domingo, 26 de agosto de 2012

Mercadona y sus contratiempos


Hay empresas, tanto nacionales como extranjeras, que están tan instauradas ya en el capitalismo mundial, que porque se resfríen nadie tose o mejor aún, no pasa absolutamente nada, que es peor si cabe.

Con ello no quiero desbaratar la imagen de Mercadona pero si es para reflexionar un poco en cuanto al tema social que nos ocupa. Lo que le ha pasado hace bien poco, es decir el hecho de tener que retirar once productos de la marca Deliplus y Solcare por dos posibilidades debería dar mucho que hablar. Una es que desde la entidad española se quiere mejorar esos productos y afirman en un comunicado concreto que tanto los antiguos como los nuevos artículos están en orden y no entrañan ningún tipo de riesgo.

Desde el diario Público.es, se abre la discordia el 14 de agosto publicando la noticia con el siguiente titular: “Mercadona retira 11 cosméticos estrella por riesgo de cáncer”.

No me voy a meter con lo superficial del texto, pero, caray, decir productos estrella puede parecer un tanto exagerado. Y lo de cáncer suena a claro dardo en la frente. Digamos que es una acusación abierta de la que debería de haber más consecuencias como hablaba al principio. Por ejemplo judiciales. ¿En qué se basa la información? ¿Cuál de las dos partes lleva la razón? Probablemente no lo sepamos jamás y este hecho no genera agrado porque si estamos en una sociedad que utiliza la información (derecho recogido en el artículo 20 de la Constitución) como vía de calidad democrática es ilógico que se produzca esta desinformación mediatizada.

A lo que iba. Seguro que si uno acudiera a dicha empresa seguiría viendo los pasillos repletos de clientes como si nada; ahí se aprecia la fuerza de la posible cuarta potencia nacional.

También Joan Roig, su presidente, ha dicho que si pretendemos salir de la crisis debemos copiar el esfuerzo y actitud de los siete mil bazares chinos que hay en España.

Espero que no se esté refiriendo a trabajar de sol a sol la semana entera. Tampoco creo que sea bueno comparar dos culturas tan opuestas… así van las cosas. Por el momento no ha habido más acusaciones con el tema de los productos retirados. Bulo o no, aquí se puede acusar sin esperar daños. La espiral del silencio hace mucho que quedó en entredicho.

jueves, 23 de agosto de 2012

El Dcode

 
El Dcode Festival dará comienzo el 14 y 15 de septiembre de este mismo año en el Campus de la Universidad Complutense de Madrid (en el complejo deportivo Cantarranas, metro ciudad universitaria). En esta ocasión, recordemos que es su segunda edición, dispondrán de un cartel altamente interesante. Así, asistirán The Killers, unos artistas de corte internacional que ya llevan vendidos más de quince millones de discos por todo el mundo. Con esta posibilidad, el grupo americano vuelve a nuestro país al que ya llevaba largo tiempo sin visitar. Su estilo está influenciado por el Pop, Rock y post-punk. Otros nombres que asistirán serán The Kooks, un cuarteto que desde 2004 lleva editados tres discos o los islandeses Sigur Rós que son de los más veteranos en el cartel musical de Dcode.
Por otro lado, también asistirán otros grupos musicales como Le Traste, Syberia, Kymbra o Lüger.
En cuanto a las entradas se pueden comprar por El Corte Inglés, Ticketmaster y Live Nation. Los precios son el abono de 90 euros más gastos de envío que te vale para los dos días que dura el festival musical y la entrada de día que son 55 euros más gastos de envío también.
La posibilidad más curiosa y prometedora de este festival es que este año si tienes un grupo y cumples con las bases del concurso musical, entre las que se encuentran, por ejemplo, el disponer de la autoría de los temas a interpretar o tener dieciocho años en todos y cada uno de los participantes de la banda, puedes ganar el premio de actuar en directo frente a un gran público.
Lo que se modifica del año pasado a este son, por citar algunos cambios, las fechas de inicio del festival. Antes era en junio, ahora es en septiembre. También es de destacar el gran aforo que tuvo en 2011 sin disponer de grupos de un carácter marcadamente comercial como fueron Kids, The Hives, Romance o Kasabian, entre otros muchos.
Este año, quien quiera participar, tendrá otra ocasión de disfrutar de la música. Y, como ya se destacaba con anterioridad, poder hacerlo desde un escenario amplio y creándola uno mismo.

lunes, 23 de julio de 2012

Colisión

Lo primero que han de saber si tienen un accidente, es que pueden ser peor de lo que se imaginan, pero también mejor. No me quiero ir a los extremos de vivir o morir. Esto solo es un texto para entretener así que… armas fuera.
Bien. Decía mejor porque cuando uno colisiona contra otro vehículo rápidamente se genera una imagen distorsionada de los daños del automóvil. A mí, en cierta ocasión, me sucedió que golpeé a otro coche creyendo que el mío estaba ya siniestrado cuando, no solo no tuvo ni un daño, sino que el que podía haber quedado para el desguace fue el otro, aunque nada más que desplacé su eje delantero. No hubo accidentados. Nunca los ha habido y ahora sí toco madera de pupitre.
Habría que hablar forzosamente de los impactos. No suena el PUM! De las películas es más un sonido hueco a chapa que se hunde, abigarra y contrae. Un pellizquito de realidad que duele demasiado. Cuesta, como mucho, unas décimas de segundo para perder el orden de lo material y una semana tonta que estará tu vehículo en el mecánico hasta que le sacan el bollo… pero este no se come, aunque se debe de digerir despacio.
Luego vienen lo que yo llamo “el, por favor, que nadie pegue a nadie”. Es una fase complicada, aunque bueno si has sobrevivido a la anterior esta, ya en pleno sobresalto y excitación, te puede venir rodada. Si has sido tú el culpable no puedes salir al asfalto como un gallo con los espolones en alza. Tienes que ir con la culpa sobre el cuerpo. Que se note que te importa el estado de tu vehículo y el del otro también, por no hablar de la salud de los conductores. Y además si ya te has golpeado más de una vez, se tiene que percibir a la legua que ya vas con ese tremendo peso, que aunque parezca que no, pero es muy grande.
Más tarde, si se da el trámite de rellenar el parte del seguro, tendrás que tener el coraje de no olvidarte de ningún dato, porque tus ojos ven y miran pero son incapaces de leer. ¿Y tu puño? El pobre intenta escribir pero le salen unos garabatos más próximos a preescolar. Lo mejor es intentar coger el número de móvil, nombre y DNI más matrícula del otro afectado y si falta algún dato ya os llamaréis luego. Coge bien su matrícula. La gente suele ser honesta, mas nunca se sabe lo que puede pasar.
Si el otro es el culpable, retén tu ira. Contrólala. Casi te mata, casi os matáis, pero valora el hecho de que al menos, daños por menores, estáis los dos sanos y salvos. Rellena el formulario correspondiente de la aseguradora pensando en que a ti también podía pasarte algo semejante.
Por último vete a tu seguro y formaliza el estado de todos los datos recabados lo antes posible para ganar tiempo conforme al perito cuando vaya al mecánico.
A la semana, o así, recogerás el vehículo casi como estaba y solo por eso pensaras que el mecánico es un ser superior. Ahora viene el miedo a la hora de volver a conducir. Si tienes suerte, que la tendrás, se te irá en unos cuantos días… pero puede visitarte en sueños alguna vez. Tómatelo como lo que es, sin más importancia. No nos queda otra que aprender y seguir en el asfalto.

domingo, 8 de julio de 2012

Salir vencedor tras ser vencido

No sé si Stephen King está haciendo algo en mi imaginación o modo de escritura. Lo que tengo claro es que esto estaba escrito de antes de su lectura y con los nuevos retoques de ahora parece todavía más si cabe de King. Le he puesto más garra al microrrelato, aunque tampoco mucha porque el protagonista está enfermo. Sea como fuere. Heladio, mi Heladio, es un superviviente... y quién no lo es.



