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sábado, 30 de enero de 2016

El caso de Funnydent

Antes de nada, quería destacar que esta empresa de clínicas dentales ha cerrado de la noche a la mañana sin dar explicaciones tanto en Madrid como en Barcelona. Es decir, en toda España.
Recuerdo la última vez que fui, hace apenas dos semanas, a la consulta de Leganés. Me pareció que seguía habiendo ese ligero desorden en el aire, pero si una entidad se acostumbra a trabajar así, bien por ella. Percibí, también, que no quedaban profesionales en plantilla de los que me habían tratado en mi último año. Un claro indicio pernicioso o dañino si se poseen dotes detectivescos; no es el caso.
Este hecho podría producirse en las grandes superficies comerciales, pero el dato permanecía ahí: el grueso de la plantilla se había modificado en un breve lapso.
Captó también mi atención la ‘apuesta por el blanco’. Si antes tenían sofás (sí, sofás. Ni butacas, ni sillas) negros y blancos, ahora todos eran ese mismo color inmaculado. Por si no fuera poco, la puerta del servicio la habían reformado y no quedaban indicios de la anterior. Ahora era una puerta solemne de cristal corredera y opaca. El toque ostentoso seguía impregnando las baldosas del suelo, subrayado por el ambientador de matices afrutados.
Con todos estos detalles estéticos (más la característica televisión de plasma en la pared) y vanguardistas, quién se iba a imaginar tal espantada.
De mis sesiones, solo quiero rememorar a Clara (fue el alba tras una interminable noche) la especialista que me colocó el implante de titanio. Un ángel con el pulso y la delicadeza de un ducho cirujano.
Y es que, por esa vez, he tenido suerte. Porque he pagado el tratamiento completo y se concluyó antes de toda esta parafernalia silenciosa e insidiosa.
A otros no les ha ocurrido lo mismo. Habrán pedido incluso préstamos o estarán sufriendo dolores físicos convertidos ya en una cuestión lamentablemente bursátil. Me estoy refiriendo a los ancianos de la localidad. A los abuelos de todos y cada uno, porque el número de fichas con las que Funnydent se manejaba era cuantioso. Eran los amos del cotarro, ya dueños del ayer.
Duele escribir sobre esto. Las estafas escenifican la supremacía eterna del fuerte sobre el débil y, en mi caso, he estado posicionado en ambos bandos: vigoroso cuando me sentaba en sus sofás y pensaba en lo bien atendido que iba a estar; endeble cuando se me volvía a desplazar la pieza y entraba directamente hacia el mostrador con cara de pocos amigos o de engañado, traicionado, vencido, al fin y al cabo.
Y es esta, la última de las sensaciones con la que me quedo.
La comisaria debe estar repleta de denuncias por este altercado. Bajo ningún concepto debería quedar impune.
El tiempo dictará su sentencia. Ese gran sabio que todo lo iguala.
De la justicia desconfío. Y si cae todo esto en saco roto, al menos que el tema a tratar nos haga removernos desde el suelo donde se deposite.  

sábado, 23 de enero de 2016

Miedo informativo

En la vida cotidiana, todos somos héroes de nuestro hogar, pero ¿Quién nos protege de las posibles pandemias? Necesitamos a Watchmen, los vigilantes de los vigilantes, sin lugar a dudas. Son los únicos que podrían mitigar definitivamente el Ébola, y ahora podrían actuar de igual manera con Zika, un virus que no sé por qué, pero me da en la naricilla su ligero tufo informativo.
Desapruebo las teorías del miedo y más cuando las crean vayan a saber quién. La Tierra ha asido asolada en incontables ocasiones (no es la primera vez que escribo sobre ello) por los virus y su consecuente propagación. Desde las vacas locas a la gripe aviar y siempre la humanidad ha salido adelante. Aunque para Stephen Hawking tengamos las horas contadas gracias a otros temas... y al afirmarlo él, por algo será. Adquiere todos mis respetos.
Mi mayor incertidumbre es que si no existen superhéroes (habiendo nombrado ya uno) cómo es posible la oportuna desaparición de esas ‘catástrofes’ emitidas desde los medios de comunicación.
Bueno, es cierto, lo confieso. El único Superman real fue José María Ruiz Mateos que se enfundó la elástica azul y la capa roja. Más allá de ahí... Ah, sí, lo olvidaba; ese hombre anónimo de la Plaza de Tiananmen en 1989. Se colocó delante de una hilera de tanques y sus únicas armas de combate para detener su marcha militar fueron una camisa blanca y la bolsa de la compra.
Ya lo decía al principio, hay superhombres y supermujeres ocultos bajo el día a día y sus rutinas. Qué se le va a hacer. Esos desconocidos no se arrugarán jamás ante las enfermedades de racimo que lucen en la televisión o reverberan en los tímpanos desde las emisoras de radio, en esas peluquerías de antaño donde se escuchaba RNE.
Me imagino a todos esos Aquiles domésticos con la mente despejada en sus respectivas salas de estar. Con la única preocupación real que ocupe sus mentes. Luego se relajarán, quizá y se echarán la manta sobre el regazo. Lo extraño de todo es que los óbices de la humanidad se describen, una y otra vez, en todos los soportes escritos y hemerotecas, pero cuando el mal se nos instala, tan de pronto, siempre parece nuevo y desconocido. Con lo cual podrían sobrar esas noticias con sabor a humo y poco más; las que se empeñan en introducirnos tiritonas en el cuerpo. Tan nocivas, tan entusiasmadas en apagarnos la preciada luz del candil de la supervivencia.

jueves, 14 de enero de 2016

Un pececillo llamado Wanda

El conglomerado chino Dalian Wanda, un gigante del sector inmobiliario, pero con negocios en turismo, cultura o deportes, casi lo vuelve a conseguir. Lo bueno es que, de momento, no ha colado su esplendorosa y magnífica idea de reformar el edificio España convirtiéndolo en un centro comercial y hotel de lujo. Su idea de mercado, un proyecto con ese toque a lo magnate por su ostentosidad, se ha visto truncada.
Qué quieren escuchar. Me alegro, y mucho.
Aquí, no se transige  ya la gran oportunidad laboral del megafastuoso empresario de turno. Algo que parece la condición sine qua non de todo idealista megalómano, ni el hecho por el cual se matizaba que la fachada del carismático y emblemático edificio situado en Plaza España se dejara intacta. ¡Bravo!
La propuesta de Wanda, como sostenía en el principio de este texto, toca muchos y cuantiosos palos: es dueña del 20 % del equipo de fútbol Atlético de Madrid, ha puesto sus ojos en Marina d´Or en Oropesa del Mar y por unos módicos 3.200 millones de euros acaba de adquirir, no hace demasiado, la productora cinematográfica Hollywood Legendary quien colocó el sello comercial a la película Jurassic World el pasado año.
Con esto quiero mantener que estos no se andan con chiquitas porque saben apuntar y tiran a dar. Además, les gusta y disfrutan con ello. Cómo no.
En cuanto a la marca España, decir lo encomiable de exportar jamones y aceite a China, pero si a cambio se va a permitir la presencia, un tanto parasitaria, de algunas empresas o negocios de allí... Virgencita déjame como estoy.
Ahora, ni me considero xenófobo (Vivo en un Estado donde se siguen fabricando armas para las guerras) ni seguidor acérrimo de la teoría del contrato social. No obstante, chirría en grandes dosis el capitalismo como máxima y única expresión; sea la bandera de cualquier color. Y con esto se pierde demasiado, al dejar de lado todos los descartes, desechos o despojos marginados por la competitividad de la raigambre política soterrada en cada país.
Colaborar es una suma óptima; por el contrario, si se compite se disecciona a la sociedad.  

