dura dos horas que no se hacen pesadas, cuenta con una banda sonora magnífica de la mano de Atticus Ross, tiene una grandísima escena de veracidad donde el protagonista aparece frotándose sus partes pudientes por higiene y una sorpresa argumental de esas que ya no se ven en el cine y, tal vez, algo cogida por los pelos.
De todos modos, hay una sensación de inconclusión como si la narración fuera perdiendo fuerza (si la tuvo) a medida que se aproxima el final.
Los hermanos Hughes que han dirigido El libro de Eli sostenían que pretendían desarrollar un proyecto con un tono de cómic en la escenografía y que puede apreciarse de manera demasiado subrepticia; oculta bajo un uso excesivo de la lente amarilla.
De cara a la galería queda la interpretación secundaria de Tom Waits, que da la sensación en sus escenas de ser más actor que cantante. En fin, otro largometraje mediocre para un Denzel Washington que no es, ni más ni menos, que el estandarte histórico del cine afroamericano junto a Sidney Poitier. Detrás de ellos ya vienen otros, pero no son ni la mitad de buenos ni carismáticos que la “dupla black”.

martes, 9 de marzo de 2010

Óscar 2010

No quería escribir sobre la ceremonia de los Óscar 2010 ®, pero no he podido resistirlo. Y no lo he hecho por varias razones. Es la primera vez en la historia que una mujer logra llevarse al tio Oscar en la labor de dirección. 82 años de victoria masculina, frente a una que le ha tenido que saber a gloria ya que el gran derrotado de la edición no ha sido otro que su ex marido James Cameron, al que vayan ustedes a saber los motivos del autopiscinazo. En tierra hostil (dirigida por Kathryn (dios mio que nombre) Bigelow) ha cosechado más galardones que nadie; un total de seis estatuillas con su característico bañado en oro. Avatar se ha llevado los restos como mejor fotografía, dirección artística...
Resulta jocoso ver que de diez películas nominadas este año (hecho que se producía por primera ocasión. Antes eran cinco) el tema de la guerra haya estado muy presente en cuatro de ellas.
Prosiguiendo con las justicias. Jeff Bridges se ha llevado el busto al mejor actor principal dedicando su discurso de manera muy humana y acertada a sus padres fallecidos que le introdujeron en la interpretación.
En la categoría de actriz secundaria ha ganado Mo´nique por su Precious (me temo que habrá una avalancha de actores negros que se consolidarán, de aquí en adelante, con Obama en el poder).
Para ser sinceros, hay que ver cómo se lo montan para que parezca algo democráctico y no sobornado. Me veo empujado a ello con la “victoria” de Sandra Bullock como actriz principal por The blind side. Algo que resulta chistoso cuando estaba de por medio “la reina” Meryl Streep. La única actriz que tiene dos premios más dieciséis nominaciones. Todo ello sin ni tan siquiera ser una mujer glamurosa y guapa. Algo que le honra más si cabe.
También se llevó el don dorado el largometraje argentino El secreto de tus ojos como mejor película extranjera; algo que no sucedía desde 1985 y que se ha celebrado en el país como si la selección de Diego Armando Maradona hubiera ganado ya el mundial de Sudáfrica. El galardón a mejor actor secundario fue para Christoph Waltz; lo mejor que ha salido de la chistera corroida de Tarantino en años.
Y qué fue de Pe, pues que pinchó. Otra vez será Pe-queña.
Parece injusto el olvido de UP. Insípida la actuación de Ben Stiller como Na´vi. Increíble que alguien hubiera contado con Sacha Baron Cohen con el humor tan degradante que elabora. Menos mal que lo despidieron a tiempo. Incuestionable que no quieran modernizarse en la contratación de presentadores de la gala cuando cuentan que Hugh Jackman cumplió con creces (claro que esto lo afirmó una mujer). Esta vez de nuevo estaba Steve Martin. Así fue la edición más justa que se me viene a la memoria (quitando a Bullock).

Los hombres que sólo veian su ombligo


Director: Grant Heslov.
Reparto: George Clooney, Ewan McGregor, Kevin Spacey, Jeff Bridges, Robert Patrick, Rebecca Mader, Stephen Lang, Stephen Root.
Año: 2010.
País: Estados Unidos.
Guión: Peter Straughan.