Heladio conocía bien aquella sala donde el tiempo se deformaba como en los relojes de Dalí; bueno, la sala y los correspondientes pasillos. Todo era como un corredor donde nada era lo que parecía; un lugar donde se podía perder la cordura por cada resquicio de las puertas. De poco le había servido la profesión de psicología para evitar caer en ello. Fue uno más con pijama azul y medicación controlada. Tuvo que pasar por allí para tratar el brote repentino de euforia que se produjo casi sin avisar a escondidas entre los silencios de su casa.
Cuando por fin consiguió el alta médica, algo había inundado de nuevo el cerebro. Todo había perdido el encanto. La flor había marchitado sus pétalos y le había dejado también sin la posibilidad de pincharse con las espinas. Su vida cotidiana se vio alterada por los efectos secundarios de las pastillas que le habían recetado. Lo que servía para ayudarle valía también para empeorarle. El doble y peligroso filo de la Sanidad. Eso mermaba los pocos alicientes que le quedaban. Era como cuando tiembla la mano justo antes de tomarse una sopa.
Fue a visitar a otro psicólogo que no le veía tan mal como él creía. A pesar de que las consultas eran como abrirse en canal y ver que el plasma permanecía estático al recordar el pasado, rememorar un cruel dolor.
Así, poco a poco, fue pasando el tiempo que el fondo era lo único que parecía pasar; las hojas de los árboles cayeron y volvieron a nacer; sin embargo, la depresión seguía ahí, machacando sus sienes, agarrándole firmemente por los tobillos. Lo único que quería era tumbarse en el sofá sin televisión, música, ni nada en lo que entretenerse. Deseaba ser mudo, invisible y diminuto. Cada vez que ideaba algo en lo que ocupar el día, sentía el peso de cientos de manos imaginarias que lo retenían en cualquier asiento y rincón sin poder llegar a comenzar ninguna. Y lo que no quería el desánimo lo aprovechaba la ansiedad para hacer más de las suyas. Angustía, malas respiraciones, presión en el pecho y demás síntomas de alguien de semejante enfermedad.
Apenas le quedaban ya fuerzas para salir del agujero cuando se percató de que lo único que tenía que hacer era seguir adelante con lo poco que tenía. Aunque era tan fiero el león que cuando más lejos parecía alejarse de él, más alto escuchaba sus rugidos… los de la desesperación. La enfermedad no podría con él aunque se enfrentara a ella cada segundo, nublándole el pensar y encerrándolo en su burbuja.
Que ella tiraba, él también, que ella gritaba, él también; así hasta que poco a poco se fue deshaciendo de aquella extraña sensación, batiéndose a sangre en cada asalto. Cuando, por fin, la mancha se desvaneció por completo, marchándose como una nube o un mal sueño, se dio cuenta del nuevo mundo que se abría ante él. No solo las hojas de los árboles habían vuelto a crecer, había edificios que antes no estaban, calles nuevamente pavimentadas, coches con otro dueño, un nuevo alcalde y tiendas que ya habían cerrado a la espera de que las comprara o alquilase un nuevo empresario. Su imagen en el espejo también era distinta. Ahora estaba más gordo, más calvo, pero ahí seguía… sin nada en los bolsillos ni en las manos, como un neonato. Por desgracia la enfermedad le hizo perder algunos conocidos que creía amigos y que ahora, desde cero, volvería a lograr. Un nuevo comienzo. Un premio por haberse enfrentado consigo mismo y ganar… de momento.

miércoles, 4 de julio de 2012

Editorial curso 2012-2013

Se podría resumir todo en una simple frase, en un conjunto silábico básico y directo que se ha oído en multitud de ocasiones y que por lo tanto, resulte manido. Pero hasta el final del texto, queridos lectores, no sabrán qué gran meta se ha alcanzado este año, ya por fin.
Para ir desmadejando el ovillo cabe destacar que hemos disfrutado enormemente en la Feria del Libro de Fuenlabrada. Por un lado escuchando a las grandes plumas, como Javier Reverte, escritores de los que siempre se puede aprehender algo. Y por el otro, realizando nuestras actividades previstas como el cuentacuentos o el concurso de relato corto tanto para adultos como para niños y aquí a seguir en las trece, aprehendiendo por igual de unos o de otros y si nos presionan les diremos que de los pequeños más, si cabe, porque vienen con la varita mágica de la sorpresa y de la fantasía.
También se han llevado a cabo varios recitales de los que no sabemos con cuál quedarnos por entretenidos y emocionantes. Sepan, que como cada año, en este nos esforzaremos con las mismas herramientas, es decir, las ganas de superación y las ansias de creación, para ganarnos el aplauso del público que nos viene a ver siempre, el incondicional, el nuestro, y los que quieran dejarse impresionar por este colectivo que se convierte en un verdadero rodillo de letras y palabras cuando tiene el micrófono bien asido.
Para el próximo curso daremos talleres literarios y de escritura. Reforzaremos los cimientos literarios para llevar a cabo lo ya referido con anterioridad. Llenaremos el vaso medio lleno con ese 50% de ilusión que, de forma obligada se nos congela en medio de todos los veranos por acogernos al calendario escolar de La Paz, lugar en el que, por cierto, continuamos.
Y si la ocasión lo requiere, contrataremos los servicios, una vez más, de Elpidio Castiñeiras, un intérprete y actor que supervisa nuestra dicción antes de cada recital, para mejorar nuestra expresividad y capacidad de transmisión del mensaje. Ya que es lo que verdaderamente cuenta. Que la comunicación sea eso, la buena recepción en todo lo posible de lo que se quiera contar.
Y estamos llegando a la conclusión amigos y todavía no hemos hecho referencia a la meta tanto perseguida y tan bien lograda. La Buena Letra ya dispone de local exclusivo. Esto varía en que ahora disponemos de cualquier día de la semana para reunirnos y trabajar. Maribel Barrientos, Concejala de Cultura de Fuenlabarada, nos ha cedido el que fue su primer despacho. Así que, sí, una meta lograda. Como se suele decir: «Luchen por algo, pero luchen». Y si quieren pasar a visitarnos, no lo duden, estamos en el mismo sitio pero en la sala de enfrente y no pongan la excusa de que no tienen qué escribir porque tenemos el otoño tras la puerta. Esperamos verles… o escucharles con sus textos.

miércoles, 27 de junio de 2012

Emancipación a otro hogar

Bueno. Como se me ha pedido en otras ocasiones que explique un poco lo que escribo y afortunadamente en la poesía soy un novato sin tapujos y no dispongo del espacio necesario para expresar todo lo que pretendo, pues me veo obligado por el bien de cualquier lector, de mis muy queridos lectores, en aclarar lo complejo de mi pequeño poema sobre la emancipación.
Vale. Para empezar diré que nunca me he ido de casa con vistas a formar yo solo una unidad familiar. Así que cogí el bolígrafo y me salió esta curiosidad que le puede haber surgido a cualquier persona en un momento dado cuando se plantea el tema. Hablando esta vez de sobra, he de explicar ya, antes de que se vayan a otra página, el primer párrafo: Es una estrofa sombría por el comienzo y algo mal estructurada porque no se puede vaciar algo estando ya descarnado pero era una expresión que según me salió la dejé ahí por la idea que me generaba al leerla.
En el segundo párrafo el vino e irá se refiere al protagonista y en cómo se encuentra emocionalmente influido por el desempleo.
La tercera es más colectiva y aparece el hermano que es quien ocuparía su puesto en la casa. Su puesto físico, me refiero. Y luego, parezco Sánchez Dragó hablando de su propio libro, jajaj, aparece el fragmento más intimista: la familia en un reflejo/ como drenar su río. Es un poco como se siente y lo que ha dejado atrás.
Luego, en el cuarto párrafo, aparece la negación a Albert Ellis, porque no existe vida sin sobresaltos o contratiempos, pero en esta poesía al final acaba apareciendo un final feliz. El final se queda sin final. No hay quemadura, ni dolor. Al final solo existe la paz de una vida que se abre camino.
De todos modos, os podrá parecer algo exagerado el tema, que luego uno se emancipa en un periquete y lo más seguro es que no suceda nada incontrolable, pero de primeras es un tema desconocido.   
Y para concluir decir que todo tiene trampa y hay mayoría de heptasílabos con dos octosílabos que he introducido malamente y con el buen uso de mi calzador. Sin más me despido. Un abrazo para todos.


Un cuarto abandonado;
El hijo que ya se va.
Vacía descarnado,
un amor perdurará.

Así es, vino e irá.
Caminar inseguro,
su risa destemplada.
Aplazado futuro.

Ocupación fraternal,
anaqueles vaciós,
familia en el ventanal,
como drenar mi río.