sábado, 9 de enero de 2016

La locura nunca pasa de moda

El siguiente enlace os mostrará la crónica de la que hablo en esta entrada del blog:
Ese texto titulado ‘Las mil y una caras de la locura’ me gustó por su rigor informativo y porque no ahonda en el sensacionalismo que tanto El Mundo como El País recurren en demasiadas ocasiones. Como por ejemplo, y no hace demasiado, mostrando cadáveres en las costas del Egeo. Sin esas imágenes la noticia parece no llegar al lector de los diarios o eso pensarán los creadores de ese tipo específico de corriente (ya digo: va y viene, según).
Hay cierto toque humorístico en lo descrito. No olvidemos lo importante que es reírse de los grandes problemas sociales, pero en su justa medida... a ver si se nos tomará por lo que no somos.
En fin. Como decía, me gusta esa nota de ingenio. En la crónica, reconocer el hecho de tener un trastorno mental (ojito con esta expresión y todos los estigmas que atrae como un sumidero repleto de agua cuando se extrae el tapón) lo llaman ‘salir del armario’. De acuerdo, se acepta la comparación, pero quizá estar loco está hoy en día peor visto que ser gay. Y no sostengo esta afirmación para hacer de menos a los gais. Por comparar lo incomparable. Miren cómo celebran a bombo y platillo el Día del Orgullo Gay y cómo se auto silencia el Día Mundial de la Salud Mental. La primera parece un carnaval brasileño; y tanto que me alegro y la segunda, por cierto es el 10 de octubre, es una ligera brisa en cualquier calle asolada de ausencia. Sí. De acuerdo. Aparecer aparecen en los telediarios, no obstante todavía me da la ligera sensación de ser noticias de relleno, en vez de principales; como de no apertura. Gracias a Dios, que cada cierto tiempo en TVE2 emiten algún documental digno sobre las enfermedades referidas.
También comparto la idea de crear un programa de radio elaborado exclusivamente por personas con algún tipo de enfermedad mental, solo que con ello la inclusión social se quedaría en nada porque el fin último de cualquier discapacidad, no lo olvidemos, es el ser considerado como uno más. Desde el puesto de trabajo hasta el cuarto de estar en cualquier casa.
Todos los estigmas y dificultades que acarrean el padecer trastorno bipolar, esquizofrenia o cualquier otro óbice de la testa aparecen muy bien reflejados en el libro del publicista Carlos Mañas Mi cabeza me hace trampas. En el cual desmitifica la creencia, por ejemplo, de considerarse genios a los pacientes con trastorno bipolar. Es cierto, Virginia Woolf, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Friedrich Nietzsche, Mark Twain, Tennessee Williams, Anne Sexton, Hermann Hesse, David Foster Wallace o Herman Melville, entre otros, lo padecieron, pero el llevar ese mal no acarrea el hecho de ser a su vez la panacea.
Y en el párrafo anterior solo he mencionado algunos protagonistas en el campo de la literatura. Con lo cual, el porcentaje de personas con algún tipo de traba psíquica o física es considerable.
No obstante, he de afirmar que se me heló la sangre cuando leí en dicha crónica de El País que el Instituto Psiquiátrico José Germain, de la calle Luna de Leganés, inmortalizado por Torcuato Luca de Tena en su obra Los renglones torcidos de Dios, alberga a 96 pacientes en su interior. 96, evidentemente no son 100, pero es un número elevado, sobre todo si uno pasea por esa calle disfrutando de un cálido y apacible día. En su interior todo permanece inmóvil. Parece como si sus ventanas mostraran un vacío sepulcral, incentivado y acentuado despectivamente por unas rejas de hierro pintadas en negro, fruto de un pasado peor.
Ahora, en 2016 se cumplirán 30 años desde que una ley de sanidad facilitara el cierre de los manicomios en España. Este dato os obligará a pensar dos hechos: o bien permanecen los enfermos en pisos tutelados o están en la calle. No teman. En ocasiones, la bestia no es tan fiera por mucho que las noticias violentas de sociedad se esfuercen en resaltar el estado mental del agresor en vez de los motivos reales, casi siempre desconocidos o extraviados entre pesquisas burocráticas. Mientras la sociedad vaya a lo fácil, los estigmas sobrevolarán por las mentes. En el fondo 30 años son solo un tango y medio (20 de la canción y 10 que añado yo). La posibilidad de subsanar los estigmas en estos temas es hercúlea.
Aunque me gusta creer en la existencia de personas capaces de hacer un vistoso tachón sobre la ‘insignificante’ línea que separa la locura de la cordura.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Vocal en unas elecciones generales

Cuando me dieron la mala noticia, esa notificación entregada en mano por dos agentes de la ley, me sentó como si una tormenta (de las de antes, de las que casi ya no se aprecian) cayera de pronto sobre mí. Y eso que el agua no daña, solo incomoda. Pensé ‘Otra más en toda la frente’. Pero, por suerte, no fue todo tan malo como se creen los ciudadanos que todavía no han pasado por ahí.
De acuerdo, es mejor ir a votar en bicicleta o con toda la familia del hogar o con el perro o empujando la silla de la abuela para desarrollar el pleno derecho de cualquier ciudadano: introducir los sobres secretos en sus respectivas urnas; para luego regresar uno a casa y seguir el resultado electoral desde los medios de comunicación... o por qué no, ver cómo un poderosísimo Real Madrid endosaba una contundente goleada de las que no se recuerdan en 55 años. Nanai. Más de lo mismo. No nos engañemos.
Como os contaba, ahí estaba yo, en la mesa electoral. Primero con muchos nervios (Aunque la política no me interese demasiado, me hacía ilusión participar en una jugada maestra y ver cómo a los dos partidos principales se les desencajaba el rostro sin pormenorizar en sus consecuencias), luego, lentamente y según iba cayendo la claridad de la tarde entre las ventanas del colegio de turno, la espalda y el cuello de los miembros de la mesa se fueron plagando de dolores y tensiones. Al fin y al cabo fueron 16 horas de concentración, atención y rigor en nuestras labores dominicales, Día del Señor.
En una de esas bandadas de votantes me encontraba escribiendo en una lista todos sus nombres cuando de pronto me percaté. Debía de cerrar un ojo para poder seguir escribiendo o leyendo todos los DNI que la presidenta me dejaba cerca. La vista nunca ha sido mi fuerte y llegó un momento en que las líneas divisorias donde debían ir las casillas de los votantes se cruzaban entre mis pupilas... las perdía. Fueron minutos delicados y eternos. La paciencia y el orden tiraron de mí. Pero con un ojo y sin jaqueca (extraño en esta ocasión) pude aguantar hasta el final, lo cual no es poco.
Desde aquí agradezco la colaboración de los interventores tanto de PSOE como de PP en dichas votaciones. En muchos casos sirvieron de guía con una claridad encomiable.
Lo peor viene ahora. ¿Habrá unas nuevas elecciones? ¿Cómo se podrían coaligar los partidos políticos?
Es verdad. Queríamos y necesitábamos un cambio, pero los partidos expuestos parecen no ser suficiente y de ahí esta marisma. A veces, ganar y perder es posible analizando lo sucedido.
En esta ocasión extraña nos hemos convertido en la escenificación propia de la indecorosa agresión sufrida por Mariano Rajoy días previos al evento electoral. Lo pernicioso es que todos hemos sido a la vez la mano que ‘golpea’ y el rostro que la ‘sufre’.
Con unos partidos más honestos tanto en lo propio como en lo ajeno, unas elecciones deberían ser algo más. Mucho más.