La gente salía treméndamente decepcionada de la sala de cine. Lo mismo esperaban que Los hombres que miran fijamente a las cabras fuera como Avatar (por cierto, también sale en ésta el general malvado de la cinta de James Cameron).
No es una obra maestra (pero puede convertirse en culto) ya que el largometraje es más trivial de lo que parece, y ahí reside su gracia. Lo más divertido e irónico de toda la función cinematográfica es que se supone estar sacada de una historia verídica. De ser así, cada vez pierde más crédito el ejército americano. Algo de lo que sólo se podrían deshacer si encontraran a Bin Laden. La historia narra como un periodista (McGregor) se cruza, por casualidad, con el mayor mentalista americano (Clooney) que le va introduciendo y enseñando todas las estrategias absurdas que desarrolló el ejército estadounidense en la carrera parapsicológica contra los rusos.
El productor de la película no es otro que George Clooney, que elige dónde adentrarse con el cuidado y la intuición de un perro viejo de la industria. Para colmo, le han tenido que envejecer para la interpretación. Que a sus 49 años le tengan que rapar el pelo para simular entradas suena a disparate. Para quitarse el sombrero señor Clooney.
Los hombres que miran fijamente a las cabras es una cinta de personajes más que de una historia. Con un reparto de aupa quien se come la guinda es Jeff Bridges al que le acaban de conceder el Óscar como actor principal en 2010 por Corazón rebelde.
Habría que incidir en el portento interpretativo en el que se ha convertido Bridges paso a paso y sin hacer apenas ruido por vivir alejado de los flashes y llevar una vida demasiado normal para una estrella de Hollywood; actuando varios peldaños por encima de su difunto padre Lloyd Bridges y a años luz de su hermano. En mi sana opinión ya le tendrían que haber dado el premio en 1993 por Sin miedo a la vida más que por El gran Lebowsky.
La película tiene una gran fotografía y un guión que recurre al feedback (regresión temporal de algunos tramos en el argumento) de manera eficaz, pero que resulta una herramienta gastada por series de animación como Los Simpson o Padre de familia.
Una pena comprobar lo viejo que está Kevin Spacey. Y buen guiño cuando definen a los hombres con poderes mentales como jedis haciendo un doble juego con la realidad al formar parte del reparto Ewan McGregor que ha intervenido en la nueva saga galáctica.
En resumen, una película entretenida arropada por un poso agradable bajo el mensaje de que cuando un hombre tiene ilusión por algo es capaz de lo que sea.