La vida sin agrura,
el final sin camino,
no existe quemadura,
nos miramos tranquilos.

viernes, 22 de junio de 2012

Una mirada al pasado

Hace mucho que tengo esta fantasía. Podrá parecer algo estúpida, pero siempre he perdido un poco el tiempo pensando en ella, la propia ilusión, por nimia que pudiera resultar al exponerla en una simple declaración.
Ahora, todavía hoy, me sobrevienen estos tipos de pensamientos entretenidos enfocados a mi único disfrute.
La entelequia viene a ser lo siguiente. Durante toda la vida mi familia se ha mudado en dos ocasiones y en una tercera ha alquilado una vivienda.
Hasta aquí todo de acuerdo. Hay un comprador o inquilino (por la casa alquilada) y unos beneficiados por la acción inmobiliaria. Pero me queda algo encerrado, oculto, siempre incompleto que se degenera y empolva.
La ilusión es que para evitar el deterioro de mis recuerdos y por la salvaguarda de un pasado, me encantaría que los nuevos inquilinos me dejaran estar a solas en sus pisos solo unas horas, con el fin de rememorar y retener los sentimientos, las rutinas viejas y olvidadas, las acciones y la convivencia familiar que teníamos por aquellos entonces. Así que en un primer caso me situaría en Fuenlabrada, si se pudiera. Allí subiría hasta el noveno piso. Tras la puerta, de nuestra primera vivienda, recodaré quizá que mi padre cada viernes me traía un regalo distinto, una manera de compensarme o de contentarme hasta que un día puso el punto y final porque le negué una tableta de chocolate blanco cuando lo que quería realmente era un juguete. Luego andaré hasta la cocina, apenas un par de pasos, y por curiosidad miraré la nevera… el espacio más íntimo de esa zona y que más respeto genera para algunas familias. Poco más tarde miraré bajo el fregadero donde estaba el Mistol que una vez bebió mi hermano saliendo incólume, por suerte. Más tarde me desplazaría, si se pudiera, hasta la terraza y ahí me vendrían más recuerdos agolpados recorriendo desde la zona central del cerebro hasta lo zona superior del cráneo como un refusilo… Hasta ahí todo iría bien, pero mi dulce fantasía, tendría unas consecuencias negativas… y aquí es donde coloco una frase preciosa de Julio Llamazares sacada de El río del olvido: «Cuando vas a un lugar de hace años, el sitio no cambia, tú sí».
De repente me percato de que han alicatado el suelo, la puerta de la entrada era de acero y la nuestra no, que la terraza ya no es descubierta; me voy dando cuenta de que aquella casa del pasado es solo el esqueleto, la estructura interna sin dueño del futuro. Y los recuerdos, pobres, se desvirtúan, se vuelven polvo y partículas inertes dentro de las neuronas, porque aunque permanece la base su contorno ya no sería lo que fue. Me daría cuenta de que aquellos tiempos ya no volverán y la mayoría de detalles mi mente, como la de todo ser humano, ha ido quedándose con una selección hecha sin saber muy bien los procedimientos. Un giro en los acontecimientos. Una aproximación a un mal desenlace. No hay que olvidar el hecho de que los recuerdos se desvirtúan… a veces los completamos inconscientemente quedando en entredicho en una reunión de bar con amigos de toda la vida. Porque son solo eso, imaginación activa de un tiempo a esta parte. Tal vez lo mejor de ellos sea que no son verídicos a ciencia cierta; siempre hay algo de justificación, de aclaración o de inconcluso. Tampoco son la prueba de que la mente nos funcione adecuadamente, pero los aprecio tanto porque dicen tanto o más que mi DNI.
Todo esto quiero que se vea alejado, en cierto modo, de la nostalgia. Es una mirada objetiva a lo que vamos dejando atrás sin saber que puede que la memoria lo guarde en un cajón mugriento y que cuando salga esa imagen ya no será nítida, será como cuando creemos que una foto está bien hecha y al aumentarla se pixela, como si hubiera un muro que nos parece bien construido y al acercarnos comprobamos que es mitad adobe y mitad de ladrillo. Por muchas esperanzas a las que todos nos debemos abrazar, si perdemos lo que se va quedando atrás, ¿somos enteramente nosotros o nos falta algo porque hemos ido extraviandoy suplantando recuerdos…? las piezas invisibles y necesarias, los donosos lazos que nos unen.

sábado, 9 de junio de 2012

De bragas y desconocidos

El microrrelato que ustedes van a leer a continuación forma parte de un ejercicio colectivo de una asociación de escritores. El cual consiste en que cada uno aporte una palabra y que al final se unan todas en un folio transmitiendo algo. En este caso las palabras que se dijeron fueron: SABIDURIA, AZUL, BONDAD, LUJURIA, NOCTURNIDAD, SONRISA, AMOR, ASALTO, INOCENCIA y BRAGAS.
El título de mi texto es para llamar más la atención, aunque alguna relación tiene. Sin más, allá voy.

Hoy llevaba las bragas azules. No singnificaba absolutamente nada, pero bien era cierto que para los días en los que pretendía conseguir algo meritorio, tenía reservadas las prendas que ella consideraba idóneas para la ocasión, como por ejemplo podía ser una entrevista de trabajo. En el fondo seguía siendo muy supersticiosa. Como cuando iba al instituto en día de exámen que nunca se ponía ropa blanca o cuando entraba en un restaurante que siempre cogía la silla y la giraba una vez antes de sentarse. La delgada línea entre la creencia y la manía.
«La sabiduría siempre te regala algo»; así empezaba la primera hoja de su nuevo libro Sobrevivir a la lujuria, que le había regalado un ser querido no hace mucho. Era una frase poco manida pero un tanto incongruente aunque sonaba francamente bien. La mayoría de los autores se pasan horas interminables estructurando la primera hoja de sus obras, porque como ellos dirían son el verdadero rostro de lo que están comunicando,por encima incluso de la portada. Además, a la hora de escribir desarrollar una buena primera hoja te otorga, por expresarlo así, el beneplácito restante, el buen hacer.
Mientras tanto, ensimismada en su lectura, habían pasado ya tres horas invernales y a las seis de la tarde de cualquier enero ya había llegado la nocturnidad. Sin percatarse lo más mínimo, se había quedado sola en el anden; hecho contrastado al levantar por fin la vista de las hojas tremendamente olorosas. No se ha dado cuenta de que había alguien más allí, un desconocido, apoyado en una columna de acero lejana. Cualquiera que fuera capaz, tal vez y con esta oscuridad, de cometer un asalto. Ella hacía esfuerzos por volver a introducirse en su lectura, pero le acometía el miedo... a veces la bondad solo anida en unos pocos. Por mucha inocencia que tuviera aquel desconocido, qué hacía allí semioculto y medio visible. Los andenes a plena luz del día son propensos para el tránsito, la despedida y el amor, pero ahora su gesto estaba tan inexpresivo que no podría ni sonreir al ver quizá al individuo alejarse, pero no fue así.
Al final, todo quedó en nada y el desconocido resultó ser un agente de seguridad... qué ironía.
Cuando llegó a estar próximo a ella, guiado por un pasear lento pero bien acompasado, ni se percató de que había una señorita sentada intentando restaurar la calma. Al parecer, él estaba con la nueva moda social, el whats up, la distracción suprema.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Primeras impresiones sobre Jesús Ayuso

Llega a la entrevista puntual, por concretar más, un minuto después de que se cerrara la puerta del bar La Concha tras de mí en la calle San Bernardo. Con una camisa de manga corta de cuadros y un pantalón oscuro no aparenta, en absoluto (aquí otros dirían el “para nada”), los setenta y un años que tiene. Posee esa figura fina de los hombres que han vivido mucho tiempo cerca del mar, pero en este caso él es de Moratilla de los Meleros (Guadalajara), donde el único agua que debe haber es la que ordinariamente sale por el grifo y quizá la de alguna fuente como adorno.
En seguida uno se puede percatar de que Jesús Ayuso, librero de profesión, posee un don de palabra privilegiado para informar, entretener y llevar, casi a quien se proponga, a su terreno. Afirma, además, que su mayor logro es estar todavía en sus cabalas, es decir, disponer de una memoria bastante buena y bien ordenada (dicha cualidad es sumamente difícil de adquirir, puesto que puede ser un indicio de gran capacidad sensorial según se ha ido comprobando que la mente ha permanecido inalterada por el trascendente paso del tiempo).
Lo más curioso es que lejos del mundo de los libros, él lleva otro en la mano lo que puede indicar que lo que es trabajo también es afición. Su discurso gira de manera extraordinaria, única y exclusivamente, sobre este hecho, el de escribir, el de los escritores y editores, el de antiguos compañeros de profesión, mayo del 68, el de cómo pasó libros prohibidos del extranjero a aquí sin que lo represaran ni juzgaran. De más historias que ya aparecen en alguna que otra entrevista de Internet, pero que carecen de la visualización de la emisión de unas palabras, de las arrugas desarrollando gestos cordiales y orgullosos de haberse sentido ganador en algunas ocasiones y quizá también perdedor o menos vencedor en otras. Y aunque él mismo diga, falsamente, por cierto, que está desactualizado; sabe desenvolverse con bastante acierto en temas como el caso Bankia o el tirón de orejas a Facebook nada más salir en bolsa.
Luego sabe que se ha consumido todo el tiempo y que el encuentro ha llegado a su cenit. Se despide con un sostenido estrechamiento de mano. Con paso firme y decido se aleja entre la muchedumbre.