jueves, 20 de agosto de 2015

La secta del doblaje

Muchas veces, cuando estamos viendo una película o serie de televisión, nos suena una voz y cómo no si siempre suelen ser las mismas. Apenas hay sitio para alguien que intente labrarse un futuro siendo actor de doblaje. Dichos profesionales saben de lo fácil de su trabajo: concentración, respiración, interpretación, claridad, vocalización y credibilidad... quizá no sea tan sencillo, quién sabe.
Pero vayamos más lejos. ¿Es posible que todos y cada uno de ellos se repartan los papeles? ¿Es legal dicha adquisición laboral? De ser así ¿Se puede cambiar esa situación injusta?
Son preguntas realizadas al aire, porque, con franqueza, no creo en un supuesto cambio.
No discuto la calidad de esos empleados. Pongo en entredicho la manera de conseguir esos papeles. Sobra compadreo y tal vez hasta nepotismo. Demasiada mancha para un empleo tan mágico y especial.
Conozco a dos actores de doblaje. José Manuel Rodríguez, Rodri, y Manuel Bellido. Los dos son personas destacadas en las distancias cortas y ‘amarrateguis’ en sus propuestas sobre el tema que trato.
Suelo referirme al hecho con la expresión ‘doblaje’, y es ahí donde radica el problema en sí. A mí me suena a doblez, a falsedad, a algo que transcurre subrepticiamente cual tramoyista de un espectáculo. Los ocultos, los del atril previamente concertado y adquirido; una dedicación hermética.
Cuando un personaje de ficción conserva la misma voz durante varias películas o temporadas es ‘normal’ hasta cierto punto. No pasa nada si cambian de intérprete sonoro, pero en realidad esto no sucede. Si Hommer perdió a su actor, pues ya vendrá otro con una cartera de locuciones bastante portentosa, porque ellos se lo guisan y comen. La voz es vital, y más importante es repartir los méritos. Supongo.
De todos modos considero que los de detrás no sustituyen a los de la primera fila, aunque desaparezcan por fuerza mayor. Un error apreciable solo con el paso del tiempo, cuando la voz del intérprete esté mal acompasada o no transmita suficiente. Entonces, tal vez, las salas de cine se hayan extinguido y la sana paciencia en el espectador también.
Un robo profesional y sonoro por las voces que ahora no se escuchan ni aprecian al no contar con su oportunidad. Porque, como en la vida, siempre hablan los mismos.

viernes, 19 de junio de 2015

Mala sangre

Estas palabras caerán en saco roto. Pero desde aquí voy a contribuir a esclarecer los hechos. Resulta que los recursos humanos (o inhumanos) de las empresas que últimamente me he ido encontrando están muy por debajo de lo esperable y respetable. Si uno acude a una entrevista para un puesto concreto no te pueden echar en cara la falta de experiencia sobre ello, puesto que en tu curriculum lo ponía con claridad. Esto genera una situación ridícula y contradictoria. Es como si uno va a una pescadería y le dice al pescadero ‘Anda, pero ¿No tiene usted solomillo?’ Pues algo así. Eso por un lado. En el otro existe otro dato y ese es el de demandar el oro y el moro al aspirante al puesto. Es cierto que vivimos tiempos donde uno debe amoldarse a todas las tareas que le surjan, pero de ahí a que exijan una titulitis innecesaria me parece aberrante. Es más, se da el caso de un curriculum compensado y que ni por esas te den el beneplácito. Vamos, que no te dan trabajo ni aunque te escogieran para ello. Segunda contradicción de hoy en el tema que nos ocupa. El colmo de los colmos. Que te digan ‘Si vales para tal empresa, pero no encajas en lo que buscamos’.
Sé lo que buscáis: Un portero goleador, un caballero de aspecto desaliñado, un putero bonachón o una Dama de Elche en carne y hueso. Alguien supercualificado en todos los frentes, tierra, mar y aire, una composición de Mozart más Beethoven más Chopin en si bemol mayor... la repanocha tocha (perdón por el ripio).
Nada. Imagináis fantasmas que no existen. Bajad al suelo, por favor. Dad una oportunidad de aprendizaje a quien lo merezca. Sois jueces tan leguleyos como pérfidos tras vuestras sonrisas delicadas. Estáis en empresas donde se valora aptitud y actitud no apariencia o falsos piropos expresados por un pobre interlocutor que no busca empleo, sino sobrevivir.
No sé qué más se puede expresar cuando se vulnera el pundonor del necesitado, del ciudadano de a pie (y del que va en moto, también).
A qué se juega. No me creo que no tengan pesadillas los que juzgan a las futuras posibles incorporaciones de una entidad. De verdad; dejadlo. Arrojad la toalla. Dedicaros a la captura del percebe, pero sin las prestaciones adecuadas y reglamentarias. Eso os deseo. No más.

jueves, 26 de marzo de 2015

Vuelos sin alma

No sé ni el nombre de la compañía del avión ni la del nuevo sujeto protagonista. Pero ante esta nueva tragedia se ha de razonar sobre una serie de cuestiones.
Sí. Me estoy refiriendo al ‘accidente’ del vuelo Barcelona-Düsseldorf.
Vamos a ver. Puestos a desangrarnos a conciencia con todo atado y resuelto... Por favor, no te lleves contigo la vida de toda una tripulación. Siendo cínicos, hubiera sido mejor ser un kamikaze de pundonor y barbilla en alto, como los de antes, como los que ya no se llevan, como los que deben y serán siempre condenados no tanto por la memoria de Japón sí como por Estados Unidos; la nación que da y quita.  
Los medios de comunicación han tardado un parpadeo en colgar tu imagen para que haya un culpable. Esto deja en evidencia a la familia del suicida. Qué cuerpo se les ha tenido que quedar cuando han visto las noticias. Menudo panorama para matarse. Lo mismo esos son argumentos de peso para realizar un haraquiri completamente justificado.
Los diarios, imagino, con el fin de apabullar, han escrito de otros casos similares. Es el afán por destapar tendencias y malas costumbres periodísticas. Nada nuevo sobre el horizonte.
Ahora me surgen las dudas de cómo evitar otros casos de esta magnitud. Los copilotos pasarán sus pruebas psicológicas pertinentes, pero aquí se demuestra lo fatídicas que pueden llegar a ser y es que cuando uno vuela a otra ciudad no le cabe otra, de verdad, que entregarse a la sana idea donde es idóneo pensar en las manos, voluntad y bonhomía de los pilotos. Vienen a ser como dioses precisamente por lo que vengo contando, porque son responsables de un buen número de vidas a bordo. Para ello no valen Fulano, Mengano y Zutano. Habría que fortalecer la seguridad de los vuelos precisamente porque somos humanos y no autómatas, aunque... visto lo visto.
Atrás quedan las palabras a deshora, los términos para dar coherencia a los hechos que según va trascurriendo las pesquisas y averiguaciones echan por tierra todo lo anterior hasta sentirse uno ridículo con lo que ha visto y oído por la televisión. Suerte que la memoria audiovisual es ambigua dependiendo de quien sea su consumidor. Por eso, al principio, les hablaba de ‘accidente’, también podría referirme a ‘terrorismo’. Carnaza dispuesta a ser devorada por todos nosotros como si de una etiqueta mercantil y disfuncional se tratara.

