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viernes, 29 de julio de 2016

Incertidumbre literaria

Muchas veces he sucumbido a las malas ideas sobre la escritura. Primero me asaltan como si formaran parte de un problema mayor, luego cuando se apaciguan... miento; rara es la ocasión en la que cierta duda literaria abandona los resquicios de mi pensar. Aunque la consulte en la RAE o en alguna cuenta de ortografía de las redes sociales. Siempre permanece ahí y la incertidumbre, una vez resuelta hace yesca en la imaginación, preparando el terreno para la próxima. 
¿Se pueden colocar comas entre preguntas? Las he visto emplear en mis autores favoritos, pero el que lo hagan muchos buenos no significa, ni por esas, que sea norma de escritura (porque el ser humano siente un contínuo desafío en quebrantar lo establecido). 
En esas, detesto los quizá con una ese final. Pueden llegar a nublar el día, la tarde o el rato de lectura. O el procedimiento de las ediciones más selectas de algunas obras famosas y transcendentes que tildan la tercera persona del pretérito del verbo dar con un dió hiriente y enervante. 
Todo ello me altera porque si uno cree disponer de unos cimientos literarios comunes y lógicos, cuando ve algunos de estos casos le asalta la desconfianza miedosa y descorazonadora. Nadie quiere ser la oveja descarriada, aunque muchos chulearán de ello y de su intentona. Habla alguien que ha visto también como dos comas cercaban a la siempre ágil i griega (perdón la ye), como pretendiendo generar una pausa demasiado prolongada en el tiempo; casi como un punto, vamos.
Los hay, eruditos ellos, que siguen tildando el solo y el pronombre este como si no se adecuaran a la última actualización de la RAE de 2010. ¿Acaso debe haber modas y modelos a la hora de componer un texto? 
Algunos, podrán tacharme de pedante, pero se equivocan; porque también cultivo errores, de vez en cuando. Lo único es que no pretendo prolongarlos durante las 400 páginas de una novela. 
Los males escritos se pueden remediar. Solo es cuestión de prestar la suficiente atención o interés; aspectos a la alza en esta sociedad que trafica con la prisa y lo irrelevante. Existe un gran vacío en este guion; no todo vale; seamos, por tanto, juez y parte del asunto.

lunes, 4 de enero de 2016

En la buena dirección

Jack Kerouac
En la carretera/ En el camino
Barcelona. Trigésima cuarta edición. Noviembre 2014.
10.00 €
396 páginas.
Anagrama.



La historia que cuenta Jack Kerouac es tan ácida como entretenida y apasionante. El lector ve cómo en la edición (muchas hojas y letra pequeña) la novela se lee con gran rapidez por la proeza del autor.
En el texto hay dos protagonistas (dos amigos inseparables) que son los que soportan todo el peso de lo narrado. Por un lado está Dean, al que se le define como un Ahab, el propio diablo o Groucho Marx, entre otras atribuciones. Es un hedonista cuyos razonamientos filosóficos sobre la vida en general no dejan indiferente a quien los sufre (Sal) o casi cualquiera que se precie (nosotros). Por el otro lado, está Sal, el narrador principal de todas las aventuras y desdichas que les van sucediendo mientras recorren Estados Unidos de este a oeste y viceversa o yendo hasta el sur (terrenos prácticamente vírgenes de México de aquella época). Recordamos por ello que la novela transcurre entre 1947 y 1950. Lo peculiar del libro de este escritor americano es que En la carretera todo se convierte en liviano. Lo pernicioso, como la soledad no buscada o la simple existencia, deja un regusto ácido, pero pasable y aunque los personajes lleguen a practicar en algún momento orgías, saben moldear las normas éticas, al menos no revelando ninguna escena explícitamente. Este hecho genera una ligera distorsión en el decoro de los personajes. Es como si el narrador no quisiera contarlo todo. Algo muy a tener en cuenta.
Jack Keoruac sabe cuándo estos dos tipos se pasan los límites por donde quieren sin ser necesario describir o contar el extenso abanico de grietas en sus personalidades.
En el fondo, tanto uno como otro no saben qué buscan, pero perciben y sienten la llamada de la carretera o del paisanaje y no se detendrán, bajo ningún concepto, hasta que la gasolina, el dinero o el medio de transporte elegido o hurtado les deje tirados en cualquier cuneta desangelada. ¿Será este el deseo impune de vivir y buscar el anhelado sueño americano?
Resulta fascinante la pasión que pone Dean al escuchar música jazz o las peripecias que sufre con la policía; cuando parece que el viaje se acabará truncando surgen fragmentos vitalistas para evocar un típico final abierto donde se entrevé el paso del tiempo en los casos de las personas inamovibles... e invencibles.
En ningún momento he afirmado que la novela sea autobiográfica, aunque el autor sale en la imagen de la portada del libro. La crítica literaria no es quien para afirmar tal dato. ¿Acaso las biografías son totalmente ciertas? Si un relato como este se plasma en papel escrito y recobra la viveza y la magia de la literatura... ¿Se podría afirmar su autenticidad? Sobre todo porque da lo mismo. A casi nadie o a nadie puede importarle el letrero vulgar de ‘Basado en hechos reales’. Esta historia no necesita ese toque de autenticidad cutre y cínico. El caso es que la novela como producto funciona con creces. Tanto, que es el icono del llamado movimiento beat, que ni sigo ni seguiré.
A los lectores les debe servir la sensación de pérdida cuando el ejemplar llega a su fin; es el fundido en negro de las letras. Una reacción que solo puede movernos a buscar más historias complementarias, allí donde verdaderamente las haya. Porque rara vez está uno mejor solo que bajo la soledad de un buen libro. 