jueves, 24 de mayo de 2012

El final de aquella pareja

Empecemos por lo básico: Juan Carlos y Ana. Y ahora lo secundario: Se distanciaron. En dos ligeras y directas pinceladas me entrometo de lleno en un tema en el que hace mucho que no escribo. En esta sección se cuenta con unos signos de interrogación en la etiqueta que servirían para resumir eso tan… tan… indescriptible casi, como es el amor. Pero por suerte o mala pata a aquella pareja… ya solo les quedará el olvido de lo vivido como a quien más y quien menos le ha tocado pasar por ello, sin sospechar muchas veces en el tremendo lado positivo que ello oculta... o que nos cuesta ver.
El caso es que vuelvo la mirada atrás y allí les veo. Ella alta, rubia, peluquera, él igual de alto pero más atlético, informático y más introvertido. La verdad es que me gustaría hablar más de ellos pero ni tan siquiera recuerdo por qué lo dejaron, ni me lo contarían por entonces, ni ahora vería con buenos ojos liberarlo a los cuatro vientos.
El caso es que "casaban" bien o eso me parecía a mí, pero lo real es que había quizá demasiadas diferencias entre ellos. Y estos hechos, quiero suponer e imaginar, fueron cobrando relevancia hasta que tal vez significara algo. Pero qué importan estas conjeturas sin fundamento que tienen más de invención que de realismo, por lo que desconozco hasta qué punto es óptimo escribir sobre ello.
Lo importante es que ahora les imagino con otras personas rehaciendo su vida. Y es aquí donde quiero llegar, a que cuando lo dejaron una nube gris vino a instaurarse en mi sonrisa, por breves momentos, para luego irse como se esperaba. Las parejas son un "algo" intangible y único cuando conviven o se aman, pero dejan un relativo vacío cuando se produce su ruptura (depende de si ha roto el vecino con el que tan mal te llevas o una de tus primas). Hay que comprender que se echan por tierra algo tan duro y unificador como los lazos que nos unen y la amistad, por no hablar del cariño.
Por eso les veo mejor ahora. A ella con alguien tan liberal (palabra que ella empleaba) como se merece y a él a alguien tan comedido y bueno como era Juan Carlos. Dos grandes y bellas personas que sin saber cómo un día tomaron direcciones opuestas, dándose las consabidas espaldas en el típico final, que toda  pareja debería de tener, asumiendo los propios errores, los planes que ya no compartirían, las visitas que ya no harían a su círculo respectivo. Pero, ya digo, un adiós no es tan malo porque te deja la puerta abierta y es ahí dónde puede aparecer alguien con quien verdaderamente merezca la pena compartir la senda del porvenir. Cínica y honestamente todavía habría que decir: ¡Gracias! pero escrito a modo de viñeta de Forges.

lunes, 14 de mayo de 2012

Yanarawi

Si la vida solo fuera una línea recta qué aburrida sería. Sin curvas ni sobresaltos, nada más que una línea recta… qué justo le parece ahora. Yendo con tu propio cuerpo sin ese peso generado por la mochila de los “problemas” con la que el que más y el que menos carga y porta. Esta es la historia del atleta iraní Yanarawi que en los juegos olímpicos de Londres participará en la prueba de atletismo. Más concretamente en la de los mil quinientos metros. Horas antes de comenzar dicha prueba, un familiar, le comunicará la muerte de su padre que días antes habrá caído gravemente enfermo. Debería de existir un protocolo especial para los deportistas y también, de paso, para el resto del mundo que les blinde contra este tipo de noticias, ya que, en este caso, hubiera preferido, incluso, no saberlo.
Yanarawi luchará con todas sus fuerzas para mantener en vilo sus piernas, haciendo un esfuerzo hercúleo y sobrehumano para tener la mente en su sitio. Esta será la acción más compleja. Con la cabeza fría podrá optar a algo, pero en cuanto flaquee, adiós al podio.
Santo cielo… como si competir fuera fácil.
Cuando le llega su turno, el deportista iraní siente que de sus rodillas hacia abajo hay algo que le pesa horrores. Es como si sus articulaciones inferiores se hubieran vuelto de iridio, el metal más pesado de la Tierra.
Está en la pista número siete. Los números son especiales para algunas personas y en concreto esta detestaba los impares. Al parecer todo se le ponía en su contra, pero no arrojará la toalla. No estaría, tal vez, todo dicho. Tendría que superar muchos factores pero estará dispuesto a intentarlo. Yanarawi saldrá rápido, por un microsegundo su mente se irá y verá el cuadro de Goya Saturno devorando a sus hijos; él también compite contra crono… el suyo propio, la mente enturbiada. Así llega a la segunda curva de la pista y le adelantan tres atletas tan internacionales como él pero no se deja amedrentar y olvidando la sensación muscular de agarrotamiento, está tan preparado que puede hacer un sprint prolongado para quedar segundo y hacerse con la ansiada plata.
Todos estamos más o menos preparados para llevar la mochila, lo que no queda tan claro es quién nos ha impuesto que tiene que haber un cronómetro.

jueves, 3 de mayo de 2012

Julio Llamazares en Fuenlabrada

A pesar de ello fue una gran noche. En el Camino del Molino s/n, en el teatro Josep Carreras, se estaba tan agusto en aquella tertulia literaria nocturna en la apaciguada noche allá por finales de mayo en 2009. Pronto hará tres años. Por entonces se estaba representando una obra y luego, sobre las diez y media de un viernes cualquiera Julio Llamazares hablaría sobre su obra maestra llamada La lluvia amarilla.
Estuvimos cerca de hora y media con él escuchando atentamente lo que decía. Habló de todo lo que se puede transmitir en tal evento hasta que una asistente le increpó un poco en el tono de su pregunta que por qué le había salido un libro tan triste.
Julio fue cauto en su respuesta y puso en práctica a Flora Davis y su Comunicación no verbal para responder adecuadamente a la joven que parecía incluso molesta con el resultado final del ejemplar. Él se mordió la lengua y respondió que no sabía el motivo pero que, a veces, la vida era así. La contestación le supo a poco a aquella mujer que seguía y seguía dándole vueltas a los cientos de libros que existían con finales felices y personajes vacíos. En este caso recuerdo que los personajes de La lluvia amarilla me parecieron tan oscuros que como lector no quise adentrarme más de la cuenta en ellos, por eso quizá me guste tanto.
Cuando la mujer happy end cesó de "embestir" verbalmente al protagonista, hubiera sido mi ocasión ya que el turno de palabras llegaba a su fin. Estuve a punto de levantar la mano y preguntar que cúanto tiempo tardó en confeccionar y pensar la primera hoja del libro. Ya saben, en las universidades se dan clases de literatura con este tema. Una pregunta sencilla y directa. Pero la encargada de guiar el interrogatorio cerró la posibilidad y ahí me quedé con las ganas. Luego, al conlcuir todo, me marché del teatro y mientras mis pies pisaban las baldosas mi cerebro recordaba lo acontecido. Qué suerte la suya de cruzarse en el camino con alguien capaz de espetarle que «La noche queda para quien es». Julio Llamazares me pareció un ejemplo a seguir como profesional y persona. Si yo fuera el autor de ese libro, posiblemente no tendría los pies sobre baldosas.

lunes, 23 de abril de 2012

301 velas

Llevo unas semanas pensando en cómo dedicarme esto. Cómo poner una especie de punto seguido a una frase importante. Tal vez debería comenzar estas líneas hablando de mi orgullo. Él fue quien me dio el empujón para que una corriente de fuerza y ánimo me bañara las falanges (qué palabra tan de derechas; da igual si se cuenta desde el metacarpo o metatarso) y poder así completar, tras cinco años irregulares de escritura una media de sesenta textos por año, dato que dice a las claras lo poco que me involucré en los dos primeros en los que solo hice uno y uno; una broma vamos. Corría el año 2009 y un chispazo en el cerebro, tras muchos raciocinios de cruda realidad y duro paro, me alumbró la senda a seguir: no parar de escribir, guardando las formas y siendo acertado en lo que estaba por escribirse hasta que me cansara o se fundieran los códigos binarios entre teclado y CPU. Tras alguna que otra falta con tarjeta roja y más de un buen acierto me planté en 2010 con doscientos doce textos, algo que bueno para no hacer nada, no está mal. Esto puede venir a decir lo que para la Grecia Clásica significaba estar sentado. No está mal porque no estás tumbado sin hacer nada pero tampoco es tan productivo y laborioso como estar de pie. Eso decía el prólogo de La República.
Así me tomo otras doce uvas y entra 2011. Aquí, otro de mis altibajos me permite (que suerte la mía el dar todavía con estas conexiones), o me deja escribir, cincuenta y un escritos con bastante más trabajo del que mostré el año anterior, pero con más dedicación y amor propio que cuando sólo escribí dos textos. Aunque lo del amor propio… sepan que esta flor echada es exclusivamente porque cumplo trescientas entradas que si no. Es más si rebuscan verán que no hay otro texto igual.
Esto solo son datos, que pueden o no reflejar algo. Lo que si es sólido son las casi 20.000 visitas que he obtenido a lo largo de este periodo de tiempo, donde lo único que perseguían mis dedos y mis sueños eran escapar de la mediocridad… de la literaria… de la vital. Siempre he pretendido destacar en algo. Eso sí, sin hacer mucho ruido, por eso decía lo de la flor y lo del cumpleaños. De mucha relatividad.
En cuanto a mis seis seguidores no les tengo que decir nada. Sé que algunos han caído presos bajo la red de gmail y no pueden desligarse de la vinculación con el blog. Lo sé porque a mí me ha pasado lo mismo para con otros. En cuanto a los que estuvieron y todavía quieren estar les prometo más de lo mismo en grandes dosis, en las que me deje el tiempo diversificado en escuetos días de veinticuatro horas, nada más.
Y saludar cómo no a mis dos principales seguidoras a Cris por corregirme los errores que me ciegan bajo su minucioso tacto, Chus que me lee incondicionalmente sea bueno o menos bueno lo que pase por sus ojos y por lo que calan sus mensajes, a Florín por lo atinado de sus comentarios, a Nines porque también como todos los nombrados deja huella y a Rubén por haberme prestado su ágil sabiduría con las computadoras para levantar esta pequeña, diminuta, joya que es para mi El Golemjull. A todos vosotros que sois el epicentro de esto. Un abrazo muy fuerte y mucha suerte allí donde estáis.