sábado, 7 de marzo de 2015

Con solo una vida

Maneja bien los lapsos muertos. Desecha el aburrimiento y haz algo un poco más productivo. Salta del sofá antes de que los codos y antebrazos se vistan de escaras. Solo tienes una vida y probablemente la estés malgastando por algunos momentos. 
Formarse está perfecto, pero hasta un término medio. Mira bien lo que te pueda venir en un futuro a corto plazo o de lo contrario serás el amo de los currículos, sentado en una monte de huesos de aceituna. Sin más ni más.
Deberíamos vivir dos vidas: una para luchar por lo que queremos con tesón y otra para dedicarnos a la existencia contemplativa. De las dos ninguna es complementaria entre sí. Suele suceder que cuando alguien se centra demasiado en una, descuida la otra. De acuerdo, pues considero que esto es injusto. No hay términos intermedios cuando uno siente, imagina, escenifica el bienestar. Cuando se presente hay que apostar ‘all in’.
Y esto es así, porque bien, lo que se dice bien, tan solo son unos 65 años. Luego ya viene una vida extraña, descorazonada y lánguida. Todo se repliega en un vacío que tapa demasiado. Los balances negativos se hincan como punzones. Lo que ayer era de vital importancia, hoy es tierra baldía. Y qué te va a quedar. Nada, tan solo un millón de preguntas sobre qué ha sido tu vida o para qué estamos aquí.
Imagino a alguien en el final del camino recriminándose a sí mismo los proyectos y metas que hubiera podido lograr y que ya inexorablemente no le queda más tiempo.
Esto es un suspiro, créanme, y eso que no llevo recorrido ni la mitad de lo pretendido. Aunque nunca se sabe.
No malgasten las situaciones. No se embarguen innecesariamente. No remen a contracorriente y hagan caso, por una vez, al río.
Tampoco soy un gurú del devenir. Pero sé que, con solo una vida, deberíamos tratarnos mejor para evitar sufrimiento innecesario.
Aprovechar la felicidad al máximo cuando esta aparece no es mejor que intentar evitar el dolor impredecible. Bastante tenemos con lo probable como para echarse más tierra encima, nunca mejor dicho. Carpe diem. Lo que deba ser... será.

domingo, 18 de enero de 2015

Ha nacido un monstruo

Así, a las claras, creo que en más de una ocasión nos hemos topado con un mal tipo o tipa sin saberlo. Estas personas son las protagonistas de las historias más rocambolescas que se transmiten de un modo viral. Es el caso de los malajes que se pasan las croquetas bajo la axila antes de echarlas en la sartén del bar cotidiano o los que amasan las pizzas con las manos repletas de vayan ustedes a saber o el que contrapea los folios que vienen pre impresos con el único fin de que alguien en la cadena de manipulado lo pase por alto y se impriman del revés.
Es gente que se gusta de hacer el mal a escondidas, arrojando la piedra y ocultando la mano luego en el bolsillo.
También en este saco, van los que se colocan un pasamontañas negro y cometen atrocidades en nombre de un Dios metralleta o machete en mano. En estos casos concretos, la falta de piedad y claridad mental queda demasiado en entredicho. Son los que no temen ser reconocidos como malhechores.
En el saco de rafia, del que nada debería de emanar, también van los que se forjan una idea preconcebida de unos hechos poco claros. Son acérrimos de una sola opinión televisiva. Lo que vaya en otra dirección es caer en un flagrante error, según ellos. Estrechos de mira a la vieja usanza, puesto que si algo tiene la verdad absoluta es que es tan inabarcable como un Olimpo... vamos, que no existe.
Por otro lado, deberían de aparecer dentro de él los dirigentes políticos norteamericanos que han ido resquebrajando los tratados de no negociación con Cuba. ¿Quiénes son ellos para influir en si un país es digno para comerciar? Entre un Barack y Mubarak cabe más de un millón de ripios malsonantes.
Como ven el mal es el mal a distintas escalas, pero es igual de pernicioso en todas ellas. Los que aprietan los botones, los arengadores del miedo, los que atizan con sorna, los que venden competitividad a precio de ganga.
Un costal con toda su harina bien amalgamada no debería de arrojarse a un vertedero. Alguien vería un negocio redondo si se depositara en la sala de cualquier museo contemporáneo.
Seguro que a solas, los que mueven los hilos, se chistean a modo de ‘artistas’.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Vejez

No hace mucho, quizá seis años aproximadamente (se antojan próximos), me quedé perplejo cuando iba corriendo por la urbanización en la que ya no vivo. Por entonces, solía hacer deporte y pasaba al lado de una residencia. En cierta ocasión, un anciano estaba allí dentro, pero no en el interior de la casa, sino en la parcela. Estaba tras la verja que separaba la calle de la estancia. Le vi mirarme y girar con levedad el cuello mientras me observaba pasar.
La vejez debe ser eso. Contemplar sin esfuerzo, sí con pesadumbre, los que vienen detrás dotados de juventud.
Ahora, vamos al mejor invento de la historia, el espejo. El reflejo es tan subjetivo que es casi mágico. En ese cristal que muestra todo distorsionado, puesto que está a la inversa (si te colocas frente a él y levantas la mano izquierda, tu ‘otro yo’ alzará la derecha, con lo cual es un engaño) aparecerás tal y como te ven los demás (reflejo) y también tal y como te ves tú (tú mismo). A su vez los hay cóncavos donde la imagen saldrá siempre perfeccionada por su estrechez, y convexos donde nos horrorizaremos al contemplarnos deformados. Para más información, mencionar que en la mayoría de las tiendas de ropa utiliza el primer caso para vender más. Al fin y al cabo saben cambalachear con nuestra imagen.
El espejo te muestra el paso del tiempo. Canas, arrugas, calvicies, papadas, ojeras. El fuero interior nunca suele ir a la par de la imagen percibida a través de dicho objeto. Cuando somos niños imaginamos ser hombres y cuando se alcanza esa etapa, se idolatra la anterior. Nunca se está completamente satisfecho.
Los hay que cuando se ven calvos se olvidan definitivamente del peine o las que el tono níveo de las canas no les genera frustración alguna, ni lo más mínimo. Pero lo lógico es que acuda cierta nostalgia de lo vivido y añorado.
Lejos de cualquier narcisismo, a nadie le suele agradar contemplar el paso del tiempo. Los cuentos positivos que no lo reflejan creo que están mal avenidos. La realidad es otra.
Se podrá llegar a afirmar con tales hechos que los espejos conseguirían engañar a la propia muerte, pero no a uno mismo.
Y el anciano seguirá tras la valla. Sintiéndose quizá apresado por una niebla que le envuelva el corazón. Una mancha en el alma que no se limpia (si es que se pueden llevar a cabo tales acciones sobre una superficie tan efímera). Con lo cual puede que la vejez sea eso... un muro infranqueable y no una simple verja donde lo único que muestra es una paisaje gastado y anodino.   