sábado, 1 de agosto de 2015

Un mal endémico

Las editoriales se están arruinando. Y no solo tiene que ver el hecho del derrumbe impreso y físico del papel y haya más gente apostando por lo digital... y ni eso, porque aquí, en España, cada vez se lee menos. Es una verdad a gritos. El mayor problema que padecen es el de contar en su nómina con hombres ruines y pérfidos, unos facinerosos de mucha tela. Algunos personajes de tralla y mecha que encargan trabajos y luego no los pagan, juegan con la ilusión y la necesidad del freelance; esos mismos ‘valientes’ enamorados de sí mismos y abanderados del ayer, ácratas de puño y letra con mucho por presumir. Esta retahíla de seres, puesto que no todo el monte es orégano, está mermando a los que sí son capaces de salir adelante en la actualidad. ¡Por supuesto! Estamos ante el caso de siempre: la minoría perjudicando a la mayoría. Nada nuevo, como pueden apreciar.
Se permiten el lujo de generalizar en las distancias cortas o charlas de café llenándoseles la boca de falsas promesas y medias verdades. Desconozco el motivo de su complejidad y su mutilación metalingüística.
Me asalta el argumento de una película rusa, demasiado comercial. Guardianes de la noche. En ella se cuenta la historia de la humanidad y como desde el principio se ha dividido en una lucha continua entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad a guantazo limpio. Pues bien. Intenten vivir de las letras y entenderán cómo de acertada era la comparación. Porque hay editores excelentes... allí donde los haya y malos profesionales encaramados a su ombligo y beneficio mientras desprestigian  a otras profesiones, y peor aún, a otros profesionales. 
Es triste e injusto que la literatura otorgue tan buenos momentos como producto, pero haya que sudar tanto para lograr algo positivo de ella cuando se está dentro de la cadena de producción. Y elijo estos términos de Henry Ford, porque no padecemos la verdad hasta que no estamos totalmente dentro de algo. Cuando nos repercute directamente, esas situaciones nos empujan a decir ‘¡Ay va!’.
Pero volviendo al tema. Al problema no le veo solución por ningún lado. Malos son sus dirigentes en sí y mal está esa industria. Así que, a priori, solo le vaticino momentos poco destacados y demasiado mediocres. Por mucho que alguien se afane en perseguir una meta, si contempla que las herramientas de las que dispone no le van a funcionar lo más sencillo es abandonar, bajarse del carro, apearse en la peor estación, el fatuo olvido. Y no estamos en tiempos de abundancia.
Hace años escuché la siguiente frase ‘Siempre habrá tecnología. Lo importante es tener buenas ideas’. Y me pregunto ¿Cómo hacer con estos ineptos? ¿Hasta dónde va a llegar esta pena de Gallimimus?
Parece que perduran a su extinción como cucarachas evasivas e invasivas. Una lástima.
Cinco garbanzos negros enturbian todo el plato, de los soñadores de letras con los pies en el limo.  
Siempre habrá libros. Ejemplares tan especiales y mágicos capaces de comunicar un mensaje... con todo lo que no se cuenta. Con todo lo escondido como este dardo a su cuello. Lo perjudicial, como señalaba, es que los malos están dentro. Habitan en todas las esperanzas. La barcaza navega a ciegas, pues. Mucho me temo.

lunes, 9 de febrero de 2015

Vileza

Me van a perdonar las editoriales, pero he de afirmar que no estoy cómodo con ninguna. Incluso con la que me ha publicado recientemente, qué va, ni por esas, y eso que me ha bailado un poco el agua. Ya ven.
Cuando me autopublicaba me leían los más allegados y ahora que, en teoría tengo mayor difusión... por ahí andará la cosa, no se crean. El dato no es quién me lee, puesto que lo hago por afición y necesidad, sino a qué precio y a que coste lo hacen. Por una inversión vital de mi puño y letra otros se lo devoran crudo (con lo poco que se han de llevar, puesto que sigo siendo un don nadie). Y sacar beneficios de ahí me parece simple y llanamente una innecesaria bofetada.
Todo ello vino a raíz de que les propusiera visitar el pueblo donde se ambienta la novela. A lo que respondieron que no iban a acudir, que, a cambio, me vendían libros con un 30 % de ganancia para mí. Pues discúlpenme, pero no tengo ni debo de estar en la cadena de venta de mi propia obra.
Sí. Sé que este texto está adquiriendo tintes umbralescos. No es para menos, les recuerdo el sacrificio (autodestrucción creativa incluida) que conlleva la enfermedad de la escritura. Esas horas muertas mirando el folio y la pared, sin distinguir apenas, lo uno de lo otro. Esos lapsos donde la soledad te invade de un modo hondo y profundo, como la peligrosidad, en la intención, de un cuchillo muy afilado sostenido por su mango. Esas dudas que se arraigan en las personas que expresan más con un lápiz que con su propia boca.
Señores; no está pagado. El esfuerzo de la creación es tan desigual al esfuerzo del robo... tanto, que el segundo no debería ni barajarse. Con las discográficas sucede lo mismo. Las productoras soportan índices elevados y desmesurados de IVA. La cultura y la educación pueden arengar a un país o adormecerlo. ¿Dónde estamos? ¿Qué más falta para que saltemos de verdad?
Pensaba que sería cuando nos tocaran el bolsillo. Pero ni por esas. Nos han camuflado la basura bajo un dulce aroma embriagador. Tal y como sucede al respirar los gases del gasoil y gasolina.
Esa es mi maldición. Contemplar como mi mayor afición se evapora sin mayor repercusión.
He llenado páginas de letras y frases, igual que un obrero levanta un muro. Ahora que cuesta tan poco derribarlo no sé cuánto tardaré en levantar el siguiente. Solo sé que habrá otro, y luego otro... porque es lo único que sé hacer. Y mientras haya alguien al otro lado para interpretar lo escrito y descrito nunca sobrarán las palabras.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Firma de libros de Javier Marías

El 17 de diciembre acudí como un aficionado loco al lugar donde uno de mis autores favoritos firmaba ejemplares.
Hice fila diez minutos antes de que llegara y cuando le divisé en la distancia dije a quien me acompañaba ‘Mira, es ese de ahí’. Estaba tan nervioso como un hincha que va a ver a su equipo jugándose la permanencia.
Mientras estaba esperando a que empezara a dejar su frase para mi historia en las primeras hojas de la novela escuché que a tal evento se le conoce entre el mundo literario como ‘hacer bolos’. Esa fue la expresión que utilizó alguien cercano.
Cuando llega mi momento me limpio el sudor de las manos por si decido darle un apretón como saludo. Desisto, mejor no tocar.
‘Hola Javier. Buenas tardes’. Luego, en seguida, me pregunta mi nombre y le respondo como a nadie le suelo contestar. Diciéndoselo completo. Como no creo que le vuelva a ver me suelto rápido y le doy la enhorabuena por la última novela y para más énfasis me meto en el jardín de la crítica literaria y le expongo mi opinión. Esta consiste en que Así empieza lo malo es lo mejor que he leído suyo desde Corazón tan blanco. Entonces arquea con levedad sus cejas, claro signo de perspicacia en él. Y me formula una afirmación: ‘Entonces eso es que ya se ha leído la novela’. Se dirige a su público con el ‘usted’.
Él también añade que no podría ser un buen juez de su obra... y tiene razón porque los que escriben no suelen tener predilecciones, pero sí que diferencian entre algo bueno y mejor. Cuando acaba de firmarme en las páginas iniciales me devuelve el libro y le doy las gracias. Se despide cordialmente. Tiene unas maneras finísimas en el trato. Demuestra, a su vez, una gran dedicación por lo que hace. Mereció la pena ir hasta Callao a verle. Considero que es todo un señor, un amo de sus letras.
Me despedí diciéndole que aún quedaba mucho por escribir. Fue tajante y sincero. Rotundo y reflexivo. ‘Nunca se sabe’. Y puede que lo malinterpretara, pero me pareció que contestó con cierto grado de nostalgia.
Los años nos deben de llenar la cabeza a todos de dudas parecidas.