sábado, 6 de marzo de 2010

El espionaje en dos películas


La película 13 Rue de Madelaine refleja con acierto los inicios y las bases de la OSS, Oficina de servicios estratégicos, que, años más tarde, acabaría convirtiéndose en la CIA. Es una evolución, ya que cuentan con algunos de los agentes que formaban parte en la anterior estructura y mantienen el buen uso de la información y, sobre todo, contrainformación.
El largometraje El buen pastor se centra de manera más eficaz en la formación de la agencia. Todo comienza al existir un sentimiento de inseguridad por parte de los estadounidenses poco antes de que se produzca la segunda guerra mundial. En 1940 el Presidente Roosevelt propone al coronel William J. Donovan que forme un servicio secreto de información en su país. Ya, por entonces, la semilla de la OSS estaba germinando en el club elitista Skull and Bones; situado en las universidad de Yale, Estados Unidos. Hubo otro movimiento por parte del lado enemigo alemán en esa Universidad; El Comité Cultural Germano- Americano. Cuya misión era captar adeptos en sus listas y conseguir información de los estadounidenses.
Lo que ambas filmaciones transmiten es la importancia de la información y, más aun, de la contrainformación. Esto es apreciable cuando a Eduard Wilson (Matt Damon) le ofrecen un puesto en la nueva CIA para ejercer el espionaje y desinformación, que es más amplio que los demás departamentos de la agencia. Otro ejemplo sería cuando el papel que interpreta James Cagney llega a Francia haciéndose pasar por un general francés patriótico, que tiene que inventarse datos personales ante el cuestionario de un enemigo en el hotel donde se hospeda.
Otro rasgo fundamental que transmiten ambas cintas es la necesidad de un aliado para derrotar al enemigo que intenta engañarles. Así, el personaje de James Cagney se une a los franceses para conseguir datos de Alemanía sobre sus misiles y en El Buen pastor Estados Unidos se alía con Gran Bretaña.
A pesar de tener aliados, no se puede confiar en nadie. En un caso el compañero alemán (Richard Conte) desata la cuerda del amigo estadounidense antes de saltar en paracaídas del avión y, en el otro, el compañero ruso que toca el violín guarda secretos americanos en el libro de Ulises de James Joyce. Son los espías infiltrados.
La película de Robert de Niro va más allá y da con la clave del “éxito” en la formación de la CIA. Los americanos se dan cuenta de que el poder corrompe y para ello, siguiendo el ejemplo de la Alemanía de Hitler deciden dotarse de una supervisión civil. Para ello dejan que las instituciones públicas formen parte de la agencia secreta. De ese modo se garantizan una mayor eficacia con la intervención de los ministerios y funcionarios.
Resulta llamativo como al final las misiones y la propia corporación acaban siendo más importantes que la propia vida de sus miembros. Al final, el personaje de 13 Rue de Madelaine arriesga su vida antes del bombardeo estadounidense, para que el propio ejército nacionalsocialista no sepa cuando se iba a producir. El protagonista del otro largometraje abandona su vida a favor del servicio secreto.
Haciendo una comparación con el CNI cabe mencionar, que también surgió de las universidades. Nada menos, que de los bedeles que eran antiguos policías y militares miembros de la ONC; más tarde evolucionó a SECED, CESID Y CNI. Se contrapone la idea de un elitismo joven (Skull and Bones) al de un elitismo anquilosado. A la larga su configuración es parecida aunque la ONC desde sus comienzos ya formaba parte de las instituciones (Ministerio de Educación), pero es más tarde cuando ambas deciden incorporar a personal civil con vistas a mejorar la estabilidad.
Regresando a la cinefilia hay que destacar el empleo de los medios de comunicación para difundir la propaganda oculta y desarrollar el juego oculto. Así, el personaje principal convence a los franceses de que es un miembro de la agencia americana intercalando un mensaje en el noticiario radiofónico. En la otra película estrenada recientemente se emplea también el mismo medio, para afirmar que Adolf Hitler contrajo sífilis.
Muy a menudo, los estadounidenses recurren a la formación de un enemigo que es peligroso para el pueblo americano. Incluso, a veces, se empeñan en crearlo. Así, actualmente Corea del Norte tiene un ejército avanzado y hostil, porque los propios americanos comenzaron a suministrarles el armamento en los conflictos de la segunda mitad del siglo XX. El eje del mal no deja de ser una recreación de un hipotético enemigo que tanto idealizaron los regímenes dictatoriales como el de Franco (masones y rojos) y totalitarismos como el de Hitler (sabios de Sión y judíos). Ahora, enemigos más próximos como son Cuba y Venezuela, basan su retórica en advertir de los peligros del gigante americano.
Tras los ataques terroristas del 11-S se decretó la USA Patriot Act (se desarrollaron, además, dos políticas antiterroristas: “Estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos” y “Estrategia nacional para combatir el terrorismo”. Se idearon para mejorar la democracia y libertades fundamentales de la sociedad internacional. Políticas invisibles en la guerra de Irak.) una ley diseñada para mejorar la ejecución de actividades del servicio de inteligencia americano. Hay una Ley para evitar los ataques terroristas en Estados Unidos pero no hay una que evite la invasión americana en el resto de países. Una ley así podría haber hecho frente al despotismo de la política exterior estadounidense y a prevenirles de las consecuencias de la teoría de “La balanza de poder”. Teniendo en cuenta dicha teoría, podrían haber prevenido que tras la erradicación en Irak, Irán obtendría más poder al no tener un contrapunto al que equipararse como era el país vecino.
Concluyendo, cabe decir que ambos largometrajes me han parecido de buena calidad. Aunque seamos realistas; 13 Rue de Madelaine se queda corta en el final, que daba para narrar más y cerrar el guión aumentando el desenlace y, sin embargo, El buen pastor tampoco llega para una trilogía como se pretende. El elenco de actores de la actual es mejor. El guión de Eric Roth es superior al de Sy Barlett y John Monks al estar mejor documentado, aunque la obra de Robert de Niro parte de hechos reales y la de Henry Hathaway es tan solo una recreación.