domingo, 26 de octubre de 2014

Carta de un indignado


Querido Mariano Rajoy:

 
Soy Teresa Romero. La auxiliar de enfermería que se contagió de ébola. En el fondo, creo que no necesito presentación y menos ante ustedes, los políticos.
Le escribo esta carta porque considero que es el máximo responsable de la mala gestión que ha tenido este caso en España. Estará pensando que no es así, claro, cómo no, que entremedias hay una serie de factores, condiciones y hechos que lo salvaguardan de mi caso y de otras corruptelas. Los políticos no paran de llenarse los bolsillos y nosotros vemos como la justicia se frota también las manos.
Pero volvamos a lo que nos acontece a usted y a mí. Ahora que aún guardo la mesura.
Aunque los análisis hayan sido favorables y el contagio se haya visto frenado, me siento estigmatizada, el aislamiento social que sobreviene será acuciante, han sacrificado a Escalibur y, de acuerdo, era un asunto casi de vida o muerte, pero en todo esto ¿Qué es lo que ha perdido usted?
La credibilidad política española luce un chubasquero demasiado resistente para la que le está cayendo.
Los medios de comunicación han difundido fotos en las que no salgo favorecida. Estoy medio tirada y relajada junto a mi perro, en ese sofá que siempre dije que cambiaría y esto ya no entra ni en mis peores planes. Quien les proporcionó las imágenes tuvo que ganar lo suyo. Fue un inepto algo sutil que de entre todos los álbumes escogió la peor muestra. Lo mismo fue un familiar o mi propio marido. Las piedras no deberían caer sobre los propios tejados, sino sobre el Congreso.
Desde aquí pido que esto no se vuelva a repetir. Que no se hagan acciones políticas, ni militares, ni religiosas, de cara a la galería.
La realidad siempre supera a la ficción. Con esto quiero decir que aunque estemos viendo la punta del iceberg, seguro que lo que algún día se destapará será inabarcable e insostenible. Contáis con la colaboración de un país que solo se manifiesta por el fútbol y con unas togas y mazos tan corruptos y despiadados como vosotros.
Es hora de que alguien pague por todo; que dé con el pellejo y los huesos en una celda. Me gustaría verle en ella y esta idea, créame, sí que me eleva la temperatura corporal.
Por último, decir que esta carta me relegará cuando menos a la exclusión, mientras otros semejantes a su cargo se seguirán pavoneando. Ya nada temo. En el fondo estoy agradecida a todo esto por haberme convertido en una superviviente. Esa es la realidad. Lo demás es limo del lóbrego rio de la política.

viernes, 4 de julio de 2014

Señoras del pelo

Siempre me ha parecido llamativo el mundo de la peluquería. Que te acaricien y froten el pelo considero que son acciones tanto privadas como personales. Por eso suelo estar incómodo en esos lavabos donde la peluquera intenta contener el agua para que no pase de la nuca del cliente o de la toalla que te colocan alrededor del cuello. Todo tan pulcro y a la vez tan inhóspito. Olores de laca, gomina, el motor del secador zumbando sobre una melena sexagenaria y teñida, el aroma a tinta impresa de las revistas del corazón (algunas muy manoseadas, otras casi caducas), la emisora de radio en una sintonía mal elegida. Trabajar con el pelo se podría llegar a sostener que es un oficio de exquisita precisión. Esa tijera próxima a tu iris mientras te recortan el flequillo (si aún te queda). ¿Acaso hay otras ocasiones donde uno pueda ser tan vulnerable? En caso de pánico no nos podríamos defender porque nuestras manos están bajo la sotana negra para evitar mancharnos. He dicho pánico porque no me explico como hay casos donde una profesional puede hacer tres acciones a la vez: cortar, pensar en lo próximo que te va a preguntar y hablar a la vez.
Las hay fumadoras que no se reprimen en contener el olor a nicotina que desprenden sus manos. Las hay impertinentes preguntando aspectos quizá demasiado personales para el estrecho margen que debería haber entre profesional y cliente y en ocasiones ni existe. Es cierto, no soy uno más. Me gusta que haya cierta distancia cuando trato con las personas. No me gusta que me pregunten dónde vivo, ni qué funciones desempeño en el trabajo. Intento estar lo menos posible en los sitios donde más se me pide que intervenga. Habrá clientes que estarán gustosos de desinhibirse con el primero que pase... no es mi caso. 
Como todo, también hay aspectos positivos. Hay peluqueras agradables que mantienen a raya su rol. Es como si pretendieran hacerte sentir cómodo, pero de un modo innato. Se me han dado casos donde me ha parecido hasta algo interesante lo que me contaban. Es más, semanas más tarde he seguido pensando en lo que me habían dicho: sus hijos, sus proyectos... hasta que he tenido que volver a ir para asear, meses más tarde, mi imagen. Entonces hay otra peluquera que me cuenta su historia y la nueva narración tapa a la anterior y la solapa. Unas por otras, siempre acabo preguntándome por qué no cambio de peluquería. Pero las historias se multiplicarían y mi mente, capaz de memorizar el más absurdo de los detalles, acabaría escribiendo sobre ello.
En cualquiera caso soy de los que opina que todos nacemos para desempeñar una función. Hay otra corriente progresista que afirma que cualquier labor se puede aprender y poner en práctica por cualquiera y donde sea. Tenga quien tenga la razón, a todos nos ha pasado que al caer en manos del profesional adecuado nos hemos despedido pensando: «Ha nacido para esto». Luego nos remorderá una envidia un tanto insana que nunca hará tambalear los cimientos, pero ahí estará. Presente como el lunes, inexorable como los domingos.