viernes, 31 de enero de 2014

Editorial revista 2014


Siempre habrá sentimientos enfrentados y más en esta sociedad donde Blesa no importa un bledo y en la que, ahora, si permaneces fuera de tu país durante un tiempo es real que puedas perder el derecho a la asistencia sanitaria. Ni se queden ni huyan. Los ancianos (y no tan vetustos) piensan que lo que se ganó en el pasado se pierde con este presente. Ante este contexto demasiado simplificado no pueden ni deben faltar las ganas de seguir adelante. La ideología se hace nada mientras haya tres elementos: el papel, un lápiz y una idea o, en su defecto, un teclado, la pantalla y una idea similar. Que se sepa que a través de la cultura se pueden lograr objetivos importantes, aunque ello se pueda englobar en una bajada de su IVA cogida con pinzas a bombo y platillo. Con el arte a un lado centrémonos en la literatura.
La buena letra es ese grupo literario y de amigos que, a pesar de lo que nos está cayendo, siempre sale con la cabeza erguida. Forman un nido de cariño y buen hacer donde la palabra compañía se escribe con mayúsculas. Y es que uno nunca está solo una vez que forma parte de la asociación. Por muy lejos que se esté, la memoria trae grandes recuerdos de todos y cada uno de sus miembros. Debajo de cada letra escrita siempre hay una historia que merece ser contada. Es por eso por lo que vale la pena pertenecer a ese algo, se haya estado diez años o cinco meses. Al final todo se reduce al espacio donde se reúnen y que antes era otra sala, y mucho antes fue otra también. Y desde allí hay que valorar hacía dónde van. Son una tuneladora de oficio sin beneficio (económico, por supuesto). Les mueve la pasión por la escritura y la amistad que les une. Lo único que pretenden es seguir ahí con sus proyectos, recitales, talleres literarios y todo lo bueno por llegar. Que siga el ritmo de los que saben leer y escribir. Porque afuera tal vez no ocurra nada.
Expertos economistas hablando del final de la crisis para el año… ni se sabe. Pero dentro, entre esas cuatro paredes, uno puede valorar que el tiempo invertido allí merece la pena.
Para ir concluyendo, al estar en La buena letra uno aprecia más el complicado tema de la poesía. Oyéndoles y leyéndoles podrán sentirse satisfechos por el hecho de no tener que escribir poemas mientras lo hagan ellos. Al César lo del César o algo así.
Ya saben, si acuden a calle La Paz s/n los viernes por la tarde se percatarán pronto de lo narrado aquí. No olviden que los allí presentes están dispuestos a escuchar, aprender, y compartir sobreviviendo al paso de los días ante cualquier adversidad; y leyendo lo oscuro que pintaban los primeros párrafos del texto… eso ya es algo, créanme.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Mi enfermedad

Tiene razón Paul Auster. La escritura es como una enfermedad. Te posee hasta el tuétano y no te deja resquicio alguno. Vas por la calle, caminando o corriendo y tus ojos no captan la realidad porque sí (a veces un árbol es solo un árbol, de acuerdo) lo hacen para recoger detalles insignificantes con el único fin de describirlos e insertarlos en un texto. A Edgar Allan Poe le sucedió una vez que le cogió "la manía" y no paró de escribir durante semanas hasta quedar exhausto. Le imagino dolorido con la muñeca abierta de utilizarla con lo que pintase en su orgasmo literario. Mancharía con tinta hojas y hojas, que luego supongo que corregiría, porque esta enfermedad es de dos síntomas. Primero está la expulsión y luego aparece la corrección ortográfica y de estilo: esto sí... esto otro a la basura.
He de admitir que corregir es más complejo que escribir. Este hecho es así porque destruir es terriblemente fácil; es alucinante lo fácil que podría ser regresar al folio en blanco una vez se tienen cien hojas escritas. Tachón a tachón, el lado crítico va trepando hasta la garganta. La lucha con tu ego es encarnizada y al final se acaba por emborronar la labor. Lo mejor es que sean otros ojos los que supervisen el trabajo hecho. Esto debe ser así y punto, aunque no está demás echarle un mínimo vistazo de coherencia y contextualización al asunto.
Una vez terminada la obra ¿Qué sucede? ¿Se aplaca la voz? ¿Se termina de padecer este incómodo padecimiento? Que va, en absoluto. Otra idea se abre paso entre las fibras protoplasmáticas o axones; entre chispazos y destellos internos que nadie ve ni aprecia, solo el que muestra esta predisposición a generar ideas para ser escritas y plasmadas.
Poco a poco la idea acaba tomando cuerpo. El protagonista quiere algo y ese algo también es pretendido por varios. Luego le añades la chica, que con un poco de suerte no se caerá en el estereotipo de las guapas y listas, unido a que tu personaje principal puede ser algo o bastante imperfecto; cuanto más alejado de los cánones mejor. Lo introduces en tu baticao cerebral cognitiva sensorial y ¡chachaaaán! Enhorabuena, con un poco de fortuna, y si tienes el viento a tu favor, ganarás algo de tiempo hasta que te acontezca el próximo planteamiento para ser escrito.
Si padeces algo parecido piensa en cómo sería en la mente de un músico o de un pintor. No estás tan mal si te decantas por la escritura ¿verdad? Claro. Piensa, también, que he seleccionado las profesiones más artísticas y entretenidas bajo mi punto de vista. Las demás guardan el doble de mérito. Las realice quien las realice.
Y para colocar el estoque final no estaría mal que esta predisposición estuviera pagada o recompensada lo cual la convierte en más extraña y descorazonadora que ninguna. ¿Dónde nos deja a los que no esperamos absolutamente nada a cambio? Sí, da algo de miedo, por eso os hablaba de enfermedad.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Epílogo

He decidido colgar lo último que he hecho de mi pequeña novela que aún no he registrado ni publicado. Empezar por el final es un poco deshonesto y más cuando lo que verán sea un fragmento de un epílogo de unas quince hojas o así. Algunos ya han leído mi librito y otros están en ello de manera incompleta por inacabada. En cualquier caso gracias por tener paciencia crítica conmigo. Siempre con ustedes.