miércoles, 18 de abril de 2012

El final

Todas las tardes después de la siesta Aurelio baja a la calle y se sienta en el banco de piedra que hay enfrente de su casa, aunque lo que busca es sentarse en otro. En esas horas ya le ha dado tiempo de fregar su platito de cristal y el vaso, además de prepararse algo de comer para el día siguiente. Una manía obligada que le venía de muy lejos, porque no tenía tampoco nada que hacer por las mañanas.
Aquella tarde, el banco, su banco, está plagado de niños con las madres. En aquel parque junto a la iglesia del pueblo, alejado de casi todo no se explica qué hacía tanto número de críos ahí sentado, de pronto junto a él. Por un momento, se ve tentado de apartarlos levemente con su bastón, pero Aurelio decide, no sin pensarlo varias veces, cambiarse de banco e irse a los que colindan con el quiosco y la carretera. Algo que no había hecho… nunca.
Desde esa posición la torre eclesiástica se ve ligeramente desde otra perspectiva más lejana pero igual de omnipresente. Ella seguiría ahí cuando él se fuera.
Entonces, cuando le esta asaltando una especie de honda melancolía, Arturo sale de su quiosco para entregarle como siempre el periódico del día anterior.
­­—¿Cómo estás Aurelio?
—Aquí sentado, que me he tenido que cambiar de sitio por unos críos.
—No pasa nada hombre, que todos los bancos son iguales.
—Ya pero ese me gusta especialmente. Sabes que prefiero el de madera que te comento a los de piedra.
—Bueno, hombre, bueno. En tu periódico no pone nada interesante, tan solo lo de Don Juan Carlos —dice Arturo rascándose la nuca.
—En realidad he salido de casa por eso solo. Por ver qué dicen de él, o qué han dicho, porque ya es pasado.
—¿Por qué no compras la prensa diariamente?
—Porque me la regalas tú en el modo que lo hacemos ahora y porque por las tardes, que es cuando me gusta salir, las noticias impresas ya son pasadas casi. Viene a significar lo mismo que comprarse un periódico por la noche.
—Pss, será.
Y luego Aurelio se va a su mundo de El Mundo y llega a la conclusión leyendo las noticias y el editorial que hasta ser Rey va a ser difícil ya. Porque una buena parte de la opinión pública está en su contra. ¿Y qué era eso para alguien con inmunidad?
Sea como fuere se devora en un santiamén el periódico en el orden que le gustaba. Siempre con las mismas costumbres, siempre lo mismo, se repite para el cuello de su camisa, algo descolorida de tanto lavarla, durante demasiado tiempo quizá.
Así que se marcha y cuando ve que ya no hay nadie en su banco, se sienta un poco. Las vecinas lo llaman “el viejo Kant” porque siempre pasaba por los mismos sitios a la misma hora. A las seis menos veinte si miras al parque allí lo tienes y a menos cuarto, y a menos diez y si supieran todo lo que les queda por observarle, porque en ese banco murió su mujer hace ya diez años y porque, en esta ocasión, el olvido, al menos el suyo, no haría de entierro. Y donde lo único que va a hacer es ir todas las tardes a su sitio funesto y tan hogareño. Cuatro tablones de madera, tornillos y los soportes en hierro. Por las tardes no quiere nada más. Solo sentarse ahí y esperar el momento. Aunque si ese final se produce en el mismo sitio que su esposa, comprometería a Arturo que solía mirarlo desde su quiosco. Le imagina socorriéndole cruzando la calle y por eso preferiría marcharse en otro lugar, tal vez en la mañana de su solitaria casa, aunque como eso no se elige si ha de ser de un modo natural. En aquel salón con un brasero inoperativo hasta que regresara el frío tampoco era mal sitio. La única diferencia que hay entre ella y él es que tuvo una esquela. Y ahora nadie recodará a Aurelio. Tampoco un simple y estúpido recordatorio te asegura más gloria una vez que ya no se está, pero era un buen cierre. Pensó en lo mal que se siente ya en su casa y preferiría no ir más. Esto lo piensa cada día cuando le toca regresar. Siempre el mismo procedimiento, levantarse y mirar el respaldo. Se había convertido en una manía. Arturo se lo tiene dicho, pero no hay manera de abandonar el hábito del frío y amargo recuerdo.
Así, se aleja de aquel sacro lugar para esconderse, momentáneamente, en su casa. Mañana volvería con la escusa de leer la prensa caduca y engañarse, un poco más, a sí mismo.

viernes, 13 de abril de 2012

Home

Como muy bien narra Salma Hayek en Home la situación por la que transcurrimos no es la más idónea desde que estamos aquí los seres humanos. Lamentablemente esto es debido, en parte, a que las primeras potencias mundiales no firman una reducción de gases invernadero con la puesta en marcha del protocolo de Kioto. No solo Estados Unidos y China lo están incumpliendo, sino que además no fomentan un buen ejemplo ni un clima cooperativo para con la ayuda medioambiental. Otros puntos a tratar son que la mitad de los países pobres son ricos en recursos. Esto quiere decir que podrían desarrollar algunas herramientas para salir del “pozo” en el que están metidos. Aquí no estaría de más hablar de lo que se suele llamar “brecha digital”; donde los países ricos tienen cada vez más recursos informáticos y los pobres menos. También habría que hacer mención a los datos que se pueden ver en Home como el hecho de que el 20% de los hombres consuma más del 80% de los recursos. Esto quiere decir que con poca cantidad de personas se gastan demasiadas materias primas terrestres en la consecución de cualquier fin. Lo que resulta altamente vergonzoso es la cuestión de que los gastos militares sean doce veces más altos que los del desarrollo. Mucha culpa de ello tiene Estados Unidos que ha ido contagiando al resto de potencias mundiales su sistema militar. Sigue habiendo en el panorama internacional un gran miedo frente a los ataques beligerantes. Me refiero al caso actual de Corea del Norte con los misiles de Pyongyang. Las potencias mundiales entran en conflictos absurdos desatendiendo a los realmente necesitados. Esta inoperancia se demuestra en que cinco mil personas mueren al día por la ingesta de agua no potable. Algo se debe estar haciendo de un modo incorrecto para que un bien tan necesario y que esté en la naturaleza no llegue a todos las personas. Nada de esto tendrá su lógica si seguimos con el dato de que el 40% de las tierras cultivables están degradadas. Sin selvas no habrá oxígeno y el agua se compone, en suma medida, de ello. Lo peor que estamos haciendo es, quizá, permitir que la banquisa se reduzca un 40%. Home cumple con creces la idea de transmitir todos estos mensajes sin caer en el alarmismo porque sabe que entre otros hechos el tiempo se nos está echando encima. Lo consigue con unas imágenes muy claras y objetivas, con una buena banda sonora y una narradora eficaz.