viernes, 6 de junio de 2014

Lo que nadie cuenta de la emancipación

Uno se va de casa pensando que no perderá a los suyos, pero lo que desconoce es que se abre una grieta, bastante profunda, entre la familia y el emancipado. «Es normal», pensarán algunos, «ley de vida» dirán otros, incluso los habrá que ya estén buscando un cabeza de turco por disgregar la unión sanguínea y seguir su propio camino. Así lo hizo mi padre, su padre, el abuelo de este... y no paro de contar. No es que la relación empeore, es que se vuelve muy distinta. Sonará descabellado, no obstante cuando uno sale del hogar familiar ya no regresará nunca bajo el rol que dejó. Primero porque el que se va comienza una nueva vida y porque los que se quedan se acostumbran a su ausencia y la rehacen o reconstruyen. Si ha pasado siempre... seguiré aconteciéndonos. Da igual que se haga una visita dos veces en semana, o tres, o una. Uno se ha trasformado en un invitado de lo que antes era su techo.
La comunicación también es distinta. Sobre todo si eres un chico. Quieres soltarlo todo en un corto periodo de preguntas y al final te dejas lo más importante en el tintero y piensas: «La próxima vez será» y no es. Porque el tiempo, imagínense que es como el retrato de Frida Kahlo, La columna rota,  de 1944. Ahí se escenifica muy bien lo que pretendo transmitir. La columna es la familia y se va deteriorando en lapsos (ni los clavos la sostienen) porque la ausencia del arropo anhelado la va mellando. Es una línea de hormigón que te segmenta el alma. ¿Es lo adecuado estar lejos de ellos? Claro que sí porque el hombre y la mujer, cualquier individuo capacitado, debe y puede edificar su propia familia, repleta de buenos momentos y de costumbres propias (para mí la verdadera riqueza de la independencia). ¿Cómo es pues que la vida sin emancipar con respecto a la emancipada parece tan diferente a la otra?
Desde mi punto de vista ahora somos adultos que no han aprendido a deshacerse del vínculo infantil que los protegía. Estamos a lo nuestro, sí, solo que no sabemos arreglar una cañería, un simple enchufe o anudar una corbata. De repente hemos crecido con todos los caprichos o facilidades y nuestras facultades a la hora de desenvolvernos en el mundo se han visto afectadas. Hay acciones o labores que solo los padres saben llevar a cabo y ahora que estamos en esta soledad buscada, y por lo tanto benigna, nos damos cuenta de que algo parece no encajar. Si a ellos les salía tan bien instalar el riego automático ¿debemos conformarnos con no saber descifrar unas instrucciones de un mueble Ikea? Tampoco es tan difícil, claro que no, a base de intentar uno aprende; como decía así ha sido hasta la fecha y seguirá siendo.
No pretendo ver nada más que lo malo, de hecho cuando uno se encuentra frente a un problema y no hay nadie que te pueda ayudar es cuando más autónomos nos sentimos y es cuando mayores logros se consiguen. "Lo conseguí sin ayuda de nadie". ¿Hay mejor recompensa que esa? Sin embargo, lo único que perdemos, y aquí vuelve a aparecer el tiempo, es que dejamos de estar junto a los nuestros con la asiduidad de antes. Perdemos viveza porque al no verles parece que la vida va a grandes saltos... enormes piruetas descontroladas en tu contra, sin frenarlas. Lo que antes era inexorable y bien avenido se antoja, de un tiempo a esta parte, cruel, antinatural e impropio...
De aquí esta pequeña reflexión varada en las cuerdas de un reloj. Las manijas que con su tictac se establecen como las verdaderas enemigas. Lo más cínico es que no habrá jamás padres que puedan retenerlas o frenarlas con todo el amor y cariño que arrastran para el consuelo y descanso de todos. Tampoco hijos.

viernes, 11 de octubre de 2013

La enfermedad de la lengua de trapo

Hace muy poco se produjo una noticia de esas que, a priori, no gustan a nadie. Nathan Fleming, un belga de cuarenta y cuatro años, se sometió a la eutanasia al quedar insatisfecho por su cambio de sexo, de mujer a hombre en este caso. Las causas de la petición de eutanasia fueron "sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables". Decía con anterioridad que el hecho noticioso no agrada al público por el delicado tema mortal. Así que sintonicé la COPE para ver la opinión que daban al asunto y estuve a punto de morder el volante de mi vehículo. Según un tertuliano estrella y episcopal, afirmaba que lo de la eutanasia no estaba bien visto porque era el no asumir las adversidades de la vida.
Seguro, hombre, seguro. A Ramón Sampedro le iban a ir con estas ahora y a tantas otras personas incapacitadas psíquicas y físicamente. La vida, en algunos casos, es solo cuesta arriba, sin descansos, y es completamente razonable que alguien en estas circunstancias diga: "Anda ya con esto y lo otro, me quito del medio y listo". Que sí, que lo sé, mi discurso es simplista y peca en las envolturas, pero lo estoy diciendo bien manifiesto. La muerte es un derecho más. Y quien no lo vea así espero que no se le den las circunstancias para que piense "con lo bien que estaría en el otro barrio".
Esto se enlaza directamente con Argentina, país donde, atención, es el primer caso del mundo en el que se ha admitido un cambio de sexo en un niño de seis años en el DNI sin procesos judiciales de por medio.
Así de claro (y de clarín). Los problemas cuando antes se resuelvan, mejor. Luego se corre el peligro de cultivar males mayores, pero en absoluto voy a ser tan conservador como algunos tertulianos ni tan fatalista como en párrafos anteriores. Sobra recordar que los menores también están protegidos y amparados por las leyes. El cuidado es el doble, pero hay unos óptimos derechos en niños y adolescentes.
España, país democrático según dictan las leyes, no puede permitirse que la libertad de opinión esté sesgada y comprada. Es un error caer en la voluntad de los poderosos puesto que el periodismo no es el cuarto poder, es un poder más al fin y al cabo tan voluble como el viento que sale del Congreso.
Hay que vivir todo lo posible mientras se pueda vivir así. Si no, bueno, tal vez haya que reflexionar en decantarse por una medida compensatoria. Seamos leguleyos o no, sabemos que la verdad, en algunas ocasiones, está por encima de las letras pequeñas y de cualquier prospecto. Que cada cual la interprete como buenamente pueda.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Ir a contranatura

Lo lamento profundamente. Hay varios tipos de personas, de facto, hay tantos como individuos haya por el mundo y el espacio (que seguro hay alguien en órbita en estos precisos instantes). Sí. Decía que lo sentía anteriormente porque no aguanto a los que pertenecen a la luz y color. Los que han nacido solo para ver la hoja verde de la pita, sin saber que luego del centro de la planta brotará un capullo letal, de varios metros de altura, que secará todo y generará el fin de esa vida.
Tampoco estoy con los que forman parte del pesimismo global. "El mundo llega a su fin" es un lema que debería pesarles demasiado, si me apuran más de lo que les está pesando. Aunque este segundo grupo mantiene matices reales, es decir, que sus hipótesis pesimistas pueden ser ciertas cuando hablan  de política, más que nada, y paren de contar. Podríamos llegar a declarar que la política española de hoy es una corruptela y quedarnos tan anchos, pero ojo... algún representante bueno habrá.
De todos modos el mayor fallo o falsa esperanza de algunas personas es pretender permutar los rasgos definitorios. Es decir, pedirle al pesimista que de golpe y porrazo manifieste un humor a lo Groucho Marx. Tampoco desafinaría tanto.
Hagámoslo a la inversa. Pidamos a los luz y color que muestren su lado negativo y pernicioso. Qué va. Pero si no tienen. Se basan en que la vida es cíclica y si la pareja del momento se rompe, otro clavo vendrá, que si el coche pincha una grúa acudirá, que despiden a alguien pronto se reinsertará. Medidas muy terapéuticas, al fin y al cabo.
Dónde ha quedado el término medio. Ese ciudadano de a pie (bendita expresión no va a caminar con las manos) mundano y pacífico que tan pronto degusta una horchata en una terraza como que realiza sus cálculos para llegar a fin de mes sin mojarse ni con los de un lado ni otro. Es efectivo de principio a fin y sabe conservar sus valores sin que la opinión pública los considere. Un ser asertivo por naturaleza que pide lo suyo sin dañar ni menoscabar su ego y el de los que le rodean. Pues lo dicho, un ser en vías de extinción. Qué lástima.
No sé. No se me ocurre que a Miguel Ríos le espeten que cambie el modelo de canción, la letra, el significado, el contexto vamos, por decirlo así. La opinión pública somos todos cuando conviene y si no se recurre al mensaje de que cada uno es diferente. Pues me voy a mojar como Gerard Depardieu y su ¡No gracias! Dejad a cada cual en su sitio. A los que les guste estar a la sombra en mangas BIEN. A los que refunfuñan debajo de la higuera porque no se han caído del guindo BIEN. A los pobres valientes que solo saben arriesgarlo todo BIEN. A los ricos y más que ricos que acaban perdidos en su mundo de dinero BIEN. A los que se engañan a sí mismos para creer en un mañana BIEN. Y me dejo a muchos sin nombrar por pereza y desgana, porque el país sigue como estaba y no existe la fuerza y las entrañas de hacer algo loable sin culpar al de lado. Aquí no hay "malos" tan solo una tremenda hoguera nacida para contemplar el humo y las pavesas.
No quedan armas, las de verdad se han vendido. La desinformación es la neblina de esta guerra.