Un mes después de que David llegara de Andalucía y de traerse consigo Cuentos reales, los cinco cuadernos que también había escrito el fenecido andaluz y cómo no, aquella guitarra que no le pertenecía y de la que se enamoró perdidamente hasta el punto de tenerla que hurtar cuando el equipo del 112 se marchó, estaba de vuelta por el hospital porque Miguel se había roto la cadera y luego caído (nunca al revés) al salir a comprar el periódico por la mañana.
Llegados a una edad no se les puede dejar ni siquiera solos. Es así. Crecemos y maduramos para volver a ser niños. Al menos eso es lo que pensaba el sobrino. Cruel modo de cerrar un círculo como es la vida.
Mientras se desesperaba un poco en la sala habilitada para ello, un médico pasó por el pasillo con un caminar seguro y firme. Era muy alto y calvo, por unos instantes se paró a pensar de qué le sonaba. A veces ocurre, que con el trajín diario uno acaba almacenando rostros por doquier y luego en algunas reuniones empresariales o en cualquier otro lugar recobran un poco el protagonismo pareciendo ser alguien conocido cuando todavía no lo son. Jugadas del cerebro.
Eso era lo que le estaba pasando ahora. Le dedicó poco tiempo a la indagación. Seguramente no le habría visto en la vida y todo era porque la cara le recordaba a la del famoso nadador americano pero sin pelo «¿Cómo se llamaba?». No iba a perder más el tiempo con manías absurdas como la de dedicar demasiado a intentar reconocer a un desconocido.
Su pequeño ordenador portátil seguía emitiendo un leve reflejo azul sin el salvapantallas sobre la camisa gris de Adalid bien abrochada y metida casi sin pliegues dentro del pantalón negro de pinza. Los calcetines iban a juego en tonalidad con la pernera de la prenda y eso mismo era lo que estaba viendo una señora con un flemón que estaba sentada en frente suya. Eso y lo atractivo que era. Él, por el contrario, parecía un empresario rodeado de cuadernos de colores que se esforzaba en encontrar una idea adecuada a las doce del mediodía.
Así era. Al final decidieron reunir los textos de los cinco ejemplares que dejó Segundo más el “libro fino” como lo llamaba su tío acostumbrado a leer obras bastante extensas. Aunque, para ser más exactos, leía lo que le cayera en las manos. Una tarea bastante ardua para el que nunca haya leído nada, pero Miguel, una vez comprendido y asimilado todo, expresó su deseo de recopilar lo literario de los volúmenes e intentar publicarlo. Lo hacía por filantropía, empatía, porque le conmovió la historia de alguien que en vida necesitó ayuda y luchó a su modo. Esto a David ni le pareció bien ni mal. Entendió que era una petición más de la persona que tenía a cargo y mientras el tío se hiciera responsable de la lectura y captura de los textos, no pasaba nada. Lo malo es que ahora estaba dentro con el médico, con lo cual era su turno.
Miguel subrayaba y corregía en rojo sobre azul. El sobrino no tenía el bolígrafo encima, así que optó por empezar a leer por donde estaba marcado desde la última revisión. Abrió el libro rojo desde el principio, ya que iba a realizar esa tarea, lo haría como es debido.
Otro médico apareció en la sala y pronunció el nombre de Adrián Álvarez Cruceta. El inesperado lector dejó su portátil en la silla de al lado, observando antes las caras de los que estaban sentados por si alguno hubiera mostrado el más mínimo interés sobre su caprichosa herramienta de trabajo. No fue así. Parecía que preferían los móviles de última generación, las tablets u otros soportes; pensó el publicista.
De pronto regresó al apellido de antes, Álvarez. Recordó que en el colegio le enseñaron un día que en la época de El Quijote la terminación –ez significaba «hijo de». Así Álvarez era hijo de Álvaro y Rodríguez de Rodrigo; así sucesivamente.

sábado, 29 de junio de 2013

Cronocrítica

En la sala multiusos del centro cultural Tomás y Valiente, hay una claridad extraña, como esa tonalidad que en ocasiones regala el atardecer y que nublan a uno la vista. Las paredes altas y encaladas refractan la claridad del sol y casi hay que dejar la interpretación de los hechos a los oídos más que a los ojos. Javier Saceda, vicepresidente de la asociación de escritores la Buena Letra, entre otras muchas aficiones, presenta su libro Recuerdos de una mirada, rodeado de familia, amigos y compañeros.
Al otro extremo de la mesa rectangular, habilitada por Cultura, se encuentra la otra autora de este peculiar ejemplar literario, Nagore Martín.
Los dos protagonistas del acto están preparados y demuestran tener las tablas idóneas y el saber estar necesario mientras transcurren los minutos. Entremedias se encuentra Fernando Álvarez, el hombre que comienza la presentación con mucha soltura y una retórica precisa y elaborada sostiene que el ejemplar que “apadrina” es un libro diferente en tanto en cuanto son textos cuya inspiración se basa en lo que, con anterioridad, se retrata en unas fotografía hechas por Nagore Martín.
Por último, también a la mesa y siempre atenta y risueña se encuentra Omara Pérez, la modelo que sirve de inspiración para la fotografía de la portada y uno de sus textos que Javier Saceda ha elaborado con acierto y precisión.
Recuerdos de una mirada mezcla dos artes, el de la fotografía y la poesía. Dos campos que, a priori, parecen descabalados, pero que aquí casan certeramente ciñéndose la contundencia de las bellas palabras con el predominio de lo siempre visible de una imagen.
Tras la presentación que hace el autor del libro donde se arrancó a leer varios de sus poemas acompañados de música, como si de un recital se tratara, comienza el turno de las preguntas.
Los asistentes no cesan de interrogar a los dos protagonistas fuenlabreños que se defienden con sinceridad y buen hacer. Ella responde que habrá una segunda colaboración entre los dos en un futuro cercano y él que lo que le empujó a seguir escribiendo después de estar un año parado, que no quieto, fue el seguir innovando y siempre hacia delante.
Luego, de cara al final, se levantan los cuatro, la música se acaba también, pero dejan de por medio su obra literaria, la creación conjunta que les ha vinculado en un proyecto innovador. Los asistentes también se preparan para irse. No ha habido cámaras de retransmisión y los micrófonos que han hecho su función captando el sonido no tenían la finalidad de recabar en los tímpanos de oyentes radiofónicos, pero ahí han estado. La cultura a veces es tan intangible como el aire, sí y qué somos el público sin esas obras que transportan nuestra imaginación, que permiten meternos en personajes que nunca seremos, donde uno se encuentra verdaderamente solo enfrascado en su lectura. Por todo eso y por ende gracias a Javier Saceda y a Nagore Martín.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Otro tributo más