domingo, 1 de abril de 2012

Elling

La obra de teatro Elling sorprende al espectador desde la primera frase de Carmelo Gómez (Elling) y durante toda la representación. Esto no significa que sea buena o mala pero tal vez no es lo que el público se puede esperar a primera vista e impresión. De la obra impacta todo; desde las actuaciones, hasta lo que intentan trasmitir. El papel de Kjell Bjarne, caracterizado por un camaleónico Javier Gutiérrez, está algo sorbreactuado. Y es que si hay algo complicado de interpretar debe ser la locura y aquí se exceden desde la idea base porque, como en otras muchas oportunidades, se sigue el camino de la mitificación más que de lo real. El director Andrés Lima ha pecado, tal vez, de pretencioso y ha conseguido que por ejemplo el público no sepa si el personaje de Alfons, es o no invención de Elling, ya que hay otros que sí lo son como la madre del protagonista principal que ya muerta se le aparece a modo de alucinación. Tampoco se entiende si al final la madre del personaje principal era buena o mala por un par de comentarios negativos que se dejan traslucir en la obra en boca del personaje caracterizado por Carmelo Gómez. Quizá por ese motivo Elling sienta esos problemas tras su muerte, pero no se acaba de entender completamente. La escenografía corre a cargo de Beatriz San Juan y Almudena Bautista. Las dos son sumamente eficientes con el hecho de recrear unas habitaciones con dos simples camas estrechas, como en la de los antiguos hospitales psiquiátricos, dos sillas pequeñas de madera y una mesita de noche también del mismo material. Con ello escenifican todos los decorados que podrían combinarse y que son al menos cuatro. Sin embargo, lo que más surte efecto en la narración es la iluminación que recrea las llamadas por teléfono y algunos estados anímicos más efectivos con una simple luz que las propias interpretaciones. Secundariamente, hay otra línea de interpretación y es todo lo que van arrojando o deshaciéndose los protagonistas. Así hay restos de pizza por el escenario, perritos calientes, agua, ropa, etc. Un desorden visual muy estético para comprender como es su interior. Completan la función la actriz Rebeca Montero haciendo de embarazada y novia de Kjell, que está correcta en sus apariciones, Chema Adeva haciendo un doble papel, primero el de psicólogo Fran y luego el del poeta solitario y por último el pianista que, en muchas circunstancias y como lo refería algún actor, tocaba de más Mikhail Stuydenov, aunque eso no le quitaba mérito al músico, a pesar de que estaba escrito que fuera así. El punto más álgido y en clave de humor es el desnudo de los protagonistas para intercambiarse la ropa interior porque Kjell va a perder, por fin, la virginidad y cuando este lo está consumando se ayuda de la mano del público para sostenerse y amplificar el énfasis de la escena. En general, una obra entretenida. Quizá peque por su duración y en la recreación de la locura agravándola y yéndose al extremo de las circunstancias, pero seguro que no suele dejar indiferente a nadie tras haberla visto.

viernes, 23 de marzo de 2012

Capítulo 2

Ya le hubiera gustado a César que durante su descuido mental, su olvido, hubiera habido esa figura teatral que aparecía en el largometraje de Shakespeare enamorado para que le hubiera ayudado sobre el escenario. Era un compañero de actuación cuya función consistía en recordar a los demás intérpretes el fragmento del texto necesitado. Esta figura, ya desaparecida casi por completo, se ocultaba en un hueco central delante del escenario cerca del proscenio, sin ser el foso, a un nivel inferior que los demás actores de la representación. El público permanecía expectante. La obra estaba diseñada para que todas las intervenciones, si no la mayoría estuvieran precedidas de un buen nivel de entusiasmo. De todo aquello tenía la culpa el guion como siempre en los grandes carteles del mundo del teatro y de cualquier mensaje que quiera ser transmitido a un receptor sobre cualquier medio. Carolina vio que ya debía de haber empezado a hablar con su personaje parlanchín y tontorrón, así que ni corta ni perezosa se acercó a él y le susurró al oído un par de líneas. Dicha acción fue llevada a cabo de una forma tan natural y delicada que arrancó una oleada de aplausos al público sentado plácidamente en la grada con la única preocupación de que la actuación les gustase. Cómo le había costado retener aquel texto en la memoria. Para que ahora bajo la luz de un cañón, a modo de declaración, se le nublara el pensamiento, pero no la razón. Sabía que estaba soportando una gran cantidad de estrés: si no vales para esto, puerta; le diría la empresa que organizaba todo el musical. Bailar seria fácil. La coreografía la tenía muy ensayada pero primero tenía que salir de aquel lío. No sabía cómo relajarse. Ese era su problema. Desde el estreno, aquel famoso día por entonces cuando sintió que formaba parte de una empresa por los beneficios, no había sabido cómo detenerlos. Y ya le devoraban por las noches horas antes, incluso, de irse a dormir, le estaban dando dentelladas por la espalda a modo de herpes, pero como había dicho antes ya vería cómo resolvería hoy la tarea del baile. Mientras empezó a recodar y a repetirse las frases que segundos antes le había dicho Carolina al oído para que solo él las oyera y las utilizara de pabilo para que todo el texto que vendría detrás cobrara forma a través de sus cuerdas vocales y la lengua. Al rato César se repuso ayudado, en gran parte, por la adrenalina del momento, la misma que le había jugado la mala pasada. Su actuación ya tomaba cuerpo para más tarde dar unos pasos de claqué con mayor o menor brío. Y entonces le sobrevino un ataque de ego en uno de esos momentos donde su personaje estaba detrás de una pared escuchando el diálogo de quien en ese momento le tocaba hacer de protagonista, para recordar como entrenó sus otras “facetas”. Un móvil desde la grada aconteció con su inevitable ruido molesto. Los actores seguían recitando su texto. Estaban, quizá, más concentrados que él o mejor preparados, quién sabe. Pero él no se iba a rendir tan fácilmente. Iba a estar presente en esa función hasta que colgaran el cartel de fin de representación. Con el orgullo intacto. La voluntad no se extrae de ningún folio. Por eso salió de la mendicidad. En realidad nunca dejó de trabajar pero hacía horas extra de un modo “peculiar”, en primer lugar dejó de ducharse durante un mes y lo mejor fue que nadie en la oficina tuvo el suficiente valor como para decírselo. Al decir dejar de ducharse es dejar de asearse completamente sin tocar una esponja o un jabón ni ningún cortaúñas, luego la barba le creció de un modo inapropiado para el empleo que llevaba, pero sólo el jefe le recomendó afeitarse… él fingió no oírlo. Más tarde cuando ya llevaba ese tiempo alejado de un aseo civilizado, comenzó a dormir en un cajero automático y más de una noche le tocó abandonarlo, porque la policía no lo permite, o mejor dicho los dueños de los bancos les pagan para no dejar que los indigentes descansen ahí. En esas, César, el César dormía, o lo intentaba, a ras de suelo en un cajero del BBVA en una de las calles concéntricas de Madrid, pero no muy transitada y no muy lejos de Fuencarral. El problema de elegir dormir en un sitio así es que otros mendigos que ya llevaban tiempo ahí le reclamaban su sitio, pero inexplicablemente había huecos viables entre la policía y los propios anacoretas en los que le dejaban descansar más o menos en paz. Si no estaba claro, siempre habría bancos o esquinas donde mal dormir y mal vivir. Ahora con el buen tiempo, era una labor llevadera dentro de lo que significa mal dormir para luego volver a la oficina y cambiarse a la ropa limpia, eso sí. Esto lo llevaba rigurosamente a cabo para controlar que tipo de personas abrían la sucursal. Uno se sorprendería de la cantidad de información secreta que se puede decir en las proximidades de un sin techo. Porque se ha adoptado ya esa costumbre. Al igual que frente a un vecino, un profesor o un compañero de trabajo. Personas que lamentablemente están en más alta estima que un pobre y vulgar mendigo, al que por mucho que oiga no va a transmitir nada porque salvo su círculo dañino no va a poder contarlo a nadie, pero esta vez no iba a ser como las otras. En esta ocasión, a los pies de una encargada y el jefe del banco estaba un ladrón de identidades y manipulador nato. Dispuesto a escucharlo todo: cierre, apertura, alguna cantidad si la suministraban... lo que le diera tiempo antes de que descubrieran su visibilidad y avisaran a alguien para que lo sacaran de allí por dar mala imagen al banco. Seria una mancha peligrosa, pero bajo los harapos teatrales y las mantas se ocultaba un gran maquiavélico, una auténtica y verdadera amenaza.