sábado, 22 de junio de 2013

Las últimas sirenas

Ante todo he de decir que el título de esta entrada no es del imaginario del propio autor. Sencillamente se lo cogido prestado a Cayetana Guillén Cuervo, la actriz y presentadora de esa familia de actores españoles.
Quien escribe estaba en la sala de espera de la consulta del médico de cabecera en Moraleja de Enmedio... sí, hasta allí llegó desde Sanchinarro, el lugar donde el padre de la actriz pasó sus últimos momentos o eso decía el texto que leía pegado a una puerta y que tenía, como ya sostenía anteriormente, el título que se indica al principio.
Bueno, lo que viene a decir es una diferencia clara, desde mi punto de vista, en la sanidad española. Como todo, hay médicos y enfermeras que han nacido para ello y que da gusto cómo nos tratan y otros que no sabemos muy bien a qué aspiran. Son esa especie de House que se retroalimentan y que olvidan que algún día ellos también necesitarán un galeno o doctor.
Es relativamente sencillo atender a un paciente que se va a recuperar tras el medicamento de turno, pero lo inalcanzable para muchos, lo demostrable en las condiciones humanas, es tratar a un paciente terminal. Allí, en ese terreno complicado de pisar, no se discierne de privacidad o no. O se está hecho de esa pasta especial o se podrían ir los cuidados paliativos a tomar algo a una cafetería porque algunos tienen la misma predisposición. Así, sin más vueltas de tuerca.  Los futbolistas o cualquier profesional siguen cobrando mientras tienen un mal día de trabajo; aquí no se debería. Piensen que es el ocaso de las personas lo que está en juego y para eso, para saber estar en esas situaciones, hay que nacer para ello. Vamos, un empleo vocacional.
En cierta ocasión, vi a una de estas sirenas desplazarse sobre sus piernas estando enfermo. Me extrajo una prueba sanguínea, aunque le hubiera dado mi cuenta bancaria si la hubiera pedido. Si han estado en esas circunstancias lo entenderán. 
Son, como de otro mundo, siempre con sonrisas, siempre esperanzadoras, siempre con un siempre y jamás con nuncas.
Las hay bellas, con arrugas y ojeras, lozanas y también existen fuertes, complacientes y risueños; trabajadores forjados bajo la ley del respeto, la educación y la bonhomía más honesta (impagable al fin y al cabo).
No es fácil preguntar, mirar, ni, a lo sumo, atender y responder las peticiones de un enfermo terminal. Piensen, por un instante, en lo que desgasta "desesperar" en cualquier sala de hospital o habitación para comprender la labor de ellas en sus horarios de ocho horas o con turnos partidos. Puede que este sea uno de los motivos de la acritud y la mala vía por la que descarrilan algunas y algunos; pero a los que te guían al final del camino... mi más sincera enhorabuena por saber estar en una profesión para la que no todo el mundo vale.
Desde aquí, no obstante, pido con fervor que algunos médicos de paliativos abandonen su falsa moralidad y vean que, una vez acabada la obra lo importante es cómo bajar el telón. Cuando asoma la muerte hay que ser lo más práctico posible y evitar el dolor. Sea al precio que sea. Es cuestión, tan solo, de saber estrechar una frágil mano, no de apretarla. Tan solo.

sábado, 13 de abril de 2013

Aburrimiento

La palabra "aburrimiento" debió de ser inventada por un niño. No cabe otra. No entra en la cabeza que un adulto quisiera resumir en dicha suma de letras algo que a su edad es impensable. Porque los hombres y mujeres mayores de edad apenas tienen tiempo de realizar sus tareas como para andar exclamando: ¡Me aburro! ¡No sé qué hacer!
Solo la mente de un chaval o chavala puede pasar por alto lo que es entretenerse en, por ejemplo, aquellos veranos que se hacían casi infinitos. Ya no sabemos lo que son las canicas, ni las chapas, ni mucho menos la rayuela (admito no haber jugado tampoco). Los nenes de hoy están al verlas venir y con mucha suerte pensarán que siendo buenas personas y teniendo un empleo digno podrán vivir en paz... se equivocan; y esta vez no seré yo quién juzgue si el razonamiento es pesimista o realista. Todos tenemos que amoldarnos al dinamismo.
Ni aplicándose al cien por cien en idiomas se puede potenciar a estas alturas el futuro. Si volviéramos atrás y completáramos esos veranos, un tanto vacíos, con cuadernillos Rubio y academía de inglés habríamos dado un paso de gigantes en dar una machada al aburrimiento, pero quizá, ya ven, hubiéramos perdido parte de la infancia, que también es formación.
El tiempo siempre te va a dar la espalda, sobre todo cuando vas transcurriendo tras él, puesto que nunca se tiene la percepción de estar sobre. Es una carrera en la que participamos descalzos y por vías secundarias; ya que el verdadero tiempo no existe, solo es una vaga percepción. De este modo opino que alcanzar un sueño es más sencillo de joven que de adulto. Los hechos lo refutarán si pensamos que cuando crecemos nos exigimos planes más competitivos y de largo alcance; en la infancia solo pretendiamos comer helados y más helados sin que un mayor nos cortara el deseo. Porque de chiquillos han de ser los padres quienes reconfiguren y planifiquen, en cierta medida, el mañana del hijo. También era lo más chachi capturar una largartija o colocar una moneda sobre un rail del tren para cuando pasara la dejara tan lisa que ya carecía de cualquier tipo de valor. Esto último no lo he realizado yo, pero al escribirlo no me creerán. Qué se yo las millones de combinaciones lúdicas que conlleva matar el tiempo.
Quizá la vida sea como un concurso de arroz con leche. Imaginaos que a todos se nos coloca en fila con la mesa desmontable de campo y los componentes característicos y necesarios para elaborar una receta del citado postre. Cada uno de los concursantes leen los ingredientes de la lista y, probablemente, a ninguno le quedará igual. Herbimos el arroz hasta que esté en su punto con cáscara de límón, luego lo sacamos y echamos canela...
Habrá quien presuma de ello y de la facilidad con que le sale el plato y otros se devanarán los sesos intentando dar con la clave del éxito con iguales medios y método. Diferentes cualidades humanas.
Volvamos a los acádémicos, miembros de la Real Academia Española,  que han introducido la palabra "aburrimiento". Les imagino debatiendo cómo mejorar la lengua española sin empeorarla. Insisto; es pura imaginación. Y tal vez les acometa un recuerdo de cuando eran críos y no sabían qué significaba invertir el tiempo, como supuestamente estén haciendo en este momento. Que el poder que han cosechado sirva para recordarnos lo que fuimos y lo que seremos en una sola coma, en un punto final; cuando el hastío les coja por sorpresa y ya tengan todo hecho y bien mirado mientras se rascan la nuca. Antes de que les sorprenda el final de una estación y el transcurso de los días venideros. Mal que pese el aburrirse significa que uno cree tenerlo todo realizado. Suena a banalidad, pero es un puntapié claro de los chiquillos al mundo adulto.
 