Y de nuevo tú... querido libro. Te sostengo complacido entre mis manos e imagino lo que te costó escribir todo esto. Locura, amor, tragedia, caridad, honor, valentía, así hasta que el diccionario francés se te quedara estrecho. Creéme he leido las sesenta primeras páginas de tu maestro Gustave Flaubert con su Madame Bovary y no solo me parece fascinante la capacidad de descripción que tuvo tu mentor, sino también da la sensación de que su mensaje se difumina entre tanto revuelo literario.
Es decir, que con bastante menos se puede generar más de lo que a mi simple vista le parece. Pero tú, qué decirte que no hayan ya dicho los unos y los otros, los del sí y los de no.
Los escritos tuyos son tan reales que ni la realidad misma parece haber sido la materia prima de la que hayan brotado tus textos. Tratas con finura, pero firmeza al lector y le dejas que vaya asimilando la trama lentamente en el nudo, donde se ha de cocer el meollo de lo necesario; para que al final la verdad caiga como un puño o una caricia a la inteligencia del que lee y te piensa.
¿Cuánto hay de ti en este ejemplar? De sobra son conocidas tus excentricidades en cuanto al sexo y al culto del hedonismo, aunque verás, eso importará mucho o poco, ya que los libros que dejaste pesan más que tu trágica leyenda.
Digamos que en cuanto a hedonista no te superó ninguno de los miembros del círculo literario que te auspiciaba por aquellos entonces, siglo XIX. Aunque no sé qué tipo de protección se puede conceder a un hombre de carácter tan fuerte, que descubrió la vena prosaica quizá demasiado tarde y a destiempo, mientras habría terrenos más apetecibles antes de que se descubriera tu enfermedad.
Sin saberlo, te ibas convirtiendo en un personaje más de tus obras. Un ácrata mental y un crápula desde el nacimiento del cabello hasta la planta de los pies. Todo ocurriria poco a poco mientras tu horla personal te iba devorando vivo, mientras tú, tal vez, no te dabas cuenta creyéndote protegido por las cuatro esquinitas de tu sano pupitre.
Y luego, ¿qué queda cuando el racionicino se va y solo hay locura y desvario? Te imagino en una cama postrado deseando aferrarte a una hoja límpida y un lápiz a estrenar. Como si con eso volviera el gran escritor que una vez fuiste. Como si con eso volvieran todos los autores que se trastornaron y que obtuvieron su gloría cuando ya no estaban. Porque la fama literaria es tan cruel como lo que te sucedió. Rara es la vida que trata bien a quien escribe y los que han sobrevivido a su éxito se merecen una estatua y su nombre impreso en una placa de cualquier plaza importante.
Al final es el tiempo y quien lo acaba sepultando todo. Siempre recodaré que existió un gran escritor, que acabó solapándose demasiado con las letras e ideas que describía. Ninguno estamos exentos de algo así. Es el cobro que deja la vida, en algunos casos, cuando lo único que se intenta crear es un mero reflejo. Una imagen que distorsiona al distorsionador.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Pequeños remedios para hacer un buen libro

Bien. Este conjunto de frases que acabarán formando párrafos irá destinada a todo aquel que crea ser un escritor maravilloso. Podría citar a algunos que lo son, pero hasta ellos quiero suponer que tienen un corrector ortográfico. Me refiero a la persona no al programa de Word puesto que todo el mundo comete alguna falta o descuido de escritura; como es normal.
El mejor modo de ver tus errores, puesto que en la mayoría de las ocasiones uno no ve bien sus defectos (esto es más psicológico y comprensible), es dejar el escrito a un buen amigo. Sí, he dicho bueno porque de otro modo no se podría comprometer a que tal acción dificultosa llegue a buen puerto. Corregir es complicado y para hacerlo, primero hay que saber lo fundamental del idioma. Y aquí es cuando se podría hablar de las peticiones laborales de algunas empresas cuando te piden el dominio de varios... ¡JA! ¿El dominio? ¿Acaso conocemos nuestra lengua materna?
A todas esas entidades habría que prestarles un ejemplar de El dardo en la palabra.
Según sé de propio conocimiento las editoriales contratan cada vez menos correctores con lo que la calidad literaria de los productos (sí, productos) se ve seriamente afectada. Alguien debería arreglar esto, pero ese no seré yo.
Como se decía con anterioridad debe ser alguien distinto al propio autor el que revise todo: sinónimos, concordancías, credibilidad, contexto, decoros, en fin, lo que significa corregir algo. Hombre, no está de más revisarlo y quitarle trabajo al elegido. Sería lo esperable... y aún así habrá errores. Siempre los hay. Estamos hablando de que antes era un oficio. Ahora ya vivimos otros tiempos.
Para hacer un buen libro no hay una fórmula mágica (tampoco sé cómo hacerme rico) ni hay que leer otros ejemplares, donde hablan de lo que hay que hacer para crear una buena novela. No hace falta recrearse en exceso con los decorados o paisajes, aunque es verdad que hay una serie de obras que lo hacen y son clásicas... se me ocurre Madame Bovary sin irse muy lejos (solo a Francia).
Tampoco es vital que tu padre se haya dedicado a las letras décadas atrás, aunque siempre hay curiosos casos como es el de Julián Marías y su hijo.
Es inviable querer escribir una historia y hacerse rico con ella. Lo primero porque eso no suele suceder ni en la ficción, pero en la realidad hay que contar con una serie de posibilidades que un autor desconocido no tiene. Ahora es cuando tengo ganas de decirles que todo está ya escrito y que no hay posibilidad de innovación, pero siempre habrá un cráneo privilegiado para desmentirme.
Morfológicamente hay que tener cuidado con el uso excesivo de palabras que nosotros mismos hemos encumbrado, es el caso del ya, del pero, que, gerundios, la palabra cosa es un enfermedad común, cuidado con mezclar temas que no tengan relación; hay que darlo trituradito al lector pero tampoco en bandeja.
Hay que leer muchísimo para poder escribir. Esta frase podría ser de Kapuscinski, pero seguro que es de otro escritor sobradamengte conocido. Pues tiene razón. No solo abrimos la mente leyendo si no que nos vamos fijando en los pequeños detalles de la escritura: el punto, la coma, el guión. Y me refiero a leer bien, aunque ¿quién soy yo para discernir entre buenos y malos libros? Digamos que los malos son los best sellers con sus personajes planos y lo demás es viable. Aunque ya digo... al final, casi siempre, suelen estar bien y leerse del tirón. Cosa (¡oh, cosa!) que otros no consiguen con bastante más renombre. 
Sé que sonará mal, pero la mayoría de argumentos que vemos o novelas que hojeamos copian algo de alguien. Pues sugiero que hagamos igual, pero con estilo, no un corta y pega como tal, hay que hondar dentro del escritor para encontrar las claves para hacer una buena historia. Siento defraudarles, pero yo no dispongo de los principios suficientes como para plasmarlos y que ustedes tomen nota. Cogan el folio o el gteclado si son más modernos y arranquen como puedan. Siempre con tiento, buen ojo y la papelera al lado, por si toca deshacerse de ello. Suerte.