lunes, 19 de marzo de 2012

El espantapájaros

La luna resplandecía en el cielo rojizo de Madrid. Era uno de esos momentos de la noche, que no se solía dar demasiado, donde se encontraba enorme allá arriba. Un grandioso queso repleto de luz que hacía recordar, de vez en cuando, a los seres humanos, lo diminutos y e insignificantes que eran no por lo evidente del tamaño y las distancias siderales; si no por el hecho de no comprenderlos jamás, por mucha ciencia que hubiera. Un céfiro cálido y suave esparcía con levedad las hojas de los parques y las aceras. En cambio, las pocas que quedaban ya en las hayas y olmos permanecían aferradas a ellos con su último halito de vida otoñal. Mientras tanto, en lontananza, en un campo de Coslada se apreciaba una extraña silueta en cruz, era un espantapájaros que se mecía sin esfuerzo sobre la construcción en madera que lo sujetaba por su parte posterior. Ya apenas había de ellos, pero este, en concreto, se encontraba casi al borde de su extinción también, al estar deshilachado y desecho, pero aún estaba en pie con un sombrero de paja bien encalado a dos metros del suelo y al alcance de unos pocos que tuvieran escalera. La función era archiconocida, espantar a los mirlos, urracas y demás aves hambrientas, pero la inmovilidad era su mayor inconveniente. Aunque más de un vecino de esas tierras, le había parecido que el espantapájaros se movía. Dicha apreciación había sido afirmada en un atisbo de reojo, por lo que no se podía contrastar fehacientemente además de lo ridículo que contenía el tema. Lo que si fue demostrable, y su dueño podía dejar constancia de ello fue un día que estaba agotado de trabajar el campo cuando se sentó a recuperar el aliento, arrojando a un lado la azada. A los cinco minutos de estar sentado contemplando el cielo y los pájaros de Barajas una cigüeña se posó de repente en la cruz del muñeco “aterrador” y cuando el propio animal comprobó que el crucificado inanimado no se movía comenzó a arrancarle paja entre la camisa desabrochada. Le pareció curioso que de su herramienta humanoide saliera materia para hacer nidos. Al fin y al cabo estaba hecho de paja: de los frutos de la tierra a los frutos de la cigüeña. El hombre inmiscuido en el ciclo vital. Cuando ya se hartó de coger alzó el vuelo ante la mirada tranquila del agricultor. Pero no reparó demasiado en que su pequeña obra de arte sirviera para otros usos cuando, en verdad, lo mejor hubiera sido tal vez juntar cuatro palos con una soga y un par de trapos y listo. La camiseta de cuadros rojos y negros era de su dueño, un apuesto hombre de campo, de los que valdrían para realizar el próximo anuncio de Marlboro. Y al no saber cómo vestirlo le colocó ese atuendo. La bruma penetraba a través de su destartalado cuerpo. El enigma era cómo se mantenía todavía en la encrucijada. Parecía como si fuera a seguir enhiesto de por vida. El hombre anuncio no quería descolgarlo de su cruz pero sería ahora o nunca; en mitad de la noche. No lo quería para la siguiente temporada de cultivo. Así que cogió una escalera de cuatro peldaños y se dispuso a descolgar y tirar al viejo muñeco. No sin antes subirse hasta su misma altura y contemplarlo bien de cerca. Las estaciones le habían mermado como el frío a las aves de El Retiro, obligándolas a migrar. Ahora el humano le iba a provocar una migración definitiva: el cubo de la basura. Y ese hubiera sido su destino cuando el agricultor guapo, desabrochó su camisa aunque ya era del espantapájaros para ver lo que había allí dentro. Por alguna razón vio verdor, aunque a esas horas lo identificó como un gris oscuro, en lo que podía ser un estómago humano. Al parecer, allí habían encontrado algunas plantas el refugio y el calor idóneos. Aunque lo inexplicable era la ausencia de luz durante las horas de sol. El muñeco se había convertido sin pretenderlo en un tiesto; donde el maíz había enraizado con delicadeza. Así que decidió dejarlo ahí por la curiosidad de ver qué podía crecer de aquello de ese nudo de plantas que maduraba entre la paja seca de su cuerpo. El agricultor se había dejado llevar por las apariencias. El espantapájaros le recordó que llevaba toda la vida fijándose nada más que en lo de fuera y eso tenía un precio… la soledad del campo. Y el hombre anuncio dejó escapar una bocanada de aire entre los labios tan contagiosa como un suspiro.

viernes, 16 de marzo de 2012

Cuatro estrofas de versos desencantados y desencadenados

El nombre propio que aparece pertenece al Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Una falla encendida antes de tiempo,

palma de una mano estrechando la nada;

padres ahogados por culpa del remo;

pirómanos de Ourense a Zarzaquemada.


Un colibrí desafiando la gravedad.

Cuerpos que gritan verdades sin lengua.

Madrid comercia con el menor de edad,

si cesa a Arturo Canalda, no hay tregua.


Y entretanto las acciones policiales,

You Tube es una televisión parcial,

la resistencia aúna tratos “especiales”.

Las fresas de hoy ya no saben a na´.


Poemarios dentro de una lata oxidada,

sentimientos que se pierden en la mar,

mensajes húmedos de marejada

quien los encuentre que los vuelva a dejar.

Curso redactor-corrector

Al final he de decir, que mi texto fue uno de los más comentados y los que más juego dio. Supongo que para ser francos, fue de los que peor estaban... aunque al propio autor no se lo pareciera. Asi era:

Guapo, inteligente, con pinta de americano de clase alta y de tenista dominguero. Corría el año 2006 cuando Paul Newman, el eterno hombre de ojos bonitos, dejó su última aportación al cine, esta vez de animación, con Cars, y, anteriormente, cuatro años antes de aquel doblaje se metió en la piel de un gánster en el largometraje de Sam Mendes Camino a la perdición, cosechando numerosas críticas positivas por el papel que le permitío compartir plano con Tom Hanks, otro grande. Lo que más caracterizó a Newman fue el hecho de ser un “eterno rebelde” y anárquico en medio de una generación que abogaba por el “No a la guerra de Vietnam” y años más tarde sufriendo por la crisis del petróleo. Además, y según numerosas fuentes como Editorial Lumen, diario El Mundo, El País y periódicos norteamericanos era un gran actor y prueba de ello fueron sus dos Óscar: uno por El color del dinero y otro logrado en la mención de honor. Aún así no tuvo buenos comienzos en la industría cinematrográfica. Su debut en El Cáliz de plata en 1954 le hizo cosechar malos resultados. Pero ahí quedó latente su fuerte carácter utilizando a la prensa para difundir el mensaje de perdón por haber interpretado un papel tan malo, invitaba al público a no ir a la sala de cine, y pedía una nueva oportunidad para demostrar su valía como actor. Parecía como si la industria pasara por alto el buen fondo que tenía ese joven atractivo, de ojos azules, los cuales le llegaron a generar más de una situación incómoda con los admiradores que siempre querían que se descubriera las gafas para vérselos más claramente. Incluso llegó a declarar que: “No hay cosa —se quejaba Paul Newman— que te haga sentir más como un objeto, es igual que si uno se acerca a una mujer y le dice: Desabróchese la blusa que quiero mirarle las tetas”. Mientras tanto, poco a poco, Newman se fue abriendo paso con películas como Marcado por el odio, de 1956 o Mujeres culpables ambas del mismo director, Robert Wise. Mientras tanto la fama del actor americano seguía en aumento y no hay que olvidar que provenía del Actor studios. Una academia donde se trabaja el Método, a partir de la teorización de Konstantin Stanislasvki, es decir, que la persona intérprete sienta las mismas emociones que el papel a caracterizar. Entre otros compañeros de escuela se encuentran: Dustin Hoffman, Gene Hackman, Robert de Niro y el propio Al Pacino. Sus borracheras fueron muy conocidas en algunos platós en los que intervino. Sobre todo cuando salía con los compañeros de reparto de El Castañazo. Más tarde, su fuerte personalidad le llegó a empujar a realizar declaraciones un tanto salidas de tono cuando interpretaba Ausencia de malicia en el que llegó a exponer: “La película era un ataque directo contra el New York Post y yo me sentía encantado con un papel que arremetía contra el periodismo poco ético. Me habría gustado demandar al Post, pero resulta muy complicado llevarlo a un cubo de basura ante los tribunales” para poco más tarde añadir “Alguien debería inventarse algo insultante de verdad, como que Rupert Murdoch no sabe hablar y necesita un diccionario o que lo detuvieron de joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”. En 1968 expresó públicamente ser un demócrata, por lo que el contexto social y político no pasaba inadvertido para Newman en una época tan comprometida y delicada. De hecho muchos actores en la actualidad han copiado ese modelo político-protesta. Voces como las de Sean Penn, George Clooney o el propio Tim Robbins, recogen esas ansias de ir contra las voces dominantes republicanas, como Newman. Sobre todo cuando no estaba Obama, quizá. También es conocida su afición por los coches tras rodar 500 millas o 24 horas en Le Mans A partir de ahí: quedó segundo en unas carreras en LeMans con cincuenta y cuatro años, creó su propia escudería y construyó él mismo un circuito, participó en un buen puñado de carreras de la mano del equipo Bob Sharp Racing en las que ganó varios campeonatos con sus victorias y presenció premios de Fórmula 1 como el de Montecarlo junto a Grace Kelly. Este rasgo ha sido muy seguido, sin saber cuál fue el pionero en el hecho de ser emprendedor y de montar varios negocios, como son los coches, en este caso. Menos conocidas, sin embargo, fueron sus aficiones a otros deportes extremos o al salto de trampolín, su afán por las bromas durante los rodajes, rasgo característico de todo peso pesado de Hollywood y su preocupación por su estado físico que le llevaba a correr, nadar y montar en bici cuando vivía en casa junto a Joanne Woodward, su mujer. La tragedia también le llegó a su vida cuando su hijo, Scott, murió de sobredosis en 1978. Pero el intérprete logró sobreponerse al percance y siguió adelante con su carrera de actor, productor y director estadounidense. Este hecho sirvió para ser tenido más en cuenta por los otros compañeros de profesión que veían como después de los infortunios se puede seguir adelante. Algunas de sus películas como director o guionista fueron Rachel, Rachel, Casta invencible, La caja oscura o Harry e hijo. Donde se solía recurrir a su mujer para que hiciera el principal papel protagonista. Aunque, bien es cierto, que la frecuencia de trabajo de Paul Newman disminuyó notablemente, por lo sucedido anteriormente con su hijo y porque apenas le ofrecían ya buenos papeles. Hasta que llegó Al caer el sol. Y así vino septiembre de 2008. Atrás quedó la memorable escena de La leyenda del indomable donde su protagonista ingería cincuenta huevos duros en una hora. A estas horas su legado visual permanece todavía ileso siendo ya eterno.