viernes, 15 de marzo de 2013

Una vida

Solo tenemos una vida. No contamos con otra. Por lo tanto habrá que dejar de esperar más oportunidades puesto que para ser certeros hay una única y deberia ser exclusiva. El éxito y el fracaso son para los que les gusta recrearse en el anden del metro o tren. Para los del medio, los que no han sabido anudarse la corbata a tiempo, es hora de salirse del molde. Cada día importa con lo que se nos ofrece. Pliega el periódico en cuatro cuartos si puedes o déjalo en cualquier papelera. Desabróchate el cinturón o déjalo una o dos oquedades por delante. Múdate a un ático con tejado a dos aguas y susurra bellas palabras al oido que te sepa escuchar.
Parece que hay que emigrar para llenarte los bolsillos, pero debe de haber algo más detrás. Una formación sólida como las que ya no se dan.
No te lamentes. Aquel tropezón, agujero insalvable, solo fue una prueba más para comprobar tu fuerza interior. Las amistades perdidas son escalones por los que se ha de subir cuando ya no te queden fuerzas, aunque cueste, aunque la gravedad vaya también en tu contra.
Y qué más da. Qué importa una mancha de leche en el bigote, un poco de sarro, una primaveral blusa sin plachar. De qué valen los sentidos si no se intenta sacar partido a cada segundo de existencia.
Pregunten al invidente lo que daria por ver y al parado por trabajar. No comparo incomparables, ya que el ansia te mantiene despierto y se puede medir con ambos ejemplos las ganas de mejora.
Podría ser momento de revolución. Demostrar que los doctos como Rousseau confabulaban de un modo inoportuno. Ahora bien, a la hora de la verdad ¿quién es el enemigo? ¿permitirías que alguien se interpusiera entre tú y la meta?
Aquí no hay lugar para el fanatismo, tan solo para los amantes de la vida, los que siguen con el puño cerrado mientras agachan la cerviz, los que siempre tendrán el último cigarrillo esperando para fumar en paz y los que descansan en la cama de un hospital esperando la decisión de un todopoderoso licenciado en medicina.
Configura un credo hecho de ilusiones a corto plazo... de las de más vale pájaro en mano. Disponer de un manto de pedazos de pan bajo el colchón por si el mañana te guarda un deshaucio y el futuro se te desmigaja. Ten la familia tan cerca como puedas.
Deja que el viento te despeine. Comienza el ahora. Poco a poco y sin deshacer lo andado. Hay un hombre libre frente al universo. La rutina es la distorsión de lo que verdaderamente somos. Seres valiosos tras el umbral de la ocasión.

miércoles, 23 de enero de 2013

Falsedades históricas

Me resulta, simple y llanamente, ridículo la extensa, compleja e inarbacable historia de la humanidad. No, no se me ha ido la cabeza todavía, pero créanme del poco valor de un dato o hecho histórico. Para empezar decir que nunca estuvimos presentes en el levantamiento de las pirámides egipcias, así que no se puede sacar conjeturas al respecto, por mucho que veinte licenciados en Harvard pasen sus días investigando y realizando informes. Para mí no tiene ningún valor algo que es improbable y poco demostrable empíricamente como es la contrastación de los datos en el proceso de la humanidad.
¿De verdad se creen el alunizaje de 1969 efectuado por el Apolo XI? Pues bien, seré como ellos, los historiadores de barba espesa, ni diré que sí ni no. Lo mismo sucede con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. A saber. Que si la bala salió desde la ventana. Que si rebotó tres veces y por ello no se puede calcular el ángulo desde el que la posta salió disparada...
Seamos prácticos. A la hora de ir a comprar el pan no sabemos ni la procedencia de esta. Con algo tan simple ¿cómo pretendemos abarcar cualquier hecho repleto de la mayor subjetividad?
Para mayor ironía de la vida, aunque bien puede pasar por un grotesco sarcasmo, existe el merchandaising de la historia. Quién no ha visto por la calle a alguien que llevaba la camiseta de Ernesto Guevara. Esa en la que aparece su rostro en blanco resaltado por el fondo negro. Pues bien. De acuerdo en que según algunos historiadores ese hombre podría ser uno de los mayores símbolos revolucionarios, pero no me creo que sea un modelo a seguir puesto que nadie, ni siquiera un familiar cercano o su madre podría relatar con extrema exactitud lo que, a grandes rasgos, es la verdadera historia del Che. Tampoco debería estar exento de alguna maldad digna de mención y que no se haya dicho; como bien suele suceder puesto que nadie en su sano juicio relataría en su contra. Y aquí es donde aparecen las autobiografías.
Puede que sea verdad que estos documentos sean puramente falsos. En su mayoría están decorados y disimulados hasta el más mínimo detalle. Eso de por sí; ahora están los casos descarados como el de Ana Rosa Quintana, que contrató a alguien para que le escribiera su retrato biográfico, su mayor mentira en cuanto a difusión o el de Lance Armstrong. Me estoy refiriendo a personajes con una imagen muy marcada en la opinión pública. Bien sea por ganar siete tours o por presentar un programa de televisión que ven miles de espectadores. Perdonen la comparación, pero a mi modo de ver los dos han mentido de un modo descarado. Y los críticos literarios que afirman que las autobiografías suelen ser falseadas también puede ser falso, pero mucho más creible que una de tantas verdades edulcoradas.
Digamos que nos hemos acostumbrado a tolerar esas mentiras. Ese engaño misántropo se ha convertido en un mero guiño de aceptación.
Nadie, en su sano juicio, se marcharía al Tibet para desmentir la procedencia de sus riquezas arquitectónicas y artísticas; pero esto nos empuja y obliga a aceptar lo que han dicho los expertos en cuanto a esa materia se refiere. Ante tanto sabio, ante tanto sacerdote del pasado... decirles que como Aristóteles no habrá dos. Por lo tanto bien valdría se pusieran a estudiar ya cómo salir de una crisis en vez de lo que extinguió a los dinosaurios. En tanto en cuanto quedará el National Geographic y el canal de historia así nos entretenernos de vez en cuando. Pero, por favor, no se dejen engañar por la extensa relatividad de los hechos contrastados por vayan a saber qué finalidad e intenciones. Puede que una de las mayores condenas del hombre sea no saber nunca la plena certeza de algo.