miércoles, 4 de julio de 2012

Editorial curso 2012-2013

Se podría resumir todo en una simple frase, en un conjunto silábico básico y directo que se ha oído en multitud de ocasiones y que por lo tanto, resulte manido. Pero hasta el final del texto, queridos lectores, no sabrán qué gran meta se ha alcanzado este año, ya por fin.
Para ir desmadejando el ovillo cabe destacar que hemos disfrutado enormemente en la Feria del Libro de Fuenlabrada. Por un lado escuchando a las grandes plumas, como Javier Reverte, escritores de los que siempre se puede aprehender algo. Y por el otro, realizando nuestras actividades previstas como el cuentacuentos o el concurso de relato corto tanto para adultos como para niños y aquí a seguir en las trece, aprehendiendo por igual de unos o de otros y si nos presionan les diremos que de los pequeños más, si cabe, porque vienen con la varita mágica de la sorpresa y de la fantasía.
También se han llevado a cabo varios recitales de los que no sabemos con cuál quedarnos por entretenidos y emocionantes. Sepan, que como cada año, en este nos esforzaremos con las mismas herramientas, es decir, las ganas de superación y las ansias de creación, para ganarnos el aplauso del público que nos viene a ver siempre, el incondicional, el nuestro, y los que quieran dejarse impresionar por este colectivo que se convierte en un verdadero rodillo de letras y palabras cuando tiene el micrófono bien asido.
Para el próximo curso daremos talleres literarios y de escritura. Reforzaremos los cimientos literarios para llevar a cabo lo ya referido con anterioridad. Llenaremos el vaso medio lleno con ese 50% de ilusión que, de forma obligada se nos congela en medio de todos los veranos por acogernos al calendario escolar de La Paz, lugar en el que, por cierto, continuamos.
Y si la ocasión lo requiere, contrataremos los servicios, una vez más, de Elpidio Castiñeiras, un intérprete y actor que supervisa nuestra dicción antes de cada recital, para mejorar nuestra expresividad y capacidad de transmisión del mensaje. Ya que es lo que verdaderamente cuenta. Que la comunicación sea eso, la buena recepción en todo lo posible de lo que se quiera contar.
Y estamos llegando a la conclusión amigos y todavía no hemos hecho referencia a la meta tanto perseguida y tan bien lograda. La Buena Letra ya dispone de local exclusivo. Esto varía en que ahora disponemos de cualquier día de la semana para reunirnos y trabajar. Maribel Barrientos, Concejala de Cultura de Fuenlabarada, nos ha cedido el que fue su primer despacho. Así que, sí, una meta lograda. Como se suele decir: «Luchen por algo, pero luchen». Y si quieren pasar a visitarnos, no lo duden, estamos en el mismo sitio pero en la sala de enfrente y no pongan la excusa de que no tienen qué escribir porque tenemos el otoño tras la puerta. Esperamos verles… o escucharles con sus textos.

jueves, 3 de mayo de 2012

Julio Llamazares en Fuenlabrada

A pesar de ello fue una gran noche. En el Camino del Molino s/n, en el teatro Josep Carreras, se estaba tan agusto en aquella tertulia literaria nocturna en la apaciguada noche allá por finales de mayo en 2009. Pronto hará tres años. Por entonces se estaba representando una obra y luego, sobre las diez y media de un viernes cualquiera Julio Llamazares hablaría sobre su obra maestra llamada La lluvia amarilla.
Estuvimos cerca de hora y media con él escuchando atentamente lo que decía. Habló de todo lo que se puede transmitir en tal evento hasta que una asistente le increpó un poco en el tono de su pregunta que por qué le había salido un libro tan triste.
Julio fue cauto en su respuesta y puso en práctica a Flora Davis y su Comunicación no verbal para responder adecuadamente a la joven que parecía incluso molesta con el resultado final del ejemplar. Él se mordió la lengua y respondió que no sabía el motivo pero que, a veces, la vida era así. La contestación le supo a poco a aquella mujer que seguía y seguía dándole vueltas a los cientos de libros que existían con finales felices y personajes vacíos. En este caso recuerdo que los personajes de La lluvia amarilla me parecieron tan oscuros que como lector no quise adentrarme más de la cuenta en ellos, por eso quizá me guste tanto.
Cuando la mujer happy end cesó de "embestir" verbalmente al protagonista, hubiera sido mi ocasión ya que el turno de palabras llegaba a su fin. Estuve a punto de levantar la mano y preguntar que cúanto tiempo tardó en confeccionar y pensar la primera hoja del libro. Ya saben, en las universidades se dan clases de literatura con este tema. Una pregunta sencilla y directa. Pero la encargada de guiar el interrogatorio cerró la posibilidad y ahí me quedé con las ganas. Luego, al conlcuir todo, me marché del teatro y mientras mis pies pisaban las baldosas mi cerebro recordaba lo acontecido. Qué suerte la suya de cruzarse en el camino con alguien capaz de espetarle que «La noche queda para quien es». Julio Llamazares me pareció un ejemplo a seguir como profesional y persona. Si yo fuera el autor de ese libro, posiblemente no tendría los pies sobre baldosas.

sábado, 18 de febrero de 2012

Editorial 2012

Para aquellos que todavía, por el motivo que sea, afirmen no conocer a La Buena Letra, hemos de decir que somos un grupo dinámico para aportar las ideas de siempre al proyecto anual (recitales, revistas, la página web, actividades lúdicas para la Feria del Libro, cabalgata de Reyes Magos, colaboración con el intérprete Elpidio Castiñeiras en el perfeccionamiento de la lectura y escritura) y las nuevas (ser entrevistados por un periodista en una emisora de Navas del Rey y apareciendo en cuñas publicitarias de la SER de Fuenlabrada, ciudad donde, hoy en día, seguimos manteniendo la sede, también se unirá una nueva colaboradora al piano para los recitales y así obtendremos una actuación con dos músicos diferentes en estilos y partitura, más tiradas de revistas, nuevo diseño de ellas y la unión de un relato colectivo con grandes dosis teatrales). Y ahora están las intrínsecas, que no se aprecian, ni se saben concretamente si son ex o in, pero siempre permanecen intactas: las ganas de pulir su escritura, la motivación por leer mejor y hacer que el público disfrute y se entere de lo que se le está exponiendo o recitando, ganas por convivir con los demás miembros de la asociación cada viernes y aprender en ámbitos literarios y personales, salvando los muros donde se engloba dicha unión y llevándolos fuera de ellos. Porque los sujetos que hay en ella son más que eso; amigos. Nuestro horario es los viernes de 19:00 a 21:45 y créanme si os gustan las letras llegará el momento donde un día se os hará corto aunque uno de las posibles propuestas para el próximo año podía ser el de reunirnos más tiempo a la semana o durante ese día, siempre y cuando contemos con el apoyo burocrático y personal. Si alguna vez han sentido el impulso de compartir una afición con gente sencilla, culta y sociable, no lo duden y pásense por la C/ Gijón S/N, del centro cultural La Paz, en el barrio de El Naranjo y compartan con nosotros sus inquietudes del enraizado mundo de la escritura y cuando menos se lo esperen ya serán uno más.