Y luego así quedó:

Guapo, inteligente, con pinta de americano de clase alta y de tenista dominguero. Corría el año 2006 cuando Paul Newman, el eterno hombre de ojos bonitos, dejó su última aportación al cine, esta vez de animación, con Cars, y cuatro años antes de aquel doblaje interpretó de un gánster en el largometraje de Sam Mendes Camino a la perdición, adquiriendo numerosas críticas positivas por el papel que le permitió compartir plano con Tom Hanks, otro grande. Lo que más caracterizó a Newman fue el hecho de ser un “eterno rebelde” y anárquico en medio de una generación que abogaba por el “No a la guerra de Vietnam” y años más tarde sufriría la crisis del petróleo. Además, y según numerosas fuentes como Editorial Lumen, El Mundo, El País y periódicos norteamericanos era un gran actor y prueba de ello fueron sus dos Óscar: uno por El color del dinero y otro logrado en la mención de honor, Óscar honorífico. Aún así no tuvo buenos comienzos en la industria cinematográfica. Su debut en El cáliz de plata en 1954 le hizo cosechar malos resultados. Pero ahí quedó latente su fuerte carácter cuando utilizó a la prensa para pedir perdón por haber interpretado un papel tan malo, invitaba al público a no ir a la sala de cine, y pedía una nueva oportunidad para demostrar su valía como actor. Parecía como si la industria pasara por alto el buen fondo que tenía ese joven atractivo, de ojos azules, los cuales le llegaron a generar más de una situación incómoda con lass admiradoras que siempre querían que se quitara las gafas para vérselos más claramente. Incluso llegó a declarar : “No hay cosa — que te haga sentir más como un objeto, es igual que si uno se acerca a una mujer y le dice: ‘Desabróchese la blusa que quiero mirarle las pechos tetas’”., Poco a poco, Newman se fue abriendo paso con películas como Marcado por el odio, de 1956 o Mujeres culpables ambas del mismo director, Robert Wise. La fama del actor americano seguía en aumento y no hay que olvidar que provenía del Actor´s studio,. una academia donde se trabaja el m “étodo”, a partir de la teorización de Konstantin Stanislasvki, es decir, que la persona intérprete sienta las mismas emociones que el papel a caracterizar. Entre otros compañeros de escuela se encuentran Dustin Hoffman, Gene Hackman, Robert de Niro y Al Pacino. Sus borracheras fueron muy conocidas en algunos platós en los que intervino, sobre todo cuando salía con los compañeros de reparto de El castañazo. Más tarde, su fuerte personalidad le llevó a realizar declaraciones un tanto salidas de tono. Cuando interpretaba Ausencia de malicia llegó a exponer: “La película era un ataque directo contra el New York Post y yo me sentía encantado con un papel que arremetía contra el periodismo poco ético. Me habría gustado demandar al Post, pero resulta muy complicado llevarlo a un cubo de basura ante los tribunales” para poco más tarde: añadir “Alguien debería inventarse algo insultante de verdad, como que Rupert Murdoch no sabe hablar y necesita un diccionario o que lo detuvieron de joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”. En 1968 expresó públicamente ser seguidor del partido demócrata, por lo que el contexto social y político no pasaba inadvertido para Newman en una época tan comprometida y delicada. De hecho muchos actores en la actualidad han copiado ese modelo “político-protesta”. Voces como las de Sean Penn, George Clooney o Tim Robbins, recogen esas ansias de ir contra las voces dominantes republicanas, como hizo Newman. Sobre todo cuando no estaba Barack Obama. También es conocida su afición por los coches tras rodar 500 millas o 24 horas en Le Mans. A partir de ahí,quedó segundo en unas carreras en Le Mans con cincuenta y cuatro años, creó su propia escudería y construyó él mismo un circuito, participó en un buen puñado de carreras de la mano del equipo Bob Sharp Racing en las que ganó varios campeonatos y presenció premios de Fórmula 1 como el de Montecarlo junto a Grace Kelly. Este rasgo ha sido muy seguido, sin saber quíen fue el pionero en ser emprendedor y montar negocios, como los coches, en este caso. Menos conocidas, sin embargo, fueron sus aficiones a otros deportes extremos o al salto de trampolín, su afán por las bromas durante los rodajes, rasgo característico de todo peso pesado de Hollywood y su preocupación por su estado físico que le llevaba a correr, nadar y montar en bici cuando vivía junto a Joanne Woodward, su mujer. La tragedia también llegó a su vida cuando su hijo, Scott, murió de sobredosis en 1978. Pero el intérprete logró sobreponerse al percance y siguió adelante con su carrera de actor, productor y director estadounidense. Este hecho sirvió para ser tenido más en cuenta por otros compañeros de profesión que veían como después de los infortunios se puede seguir adelante. Algunas de sus películas como director o guionista fueron Rachel, Rachel, Casta invencible, La caja oscura o Harry e hijo, donde solía recurrir a su mujer para que hiciera el papel protagonista. Aunque, bien es cierto, que la frecuencia de trabajo de Paul Newman disminuyó notablemente, por lo sucedido con su hijo y porque apenas le ofrecían ya buenos papeles. Hasta que llegó Al caer el sol. Y así vino septiembre de 2008. Fecha de su muerte. Atrás quedó la memorable escena de La leyenda del indomable donde su protagonista ingería cincuenta huevos duros en una hora. A estas horas su legado visual permanece vivo y eterno.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Letras propias

Paul Auster, el mismo, afirmaba que la escritura era una enfermedad. Y es que uno de repente esta viendo la televisión y siente la necesidad imperiosa de encender el ordenador y liarse con ello, un rato o durante varios días y quizá, si la enfermedad es crónica dure meses o años; sé bien lo que digo. He dicho computadora y no papel y lápiz porque ya me he acostumbrado a desarrollar aquí, o así, lo que se desliza por el ideario. Conozco lo que estoy buscando… los puentes. Los mecanismos que transformen aquello que escribo en algo comprensible por un lector medio o cualquier tipo de leedor. Pero para ello no voy a jugarme el verbo ni arriesgar el adjetivo; tampoco me voy a rasgar los sustantivos ni a complicarme más de lo que ya lo hago. Entiendo que aquellos lectores desconocidos deben dar un paso adelante, como la serie, e intentar descifrar e ir más allá. Además siempre será más difícil escribir que leer, así que el escritor debe tener el amparo o el beneficio de la duda para imaginar lo que ha querido decir en determinado párrafo. A veces, es todo más simple de lo que pensamos y no hay que adquirir un punto de vista metalingüístico y académico: el mensaje es el que es. Un poco como la teoría de «lo que hay es lo que se ve». Luego está el hecho de que sólo se comunica con palabras y eso, siendo franco es el 5% de la comunicación humana, aproximadamente. Un claro ejemplo de lo referido es el actor de moda por The Artist Jean Dujardin, que ha conseguido, suponiendo que los premios sean premios, comunicar y trasmitir sentimientos e ideas sin la necesidad del habla. Y con los largometrajes hablados sucede lo mismo: importa y mucho, la frente, los ojos, la nariz, los hombros, los codos, las manos, etc. Las palabras, como se suele afirmar, son volátiles. Así, ¿En dónde queda quien pretenda seguir escribiendo aún sabiendo todo esto y dándose cuenta de que la piratería también se ha instaurado en el mundo editorial? Espero que haya una leve línea que una todo esto. Unos hilillos sutiles e inexpertos, tal vez, para unir el conjunto y urdirlo, antes de ser digerido por el ansioso estómago del lector; que como diría una cita de cine de serie B, «No tiene piedad, lo devora todo». Que sea así por muchos años. Un factor que depende del otro… se retroalimentan.