jueves, 22 de septiembre de 2011

A Lorca

Desde que se apagó tu risa no habrá más nardos sobre camisas. Como el rayo que todo lo fulmina tu existencia se quedó marchita y tan sólo sobrevive en tus escritos, que ya es un claro rasgo de supervivencia. Te creíste rocinante huyendo del rocío hasta que la literatura de derechas te dedicó un pareado: «¡Maricón al paredón!». Su particular cuarto de invitados, por donde desfilaron a millares, en esa pasarela que a lo único que rendía culto era a las muertes. El compañero Luis Rosales te brindó en Madrid sus tabiques para que te ocultases, pero no fue suficiente. Al final secuestraron al inocente penitente con sus palabras enroscadas a la altura de los tobillos. Luego Javier Marías, también desde su columna, pero la escrita semanalmente, intentó poner fin a la memoria histórica para que dejaran de buscar tu osamenta y qué más daba si ya eras eterno. Otras víctimas y tú demostrasteis que, en el fondo los que perdieron fueron los que ganaron y viceversa.
Ahora tu boca, allí donde esté, estará hueca y seca sin lengua y labios que la recubran y la hagan boca de recital. Tu prodigiosa mano, antes divina, será un conjunto de huesos abigarrados estrechando la nada, abrazando el vacío, el buen karma de lo que en su día fue y no volverá a ser. Queda tu herencia manuscrita perenne a la que no habrá bala que atraviese, tus ritmos y palabras escogidas encadenadamente. Eras de los pocos que sin pretenderlo, y casi por azar, empleó su muerte para ver que servía de algo: un canto a la supervivencia, tu último poema.

viernes, 17 de junio de 2011

Feria del Libro de Madrid 2011

Domingo 12 de junio. Último día de la Feria del Libro de Madrid. El Retiro es un mar de contrastes, no sólo por la variedad de transeúntes que hay visitando las casetas, sino porque al sol apenas hay quien aguante y a la sombra se está como nunca. Más de trescientas cuarenta casetas de empresas editoras y sorprende la ausencia de un sello tan importante en el panorama literario como es Anagrama. Extraño cuando menos.
Nada más llegar el megáfono comienza a reiterar las asistencias de los autores durante la mañana y el número de la garita donde van a proceder con su firma de libros. Muchos de ellos aprovecharán el evento para completar la página de la revista del próximo domingo en El País Semanal o de alguna columna semanal con un comienzo in media res. Allí está sentada Rosa Montero con unas gafas de sol que le servían para marcar una distancia kilométrica entre ella y los asistentes. Era su vía de escape porque su fila abarcaba un buen volumen de visitas. Su talante era, lógicamente, un tanto serio, pero todos los escritores saben que el escribir lleva sus contras y contentar a su público puede que sea uno de ellos. Más adelante está un Javier Marías sosegado y tranquilo. Con gafas de sol y un cigarrillo en los labios que demuestra, sin querer, la paz de tomarse el tema de otro modo. Presentaba su segunda edición de Los Enamoramientos. Viste con una americana azul que contrasta con un mechón de vello cano que le brota del pecho. Su voz, tal vez, sea más aguda de lo que uno pueda preconcebir: “¿Para quién pongo el nombre?”, le comenta a una lectora. Luego aparece de la nada Almudena Grandes y una fila de seguidores enorme, que no va destinada a ella. El vértice de la conglomeración juvenil es Federico Moccia. Tan grande y desmesurada es la asistencia, que Moccia también firmó por la tarde. Y por último Benjamin Prado firmaba Operación Gladio, su última novela de portada negra yendo a juego con una camisa también oscura perfectamente planchada, mientras, que, de vez en cuando, regala una de sus sonrisas sabinescas al aire. Por último, si algo predomina en el trayecto literario es la presencia de Frigo, sucursales de Caja Madrid, y máquinas expendedoras de refrescos. Pero si te desvías del itinerario principal los precios no están mal y puedes comer algo por cuatro euros o seis, algo medianamente decente; cerca, incluso, del Palacio de Cristal.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Crítica a "La cena" de Herman Koch

La cena muestra un ritmo frenético en las cien primeras páginas. Al principio la novela narra una relación de pareja mientras van a acudir a una cena en un restaurante caro en los Países Bajos.El autor utiliza un gran recurso en la narración como es el de deshojar lentamente la trama, volviendo, una y otra vez, sobre sus pasos, pero esto, lamentablemente ocurre sólo en las cien primeras páginas aproximadamente, cuando, tal vez, podría prolongar más el recurso bien porque así lo buscaba Herman Koch o porque, efectivamente, la herramienta no vale para sostener una obra literaria completa.


Los protagonistas del texto


Los cuatro protagonistas principales en orden de preferencia por repetición en las páginas de la novela son los siguientes: Paul, antiguo profesor de instituto que deja su trabajo. Es el padre de Michel, uno de los supuestos protagonistas de aquella noticia que dio la vuelta al mundo, donde unos jóvenes entraron en un cajero automático y descubrieron a una indigente a la que poco más tarde arrojaron un bidón y predieron fuego. Claire es su cálida esposa, que, al tiempo, se muestra tan maquiavélica como su marido por defender a capa y espada a su hijo del grave percance que ha generado.En un plano secundario está: el que iba a ser primer ministro de los Países Bajos, Serge Lohman, al que se le retrata como un animal porque se deja llevar siempre por los instintos (comida, sexo) menos cuando tiene que abandonar la idea de la política, que nunca la lleva a cabo; y Babette, su mujer insatisfecha porque no encuentra la solución, ya que dos de sus hijos están involucrados también en el caso de la indigente. El único personaje redondo que hay es Paul, que cambia por su enfermedad y luego vuelve a ella por abandonar la medicación (de ahí la risa cuando habla con su hijo al final del libro).


Temas que se abordan


Está el tema de la defensa de un hijo por encima de la propia ley. Las nuevas tecnologías como las redes sociales para difundir cualquier tema. Los enfermos mentales y su vinculación familiar. El racismo, por un lado hacia el hijo adoptivo que es de Burkina Faso y por otro, las pintadas que Paul describe como anti holandesas cuando están cenando en una villa francesa y en la que el autor de la novela parece volcarse a favor de que la calidad de vida gala es mejor, aunque en algunas casos (en unos fragmentos de cara al final) indique que en los Países Bajos se vive bastante bien. De ahí que extrañe tanto lo sucedido con esos chavales y la mujer mendiga.


Breve análisis de los espacios


Del tiempo no se puede afirmar absolutamente nada, pero de los espacios se puede afirmar que los abiertos funcionan como vínculos de los cerrados, donde verdaderamente transcurre toda la acción de La cena: restaurantes, cajeros, despachos de institutos, etc.La novela es más real de lo que pueda llegar a parecer. Esa es su mejor baza.

Libros que retratan la locura

En muchos casos, algo intangible y tan desconocido como la locura ha llegado a un género literario tan especial como la novela. Un campo bastante amplio, interminable, que aunque parezca mentira ha dejado más interrogantes que aclaraciones en un tema complejo y poco específico.Lo más curioso de tal circunstancia es que los propios autores de dichos libros han sabido describir a través de sus personajes algo tan complicado haciéndolo vulgar, doméstico; con lo que el estar loco ya no parece algo tan disparatado en el contexto global por el que transcurre cada historia. Estos son algunos ejemplos.


La locura retratada en El Quijote


Obra maestra indiscutible del panorama español de 1605 en el mundo de las letras. Miguel de Cervantes, con gran sentido del humor, consigue elaborar un entramado literario tan contemporáneo como complicado. El caballero de la triste figura es un personaje atípico cuando se hacían historias de héroes medievales que rescataban doncellas. Éste es enjuto y ha perdido la cabeza, según el propio autor, por el mucho leer y poco dormir.Lo mejor, sin duda de esta obra, es la subjetividad que se aprecia de principio a fin. Y es que en los pasajes finales se aprecia como El Quijote parece, por momentos más cuerdo, y su amigo Sancho, que hasta esos instantes era la objetividad en persona, se va volviendo más quedo. Literariamente se conoce como «quijotización» y «sanchificación».


Rayuela, otro ejemplar que se adelanta a su época


Aquí estamos ante un relato, completamente inconexo en su primera lectura (puesto que hay tres una de principio a fin, otra guiada por capítulos y la última a petición del autor por donde elija) donde no existe el tiempo en la novela y al final uno se acaba dando cuenta, por voz de un compañero del protagonista, de que el personaje principal está loco y encerrado.La obra fue escrita por Julio Cortázar en 1963. Su principal rasgo identificativo es el surrealismo precoz. El mejor rasgo distintivo tal vez del tema que atañe es la pérdida del espacio tiempo.


La conjura de los necios costó una vida


John Kennedy Toole sólo pudo escribir dos relatos. El primero de ellos La biblia de neón y el segundo fue el que le empujó al suicidio por no recibir el éxito que Toole pretendió con dicha novela. En muchos casos se ve otra parodia social como ya hizo aquí Miguel de Cervantes, pero lo más destacado es la cita de Jonathan Swift, la cual viene a decir que el modo de descubrir a un genio es comprobar cómo todo el mundo se pone en su contra.Qué es estar loco y qué cuerdo. El propio Paul Auster define la lectura como una enfermedad.

jueves, 28 de abril de 2011

Marshall McLuhan y Erich Fromm

Ahora nos descargamos películas en Cinetube sin orden aparente, simplemente porque nos gustan desconociendo qué intereses nos incitan o cómo la globalización interactúa con nosotros.
Estos dos autores hablan de los medios de comunicación y del amor en una gran urbe como la nuestra.

Marshall McLuhan y sus teorías

Este teórico es el autor de ideas o conceptos importantes como medios fríos y calientes, la galaxia Marconi, la aldea global, y afirmó, también, que los medios electrónicos de comunicación son las extensiones (orgánicas) de la persona. Multitud de frases le definen a este teórico de gran envergadura social: “el medio es el mensaje”, “estamos hechos de lo que vemos” o “formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman”. Con la primera de ellas podemos entender no sólo las bases del cine, sino de la televisión, la radio; la globalización mediática en general. Todo ello sin excluir todas las posibilidades que nos ofrecen tanto el mensaje como el propio medio, pero otorgando de mayor relevancia a lo segundo.
Para McLuhan los calientes, y que motivarían el otro hemisferio cerebral, serían la radio, la imprenta, las fotografías o las conferencias. Los medios fríos serían el teléfono, el habla, la televisión y los seminarios; todo ello respetando la parte del cerebro que se ve activada por estos soportes.
Este filósofo consideraba que el cine era un medio caliente por la fuerte densidad de la información, no favoreciendo a la interactividad los sistemas cerrados e inducen a la pasividad. Además, consideraba que había dos momentos vitales para el cine y sus correspondientes películas: cuando llegó el color, cuando se creó el sonido y la banda sonora para recrear ambientes.

Su arte de amar: Erich Fromm

En una de sus obras más representativas de uno de los máximos miembros de la Escuela de Franckfurt nos habla de los siguientes temas, dentro de algo tan complicado como el amor.
Ese especial sentimiento se ha visto dañado por la cadena de montaje capitalista, al alienar a sus trabajadores. Este factor ha desencadenado una serie de hombres y mujeres pasivas que no exploran el interior, el alma. Uno de sus mejores consejos, tal vez sea el de que amar es dar sin tener que recibir. Y haciendo un resumen de sus mejores aportaciones, se destacarían las siguientes: el niño siente “amo porque me aman”, el adulto “me aman porque amo”.
Para concluir destacar que el filósofo mantiene fervientemente, que el amor es un mercado (globalización) porque el materialismo es una cualidad humana que nos hace completamente distintos a los animales. A más belleza mayor cotización.
El amor es un acto de fe”. ¿Qué pensarán de ello los núcleos polígamos?
El medio, en este caso cada persona individual, también es el mensaje.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Kirmen Uribe

El jueves 3 de marzo de 2011 a las 20:30, Kirmen Uribe, con un acento peculiar que denotaba su origen vasco, presentaba su última novela Bilbao-Nueva York-Bilbao en el centro cultural Tomas y Valiente de Fuenlabrada en un evento cultural conocido como café literario.
Con una impoluta camisa blanca sin estar rigurosamente planchada y con unos vaqueros, signos descuidados, pero que podrían marcar estilo junto a su pelo despeinado más por el clima que por la moda, comenzó a charlar sobre la literatura y sobre las anécdotas que acarrea una afición así.
Algunas de sus frases fueron: “lo primero que tiene que pensar el escritor antes de escribir es qué va a escribir y cómo lo va a hacer”.
Entretanto, afirmaba que las nuevas tecnologías iban a cambiar el modo de narrar una historia pero no su formato. Algo, que, por otro lado, está ya muy bien definido en la industria de la imprenta como es el formato papel y en la electrónica los e-books (o libros electrónicos).
Por otro lado la presentadora del café literario, que así se llamaba el evento, definió su obra a presentar como: “Luz, memoria e imágenes”. Unos conceptos a los que el propio Kirmen Uribe no tardó en darle la razón.

Anecdotario

Más tarde, las anécdotas se siguieron produciendo en boca del autor nacido en Vizcaya. Se refirió a que el libro no es una novela al uso, sino un cúmulo de historias donde el propio autor se entremezclaba con ellas para darlas mayor sentido. Este hecho es bastante significativo ya que Uribe enfatizó que era un rasgo nuevo de la literatura actual.
Al cabo de unos minutos, comenzaba el turno de preguntas. La primera, extrañamente no se hizo esperar, fue sobre si la anécdota de las fiestas de la Romería del Rocio era cierta.
Uribe comentó que antiguamente se repartían dos barajas de cartas, una a los chicos y otras a las chicas, con la finalidad de generar parejas de baile; pues el autor de la novela dijo que él arrojó la carta porque no creía en ello y cuando escribió su primer artículo que hablaba de otra anécdota sobre su padre, la chica se puso en contacto con él para decirle que era ella, curiosamente, la que había obtenido el mismo naipe… el escritor concluyó la historia diciendo que jamás le enseñó la mujer si era verdad o no que habían coincidido con la carta.
Por último, y en referencia a su primer artículo periodístico, el novelista menciona que su padre le comparaba siempre con el cura que declama su discurso teológico para la primera fila y no para toda la iglesia. Con ello quiere decir que escribe para un público muy selecto.